lunes, 28 de septiembre de 2009

Todo Lo Puedo En Cristo Que Me Fortalece Filipenses 4:13

Filipenses ha sido llamada la epístola del gozo. La palabra gozo es la que más se repite en el libro. La comunidad de Filipos no era una comunidad pudiente, sin embargo ellos sacaban de lo poco que tenían para ayudar al Apóstol Pablo e impulsar su labor misionera. Si vamos al versículo 10, encontramos que Pablo les dice la alegría que le produjo la ofrenda recibida de parte de la Iglesia de Filipos, reconoce su deseo e interés y añade lo oportuno de la misma. Sin embargo, Pablo aclara (11), que él no ha tenido escasez. Como quien dice el hecho de que ustedes no hayan podido enviar la ofrenda no ha significado para mí pasar necesidad. Continua Pablo:

- He aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación.
- Se vivir humildemente.
- Se tener abundancia.
- En todo y por todo estoy enseñado.
- Para estar saciado.
- Para tener hambre.
- Para tener abundancia.
- Para padecer necesidad.

Lo que llama la atención es la actitud de Pablo ante las posibles situaciones de tipo económico que él pudiera experimentar en su vida. En otras palabras la economía no determina mi actitud hacia la vida, hacia el ministerio, hacia mis hermanos, hacia la Iglesia y dice:

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Pablo dice que Cristo lo fortalece para enfrentar los diferentes estados de la economía que el experimente en su vida. No pierdo el gozo ni el impulso ministerial por escasez, ni tampoco por la abundancia. Sigo siendo el mismo con el bolsillo vacio o lleno. Mi gozo y mi alegría provienen de Cristo, El es mi fuente.

“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús”.

¿Cuál es nuestra actitud?, ¿Desanimo y depresión cuando no hay? o ¿Altivez y orgullo cuando hay?. Que Cristo nos fortalezca para permanecer ecuánimes, fortalecidos y firmes en la fe sea cual sea la situación.

domingo, 27 de septiembre de 2009

La Capacitacion De Lideres Siervos Por Jorge Atiencia

Artículo tomado de la Revista Iglesia y Misión- www.kairos.org.ar

¿Qué tienen en común Santiago, con la FAO en Roma; Bienvenido, periodista en la República Dominicana; Luz Urania, al frente de una agencia de servicio social en Nicaragua; Josué, decano de un seminario teológico en Chile, y Adolfo y Sueli, esposos y padres brasileños por más de 25 años? Todos ellos comparten una común raíz histórica: fueron formados en su fe y vocación en el contexto de la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos (CIEE).

La historia de la CIEE en América Latina es la historia de la capacitación de líderes siervos a lo largo de los años. La pequeña muestra de ejemplos citados ilustra resumidamente lo que este movimiento evangélico universitario ha entendido por capacitación: la articulación, integración y vivencia de la fe cristiana en las distintas esferas de la existencia humana. En resumidas cuentas, la provisión de una cosmovisión que haga posible que se encarne en el mundo una presencia de servicio y transformación.

En la CIEE, la capacitación ha tenido dos expresiones muy marcadas: la formal, impartida en los cursos continentales y encuentros subregionales y nacionales, y la del camino, esa capacitación vivida en agendas personales y contextuales, por lo general en la compañía de un hermano mayor. La Comunidad ha sido sensible en cuidarse de no reducir su capacitación a un recetario. Se ha esmerado, eso sí, en facilitar el diseño de agendas de crecimiento y compromiso que señalen las rutas del Reino y los propósitos de Dios para la persona.

El capacitador siempre ha desempeñado un papel importante. Pioneros como Young, White, Siemens, Escobar, Padilla y Stewart sentaron las bases. En su tarea entretejieron la piedad, la sabiduría y la personalidad. Aquí se ubica el semillero de pensadores cristianos: la devoción por el estudio bíblico, la pasión evangelizadora, el cuidado pastoral. Sin lugar a dudas, ellos fueron los constructores de las bibliotecas de los movimientos locales y de los hogares.

La capacitación continuó con líderes formados por ellos, como Meche, Guti, Valdir, Humberto. Otros hermanos del exterior, como Felicity y los Voelkel, respetaron la herencia y dejaron su propia impronta: el discipulado de las bases, la vida devocional, la riqueza del Espíritu Santo y la oración.

En este momento la capacitación se nutre y surge a partir del concepto de equipo, que capitaliza diversidad de disciplinas, matices de fe, experiencias nacionales y subregionales. La obra ha crecido; en consecuencia, también han crecido los recursos y la experiencia.

Las constantes

La capacitación en la CIEE se podría sintetizar en tres momentos: los inicios, la expansión, la consolidación y el avance.

En cada uno de estos momentos la capacitación ha girado alrededor de ciertas constantes: el conocimiento y uso de la Escritura, ilustrado en cientos de guías de estudio bíblico; la vida devocional y el crecimiento personal (el tiempo a solas con el Señor es sagrado en la vida de cada militante); la universidad como campo de misión (se vive en células y jornadas de evangelización; el video «La Escuela de la Vida» capacita en esta dirección); el mundo como esfera de vida y transformación. Este último dato explica la presencia de Robinson en la política. La Iglesia como agente del Reino y espacio de pertenencia y servicio inspira a Pedro a asumir el pastorado de su congregación. La misión como comisión, que no sólo cruza fronteras geográficas, motiva a Charito a servir a las niñas de la calle.

Los inicios

Se ponían los cimientos, y esto primaba sobre lo programático y estructural. Por eso hasta hoy la Comunidad es más una forma de concebir y hacer misión que un programa sistematizado o una estructura sofisticada. Entre otros se destacaban los siguientes énfasis: la trascendencia, el estudio y el uso de la Escritura. Se capacitaba, entonces, en el manejo del método inductivo de estudio bíblico. La fe y la universidad condujeron a la utilización de la célula de estudio bíblico como órgano y espacio para compartir el Evangelio. El Reino de Dios, y la Iglesia como su agente, permitían entender la vocación humana y académica. En los inicios la capacitación estaba dedicada a formar líderes estudiantiles. Con nostalgia y gratitud se recuerdan los cursos continentales en Lima. Cristianismo básico, de John Stott, norteó en este momento.

La expansión

Las tiendas crecen. La capacitación en la Palabra subraya la importancia de responder al contexto con una intención apologética. Se instruye en el uso de herramientas para la misión: la célula adquiere un tono militante; se enseña cómo desarrollar semanas de misión y estructurar proyectos de servicio; el taller «Fe y Vida» canaliza la presencia de estudiantes en la Iglesia. Se incluyen nuevos aspectos de la formación: la pastoral personal y el ordenamiento del movimiento nacional. La capacitación se ocupa de formar líderes siervos para lo doméstico: obreros de campo y secretarios generales.

Cristianismo y marxismo y La chispa y la llama (Samuel Escobar), Misión integral (René Padilla) y los documentos de Lausana nutren esta etapa de expansión.

La consolidación y el avance

La familia madura, y a ello se vuelca la capacitación. La CIEE en América Latina incluye veinte movimientos nacionales, de distintos tamaños y en varias etapas de desarrollo, esforzándose por hacer misión en un contexto moderno y posmoderno. La capacitación cubre los siguientes rubros:

- cómo articular una cosmovisión cristiana;

- la Palabra entendida en el círculo hermenéutico;

- nuevas expresiones de espiritualidad: la meditación y el silencio;

- uso de herramientas ministeriales integradas a disciplinas como la educación de adultos, la comunicación, el trabajo social, la consejería;

- administración;

- diseño de proyectos y jornadas de evangelización;

- conceptualización e implementación de proyectos de servicio centrados en la universidad;

- conocimiento de las raíces históricas de la CIEE;

- desarrollo de estructuras con integridad y eficiencia.

La capacitación empieza a formar especialistas: evangelistas, hermeneutas, capacitadores. Se profundiza en el entendimiento y la comprensión del papel del secretario general y del presidente del Comité Administrativo. Los textos inspiracionales en este momento son los que ya había producido la misma familia: Visión 90, Manual de capacitación, Administración, Libres para servir, etc.

Cada movimiento nacional no sólo se ha estructurado a partir de esta capacitación sino que a su vez ha filtrado el contenido de sus respectivas capacitaciones.

El ministerio de capacitación de la CIEE precisa, en el poder del Espíritu Santo, encarar en el futuro ciertos desafíos:

- la articulación de la utopía bíblica;

- una hermenéutica para un mundo relativista;

- el cultivo de disciplinas espirituales y virtudes bíblicas;

- la formación de un liderazgo con integridad;

- acompañamiento a los miles de universitarios evangélicos que proliferan en las universidades;

- comprensión y vivencia de la lucha espiritual;

- discipulado de una obrería voluntaria;

- asesoría a los movimientos nacionales en su tarea de consolidar sus agendas de capacitación.

En cierto sentido, esta historia es la historia del Señor caminando con su pueblo, manifestándose Salvador y pertinente, discipulando y conduciendo a la madurez, corrigiendo y puliendo la obediencia de los suyos, asegurándose de que su corazón misionero no deje de palpitar en la universidad latinoamericana.

jueves, 24 de septiembre de 2009

Como Preparar Un Sermon Por John Stott


I. Escoge tu texto

A. Es mejor basarse en el estudio expositivo de los libros de la Biblia para ofrecer una dieta equilibrada a tus oyentes, porque eso asegura que van a recibir “todo el consejo de Dios”

B. Aún así, los siguientes pueden ser buenos momentos para sermones especiales:

1. Fechas señaladas del calendario: Navidad, Semana Santa, etc.

2. Acontecimientos de actualidad que están en la mente de la gente.

3. Necesidades especiales detectadas por el predicador o otras personas.

4. Verdades que han inspirado de forma especial al predicador.

C. Usa una libreta de notas para registrar ideas para sermones, ideas, preocupaciones, ilustraciones, etc. Regístralas inmediatamente allí donde te vengan a la mente, porque en general un poco más tarde las habrás olvidado.

II. Medita en el texto

A. Cuando sea posible, planifica los textos sobre los que predicar a varias semanas o meses vista. Esto nos permite “incubar” el sermón de forma inconsciente.

B. La “incubación” del sermón debe empezar al menos una semana antes de la predicación. Debe incluir lo siguiente:

1. Lee, relee, y vuelve a releer el texto.

2. Asegúrate de que entiendes su significado. Haz tu propio trabajo interpretativo. No uses comentarios hasta que no hayas formulado preguntas interpretativas específicas a las que no hayas podido dar respuesta, o hasta que hayas completado tu trabajo interpretativo.

3. Medita sobre cómo el texto se aplica a tus oyentes, a tu cultura, a ti mismo, etc.

4. Ora para que Dios ilumine el texto, especialmente su aplicación.

5. Anota pensamientos, ideas, etc.

6. Busca el entendimiento de otros a través de archivos de audio, hablando con otros predicadores, etc.

III. Aísla la idea principal

(Éste es el propósito de la sección II)

A. Tu sermón sólo puede cubrir un mensaje principal. Todos los detalles de tu sermón deben ser organizados de manera que ayuden a tus oyentes a captar el mensaje y sentir su poder.

B. Debes ser capaz de expresar la idea principal en una frase corta, clara y vívida.

IV. Organiza el material de manera que sirva a la idea principal.

A. Moldea y da forma a tu material. Descarta totalmente el material que no tenga relación con el tema principal del sermón. Subordina el resto del material al tema principal y úsalo para iluminarlo y reforzarlo.

B. La estructura de tu sermón debe adaptarse al texto, no imponerse de forma artificial. Rechaza una estructura que sea demasiado inteligente, prominente o compleja.

C. Decide en qué forma vas a predicar acerca de tu texto: argumentativa, por facetas, por categorías, por analogías, etc.

D. Escoge de forma cuidadosa palabras que sean precisas, simples, claras, vívidas y honestas. Escribe las secciones y frases clave para ayudarte a escoger las palabras adecuadas. Usa muy poco, o nunca, frases subordinadas.

E. Proporciona ilustraciones y ejemplos que expliquen y convenzan. Usa una gran variedad de ellos: figuras retóricas, imágenes, explica historias bíblicas en lenguaje contemporáneo, inventa parábolas actuales, cuenta hechos históricos y/o biográficos verdaderos, etc. Crea un archivo de todas ellas, especialmente si no te vienen a la mente con facilidad. Rechaza esas ilustraciones y ejemplos tan prominentes que distraigan de la idea principal del sermón. También debes renunciar a aplicarlas de forma inapropiada o usarlas demasiado.

V. Añade una introducción y una conclusión.

A. La introducción no debe ser muy elaborada, pero debe ser suficiente como para generar curiosidad, abrir el apetito e introducir el pensamiento central. Esto se puede hacer de varias formas: explicando el contexto del pasaje, una historia, un evento o tema actual, etc.

B. La conclusión no debe simplemente resumir el sermón –debe aplicarlo. Obviamente debes aplicarlo a lo largo del sermón, pero debes dejar algo para el final que prevalezca en tu audiencia y que la ayude a pasar a la acción. “Sin un llamado a la acción, no hay sermón”. Intenta llegar de la mente al corazón (i.e. a la voluntad). El objetivo del sermón debe ser “asaltar la ciudadela de la voluntad y capturarla para Jesús.” ¿Qué quieres que hagan? Puedes emplear varios métodos para conseguirlo:

1. Discute: avanza objeciones y respóndelas

2. Amonesta: avisa sobre las consecuencias de desobedecer

3. Convence indirectamente: despierta indignación moral y luego envíala hacia los oyentes (Natán con David)

4. Demanda: aplica la presión amable del amor de Dios, preocúpate por su bienestar y las necesidades de los demás.

5. Visualiza: pinta un cuadro de lo que es posible a través de la obediencia a Dios en esta área.

VI. Escribe el mensaje y ora a través de él.

A. Escribir tu sermón te obliga a pensar tanto como sea necesario y de forma clara. Saca a la luz las ideas innecesarias y nos ayuda a usarlas cada vez menos. Cuando te familiarices con tu resumen, redúcelo a pequeñas notas.

B. Ora para que Dios te capacite para “absorber el mensaje de tal manera que el mensaje te absorba”

* Original de: unashamedworkman.wordpress.com

Acerca De La Liberacion De Pecar Por Charles Spurgeon

Del libro "Todo por gracia"(Traducción abreviada)

En este lugar quisiera decir una palabra clara a aquellos que comprenden la justificación por fe que es en Cristo Jesús, pero que no pueden dejar de pecar. Nunca podremos estar felices, tranquilos, o espiritualmente sanos, mientras no seamos santos. Tenemos que ser libres del pecado; ¿pero cómo conseguimos esta libertad? Este es el asunto de vida o muerte para muchos.

La naturaleza vieja es muy fuerte, y han intentado doblarla y domarla; pero no se deja domar, y encuentran que solo se vuelven peores que antes. El corazón es tan duro, la voluntad tan obstinada, las pasiones tan furiosas, los pensamientos tan volátiles, la imaginación tan ingobernable, los deseos tan salvajes, que el hombre siente que tiene una cueva de bestias salvajes dentro de él, que le devorarán antes de someterse a él. Un hombre podría igualmente intentar detener el viento con su mano, que controlar por su propia fuerza estos poderes impetuosos dentro de él. Esta es una hazaña más grande que cualquiera de los famosos trabajos de Hércules: necesitamos a Dios aquí.

"Yo podría creer que Jesús perdona el pecado", dice uno, "pero mi problema es que vuelvo a pecar, y que siento unas tendencias tan horribles dentro de mí. Tan cierto como una piedra, lanzada al aire, pronto vuelve a caer por tierra, así yo vuelvo siempre a mi estado insensible. Tan fácilmente soy fascinado por el pecado, y me encuentro como bajo un encanto, que no puedo escapar de mi propia necedad."

Querido amigo, la salvación sería un asunto tristemente incompleto, si no cuidaría de esta parte. Queremos ser purificados, no solo perdonados. Una justificación sin santificación no sería ninguna salvación en absoluto. Sería como llamar a un leproso limpio, y dejarlo morir en su enfermedad; sería como perdonar al sedicioso, y permitir que permezca en su enemistad contra su rey. Sería remover las consecuencias, pero pasar por alto la causa.

Recuerda que el Señor Jesús vino para quitar el pecado de tres maneras: El vino para remover el castigo del pecado, el poder del pecado, y, finalmente, la presencia del pecado. De una vez puedes alcanzar la segunda parte - el poder del pecado puede ser quebrantado inmediatamente; y entonces estarás en camino hacia lo tercero, o sea, la liberación de la presencia del pecado. "Sabemos que él fue manifestado para quitar nuestros pecados."

El ángel dijo de Jesús: "Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados." Nuestro Señor Jesús vino para destruir en nosotros las obras del diablo. Lo que fue dicho en el nacimiento de nuestro Señor, fue también declarado en su muerte; pues cuando el soldado traspasó Su costado, salió sangre y agua, para mostrar el doble remedio por el cual somos librados de la culpa y de la contaminación del pecado.

Sin embargo, si estás preocupado por el poder del pecado, y por las tendencias de tu naturaleza, aquí hay una promesa para ti. Ten fe en ella, porque es parte de este pacto de gracia que está ordenado en todas las cosas y seguro. Dios, quien no puede mentir, dijo en Ezequiel 36:26:

"Un nuevo corazón te daré, y un espíritu nuevo pondré dentro de ti; y quitaré el corazón de piedra de tu carne, y te daré un corazón de carne."

Ves que todo es "Yo daré", y "Yo pondré", "Yo quitaré", y "Yo daré". Este es el estilo real del Rey de reyes, quien es capaz de cumplir toda Su voluntad. Ninguna de estas palabras jamás caerá por tierra. El Señor sabe muy bien que tú no puedes cambiar tu propio corazón, ni puedes limpiar tu propia naturaleza; pero El sabe también que El puede hacer ambos. El puede cambiar la piel del etíope, y las manchas del leopardo. Escucha esto y asómbrate: El puede crearte por segunda vez; El puede hacer que vuelvas a nacer. Este es un milagro de gracia, pero el Espíritu Santo lo hará.

Sería algo muy maravilloso, si alguien pudiera pararse al pie de las cataratas Niagara, y pudiera hablar una palabra que causaría el río Niagara correr hacia arriba, y saltar hacia arriba por ese gran precipicio sobre el cual está cayendo. Nada aparte del poder de Dios podría hacer esa maravilla; pero esto sería una paralela apropiada a lo que sucedería si el rumbo de tu naturaleza sería completamente invertido. Todas las cosas son posibles para Dios. El puede revertir la dirección de tus deseos, y la corriente de tu vida; y en vez de caer abajo al pecado, El puede hacer que tu entero ser se dirija hacia arriba, hacia Dios. Esto es, de hecho, lo que el Señor ha prometido hacer para todos los que están en el pacto; y sabemos desde las Escrituras que todos los (verdaderos) creyentes están en el pacto. Déjame leer las palabras una vez más:

"Un nuevo espíritu pondré dentro de ti; y quitaré el corazón de piedra de tu carne, y daré un corazón de carne." (Ezequiel 11:19).

¡Qué promesa maravillosa! Y es Sí y Amén en Cristo Jesús para la gloria de Dios por nosotros. Echemos mano de ello; aceptémoslo como verdad, y apropiémonos de ello. Entonces se cumplirá en nosotros, y después de días y años, podremos cantar del cambio maravilloso que la gracia soberana de Dios hizo en nosotros.

Es digno de consideración que cuando el Señor quita el corazón de piedra, esto está hecho; y una vez hecho, ningún poder puede volver a quitar este nuevo corazón que El da, y este espíritu recto que El pone dentro de nosotros. "Los dones y el llamado de Dios son irrevocables"; esto es, irrevocables de parte de Dios; El no quita lo que El una vez dio. Deja que El te renueve, y serás renovado. Las enmiendas y limpiezas del hombre pronto llegan a un fin, porque el perro vuelve a su vómito; pero cuando Dios pone un nuevo corazón dentro de nosotros, el nuevo corazón está allí para siempre, y nunca se volverá piedra otra vez. El que lo hizo carne, lo mantendrá así. En esto podemos alegrarnos para siempre en lo que Dios crea en el reino de su gracia.

Para decirlo de manera muy sencilla - ¿alguna vez escuchaste de la ilustración del Sr.Rowland Hill acerca del gato y el cerdo? La daré a mi propia manera, para ilustrar las palabras expresivas de nuestro Salvador: "Necesitas nacer de nuevo". ¿Ves aquel gato? ¡Qué criatura limpia! ¡Cuán diligentemente se lava con su lengua y sus patas! ¡Se ve bien bonito! ¿Alguna vez viste un cerdo hacer esto? No, nunca. Sería contrario a su naturaleza. El cerdo prefiere revolcarse en el lodo. Anda y enseña a un cerdo a lavarse, y verás cuan poco éxito tendrás. Sería una gran mejora sanitaria si los chanchos serían limpios. ¡Enséñales a lavarse y limpiarse como lo hace el gato! Tarea inútil. Podrías lavar el cerdo a la fuerza, pero correrá al lodo y pronto estará tan sucio como antes. La única manera de conseguir que el cerdo se lave, es transformarlo en un gato; entonces, y solo entonces, se lavará y estará limpio. Supongamos que hubiéramos logrado esta transformación, entonces lo que fue imposible es ahora muy fácil; desde ahora podrás tener el cerdo en la sala de tu casa.

Así es un hombre impío; no puedes forzarlo a hacer lo que hace un hombre renovado voluntariamente; podrías enseñarle, y darle el buen ejemplo, pero él no puede aprender el arte de la santidad, porque no está dispuesto para ello; su naturaleza le lleva en otra dirección. Cuando el Señor haga un hombre nuevo de él, entonces todo será diferente. Tan grande es este cambio, que una vez escuché decir a un convertido: "O el mundo entero ha cambiado, o yo he cambiado." La naturaleza nueva sigue el bien, tan naturalmente como la naturaleza vieja sigue el mal. ¡Qué bendición es recibir una naturaleza nueva! Solo el Espíritu Santo la puede dar.

¿Alguna vez pensaste en lo maravilloso que es cuando el Señor da un nuevo corazón, y un espíritu recto, a un hombre? Quizás has visto un camarón que había peleado con otro camarón, y había perdido una de sus pinzas, y le creció una pinza nueva. Esto es algo notable; pero es algo mucho más asombroso que un hombre reciba un nuevo corazón. Este es realmente un milagro más allá de los poderes de la naturaleza. Mira un árbol. Si cortas una de sus ramas, otra puede crecer en su lugar; pero ¿puedes cambiar el árbol mismo; puedes endulzar una savia amarga; puedes hacer que el espino dé higos? Puedes injertar algo mejor en él, y esta es la analogía que la naturaleza nos da de la obra de la gracia; pero cambiar absolutamente la savia vital del árbol, sería realmente un milagro. Un tal prodigio y misterio de poder obra Dios en todos los que creen en Jesús.

Si te entregas completamente a Su obra divina, el Señor cambiará tu naturaleza; El subyugará la naturaleza vieja, e inspirará una vida nueva en ti. Pon tu confianza en el Señor Jesucristo, y El quitará el corazón de piedra de tu carne, y te dará un corazón de carne. Donde todo estaba duro, todo será tierno; donde todo estaba vicioso, todo será virtuoso; donde todo se inclinaba hacia abajo, todo se elevará hacia arriba con fuerza impetuosa. El león de la ira dará lugar al cordero de mansedumbre; el cuervo de la impureza escapará ante la paloma de la pureza; la vil serpiente del engaño será aplastada debajo de los talones de la verdad.

He visto con mis propios ojos unos cambios morales y espirituales tan maravillosos, que no desespero de nadie. Yo podría señalar mujeres que eran impúdicas y ahora son puras como la nieve; y hombres que eran blasfemos y ahora encantan a todos con su devoción intensa. Ladrones se volvieron honestos, borrachos se volvieron sobrios, mentirosos se volvieron veraces, y burladores se volvieron celosos por Dios. Dondequiera que la gracia de Dios apareció a un hombre, le educó a abandonar la impiedad y las codicias mundanas, y a vivir sobria, recta y piadosamente en este mundo malo presente; y, querido lector, hará lo mismo por ti.

"No puedo hacer este cambio", dice uno. ¿Quién dijo que puedes? La Escritura que hemos citado, habla no de lo que el hombre hará, sino de lo que Dios hará. Es la promesa de Dios, y es Su asunto cumplir Sus propios compromisos. Confía en El que cumplirá Su palabra para ti, y será hecho."

¿Pero cómo será hecho?" - ¿Qué te importa a ti? ¿Acaso el Señor tiene que explicarte Sus métodos para que le creas? La obra del Señor en este asunto es un gran misterio; el Espíritu Santo lo hace. El que dio la promesa, tiene la responsabilidad de cumplir la promesa. El lo hará con seguridad en todos los que ponen su confianza en Jesús, porque a todos ellos les da el poder de ser hechos hijos de Dios. ¡Oh, si lo creyeses! ¡Oh, si le hicieses al Señor la justicia de creer que El puede hacerlo, y hará por ti, este gran milagro! ¡Oh, si creyeses que Dios no puede mentir! ¡Oh, si confiases en El por un nuevo corazón, y un espíritu recto, porque El te lo puede dar! ¡Que el Señor te dé fe en Su promesa, fe en Su Hijo, fe en el Espíritu Santo, y fe en El, y a El sea la alabanza y la honra y la gloria para siempre y siempre! Amén.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Revelacion Natural y Revelacion Especial Salmo 19

INTRODUCCION:

Como se revela Dios hoy en Dia?. En primer lugar Hebreos 1:1-4 dice: Que Dios habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras hoy nos ha hablado por el Hijo (Jesús). Sin embargo muchos no creen. A los que creen por tradición y a los que no creen les esta dado otro tipo de revelacion.


Revelacion Natural.

- Como Dios se revela en la naturaleza.

La Gloria de Dios. La cuentan los cielos. 1

La Obra De Sus Manos. El Firmamento. 1

La Perfeccion de la Creación. Dia y Noche. El Sol. 2; 4-6

La Manera De Expresarse. Atraves de su creación. Sin lenguaje ni palabras. 3-4


Ejemplo de No tener en cuenta lo anterior: Romanos 1:18-32.


Revelacion Especial

- La Palabra

La Palabra es Perfecta. = Convierte el Alma. 7

La Palabra De Dios Es Fiel = Hace Sabio al Sencillo. 7

La Palabra de Dios es Recta = Alegran el Corazon. 8

La Palabra de Dios Es Pura = Alumbra los Ojos. 8

La Palabra de Dios Es Limpia = Permanece Para Siempre. 9

La Palabra de Dios es Verdad = Trae Justicia. 9


- Para mi la Palabra debe ser:

- Deseable mas que el Oro. 10

- Dulce mas que la Miel. 10

- Por que? Por que me Amonesta y me corrige y en guardarla hay grande galardon. 11


Conclusión:

- Oracion Final.

Librame de los pecados que me son ocultos.

Preservame de la soberbia. = Integro y limpio de Rebelión.

Sean Gratos los dichos de mi boca y la meditacion de mi corazon delante de ti.





sábado, 19 de septiembre de 2009

La Iglesia Apocalítica y El Arrepentimiento Por Jorge Atiencia

Introduccion

Por qué hoy no se habla mucho del arrepentimiento? ¿Qué ha sucedido con el llamado al arrepentimiento en las iglesias? ¿Será que hemos cambiado el concepto de pecado? Lo que antes llamábamos pecado ahora se conoce como error, ignorancia, herencia, debilidad, inclinación, opción. Si el concepto de pecado ha cambiado, entonces es inevitable que haya cambiado el concepto de arrepentimiento. Hemos reemplazado arrepentimiento por modificación, reforma, terapia. ¿Será esta una de las razones por las cuales la iglesia se ha debilitado tanto en su posibilidad de introducir cambios profundos en su entorno? En términos bíblicos, el cambio tiene un nombre: arrepentimiento

Llamada al arrepentimiento

Apocalipsis contiene la revelación de Jesucristo para toda la iglesia, con el fin de prepararla para lo que sucederá. Sus capítulos 2 y 3 están dedicados exclusivamente a las iglesias. Se describe detalladamente el mo-mento por el cual atraviesan, la fe que profesan, la misión que desempeñan, el entorno que las rodea y en el que deben desenvolverse. Se describe la composición interna de las iglesias, sus sufrimientos y sus vergüenzas; además de las advertencias, también se las desafía a vencer y se les anticipa su recompensa. El Señor le ordena a Juan que escriba siete cartas (véase Ap 1.11).

En estas cartas descubrimos lo que el Señor describe como la salud que debe tener la iglesia si quiere ser luz para el mundo, agente de cambio en el marco del proyecto divino. A cada una de las iglesias, con excepción de dos, Jesucristo les pide arrepentirse.

Ahora bien, si lo que el Señor pide es arrepentimiento, significa que el problema de las iglesias no es simplemente equivocación, desorganización, distracción, ignorancia; el problema se llama pecado. Para Jesucristo, el cambio que precisan las iglesias no es otro que el arrepentimiento, un giro de 180° frente al mal. Él pide transformación completa, total desprendimiento de lo malo, absoluto rechazo de aquello que el Señor declara como pecado en su Palabra.

La iglesia: una y siete

En su visión, Juan percibe dos dimensiones de la iglesia: una histórica y otra espiritual.

Por un lado, Apocalipsis describe a la iglesia como un organismo situado en el tiempo y en el espacio. La iglesia es el proyecto de Dios, incrustado en la realidad y en la historia. Es la iglesia de Éfeso, la de Esmirna, la de Pérgamo… es decir, un organismo identificable. Esa entidad es singular: de todas las instituciones que existen, sólo la iglesia fue escogida por Dios para comunicar, mostrar y llevar a cabo sus propósitos.

En su realidad histórica, la iglesia es iglesias; es decir, se expresa en la variedad. En la descripción del Apocalipsis encontramos diversidad de virtudes pero también de limi-taciones y pecados. Por un lado, las iglesias muestran la multiforme gracia de Dios; por otro, el Señor también señala en sus cartas los errores y las perversidades de cada una.

La multiforme gracia de Dios se muestra, por ejemplo, en las expresiones misioneras y pastorales adaptadas a los diversos contextos en los que se mueve la iglesia. Ninguna iglesia particular posee toda la gracia, ninguna lleva a cabo toda la agenda misionera. Ninguna de las que se mencionan en Apocalipsis puede asumirse como LA IGLESIA. A todas el Señor las asume como «la iglesia»; por lo tanto, ninguna de ellas puede dictaminar sobre las otras y tampoco puede negarse a tener compañerismo con las demás.

La elección de este número no es arbitraria; en las Escrituras, el número siete simboliza totalidad, algo completo, perfecto. Aun en su diversidad, la iglesia es una. Las siete iglesias son una si están todas, no si son seis o cinco.

El pueblo del libro
Apocalipsis nos presenta a a la iglesia como un organismo sostenido (véase Ap 1.3). No es ella misma quien se sostiene; su progenitor, el Hijo del hombre, Jesucristo glorificado, es quien la sostiene por medio de su Palabra. Él le proveyó la Palabra escrita para nutrirla y capacitarla, para prepararla para el momento decisivo de la historia, el tiempo cercano. Se podría decir que la iglesia se sostiene sobre un Libro —un Libro que ha de ser no sólo leído sino, sobre todo, guardado. De cómo utilice la Palabra cada congregación depende su vitalidad, su pertinencia y su supervivencia. Más aun, Apocalipsis sugiere que la dicha de las iglesias está en proporción directa con el uso que haga de «las cosas escritas [en el Libro]».

Hoy es urgente recuperar esta verdad de que la iglesia, el pueblo de Dios, se sostiene sobre «el Libro». A lo largo del continente la iglesia está creciendo; pero este crecimiento, como dice el pastor Caio Fabio, precisa profundidad —es decir, si por crecimiento entendemos algo más que congregaciones que se multiplican y se llenan de miembros. Para que lleguen a ser comunidades vigorosas y entusiastas, presentes en todas las esferas del quehacer humano, eficaces para transformar las tinieblas en luz, la corrupción en santidad, la pobreza en justicia, el vicio en virtud y el abuso en servicio, es indispensable que las iglesias estén sostenidas sobre el Libro. La iglesia sólo puede ser trans-formadora de la realidad si está fuerte-mente enraizada en la Palabra de Dios.

En esto la iglesia ha perdido terreno. El analfabetismo escritural es hoy alarmante. Tal vez a esto se debe, al menos en parte, el empobrecimiento de la función profética de la iglesia. Si la iglesia se aleja del Libro que la sostiene, su luz se apaga y su sal pierde salinidad. La identidad del pueblo de Dios está cambiando, y no para bien; hubo una época cuando se nos identificaba como el «pueblo del libro», la Biblia; hubo un tiempo cuando el estudio de las Escrituras era una sagrada disciplina.
A este primer amor es imperativo retornar.
La bienaventuranza no proviene de sólo leer; a la lectura se ha de añadir el oír, y al oír, el guardar.
Al primer momento, que es el de la lectura, le ha de acompañar la reflexión, el estudio, la meditación, la oración. El propósito de la lectura es sintonizar una voz, identificar el mensaje contenido en lo escrito. La intención final es convertir el mensaje escuchado en obediencia, en práctica de fe. De esta forma ningún suceso de la historia terminará alejándonos de la fuente de la vida y del poder que es nuestro Señor.
La iglesia gloriosa
Apocalipsis también incluye la perspectiva espiritual y eterna de la iglesia (véase Ap 1.12).
Juan se da vuelta en busca de la voz y sorpresivamente se encuentra con el Jesucristo glorificado. Juan parece no entender el significado de los candelabros de oro; para su mente hebrea, el candelabro de oro significa algo muy precioso, pero no sabe cómo asociarlo con la figura que está en medio. Jesucristo mismo se lo explica (véase Ap 1.20).
La iglesia se muestra aquí como el espacio donde se manifiesta y habla el Hijo del hombre. La iglesia es el ámbito, la casa donde el Señor decide mostrar su gloria.
Juan destaca un detalle acerca del candelabro: está hecho de oro, el material más valioso. Esto habla del valor y de la hermosura de la iglesia. Desde la perspectiva del Señor, la iglesia es de constitución valiosa y perdurable. Su valor proviene de haber sido comprada con la sangre del Hijo de Dios (Ap 5.9). Los ácidos corrosivos de la historia la afectarán, sí, pero no pondrán en amenaza su raíz, su identidad ni su permanencia.
La iglesia, hecha para iluminar
Esta visión de la iglesia como candelabro nos enseña, además, que fue hecha para iluminar. No para deslumbrar ni para iluminarse a sí misma, sino para actuar como candelabro. Si se desempeña como tal, bien podrá ser visto aquel que se pasea en medio de ella, Jesucristo: glorioso, excelso, majestuoso, soberano; el que vive y habla, el que tiene las llaves de la muerte y del Hades.
Durante sus días en la tierra, Jesús enseñó a sus discípulos a ser luminarias (Mt 5.14–16).
Dios quiere que la iglesia, a través de su carácter y sus obras, muestre a Jesucristo, al Cordero inmolado, al Salvador y Redentor, al que ha vencido a la muerte. Cuando la iglesia verdaderamente ilumina, la gente descubre la presencia de un Padre amoroso y lo glorifica.
El propósito de la revelación
La iglesia tiene, entonces, dos dimensiones: la histórica y la eterna. ¿Por qué le fue revelada esta doble realidad de la iglesia a Juan, y a través de él a nosotros? Sin pretender ser exhaustivos, podríamos anotar por lo menos tres razones:
En primer lugar, para que podamos amarla. Tal vez su rostro histórico no inspire amor, pero sí podemos amarla cuando comprendemos su origen, composición y destino. Saber que fue comprada con la sangre del Cordero inmolado, que es lo que le atribuye valor, no puede sino inspirar amor.
¡Cuánto ayuda recuperar esta visión! La iglesia es imperfecta e infiel —por eso recibe censura— pero su Salvador la ama. Él, como su autor y sustentador, es su único juez. Nuestras críticas excesivas dismi-nuyen la calidad de este proyecto divino; a veces preferiríamos deshacernos de la iglesia o actuar sin tomarla en cuenta. No actúa así el Señor, el novio de la iglesia; él todavía se pasea en medio de ella, todavía se manifiesta allí, todavía le habla. Para amarla, pues, hemos de verla como él la ve.
En segundo lugar, se nos da esta revelación para que nos arrepintamos. Jesucristo se revela en medio de las siete iglesias; a todas las tiene en cuenta, a todas las ama, a todas les habla. Nosotros, en cambio, somos separatistas, selectivos, presuntuosos. De esto hemos de arrepentirnos. La revelación de la iglesia como un organismo a la vez histórico y eterno nos es dada para que tengamos una visión completa, para que podamos arrepentirnos y corregir nuestra miopía y rigidez, nuestras declaraciones soberbias y excluyentes. Entonces podremos quebrantarnos, abrirnos a la gracia de Dios y recuperar el rumbo. En fin, esta visión nos es dada para que maduremos como iglesia.
En tercer lugar, la iglesia recibe esta visión para llevar a cabo su misión. Una iglesia con conciencia de su identidad es capaz de desempeñar su misión. La conciencia del ser facilita el hacer cuando tiene conciencia de su realidad histórica y eterna, la iglesia se lanza a mostrar al mundo —con entusiasmo y valentía, con humildad y amor— cuál es el camino de la eternidad, dónde está la ruta de la verdad, cómo encontrarse con un Padre amoroso cuando entiende su doble dimensión, la iglesia renuncia a sus coqueteos con el mundo, se arrepiente de sus infidelidades, pone orden en sus prioridades. La comprensión de quién es la mantiene en constante peregrinaje, con creciente anhelo de novia que se prepara para el encuentro con su Amado.
Sólo la iglesia depurada, consciente de quién es en la perspectiva eterna y de cuál es su misión en el mundo y en la historia, puede enfrentar las amenazas del entorno. Para resistir a tantos embates precisamos comprender las dos dimensiones de la iglesia: la histórica y la espiritual. Retener una sola de ellas es desconocer el proyecto del creador y sustentador de la iglesia; abrazar las dos dimensiones, en cambio, pondrá a la iglesia en la ruta de una boda, de la unión plena y eterna con el Señor de la iglesia.
El autor de las cartas
Juan es sólo cartero. Jesucristo es el remitente. Cada iglesia recibe su carta, y con cada una de ellas Jesucristo guarda una relación estrecha. En cada una de las cartas el autor empieza identificándose y en cada caso menciona rasgos distintos. Algunas de estas características de Jesucristo ya se habían mencionado al describir la visión del Hijo del hombre.
Esto habla de la suficiencia de Jesucristo para su iglesia. Sólo él posee todo lo que cada iglesia necesita, todo lo que las iglesias precisan para llevar a cabo su misión en los distintos contextos.
Jesucristo es suficiente en toda circunstancia; en él, las iglesias suplen sus deficiencias, remedian sus carencias y corrigen sus distorsiones. Ninguna iglesia queda desahuciada; ni siquiera Laodicea, a la que se atribuye la peor condición como congregación. En el Hijo del hombre, total y suficiente, todas son rescatables y toda deficiencia es remediable.
Virtudes y deficiencias de la iglesia
A la presentación del autor le sigue el reconocimiento de las obras de las iglesias, tanto las buenas como las malas. Jesucristo destaca el mérito donde lo hay; por ejemplo, a Éfeso le dice: «Yo conozco tus obras, tu arduo trabajo y tu perseverencia» (Ap 2.2). Cristo no pasa por alto las bondades y virtudes de su novia; y es su reconocimiento el que realmente cuenta. Cuánta falta hace tener esta misma actitud en el pueblo de Dios, especialmente de parte de los líderes.
Jesucristo también destaca cuáles son las deficiencias de las iglesias. En la descripción que hace de sí mismo cuando se presenta a cada iglesia, ya insinúa en qué radica la debilidad de cada una de ellas. Por ejemplo, ante la iglesia de Pérgamo el Señor se describe como: «El que tiene la espada aguda de dos filos» (Ap. 2.12). Pérgamo no está manejando adecuadamente la Palabra de Jesús. Tal vez la ha dejado de lado o ha contaminado el mensaje; lo cierto es que Pérgamo permite la presencia en ella de quienes «retienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel»; y también permite la presencia de los que «retienen la doctrina de los nicolaítas, la que yo aborrezco» (Ap 2.14). Pérgamo precisa un encuentro con su Señor, aquel cuya palabra es clara y cortante.
Cualquiera sea el pecado o la distorsión que presenta una iglesia, seguramente es posible trazar su origen a una deficiencia cristológica. En Éfeso, Tiatira, Laodicea, en cada una de las iglesias que aquí se describe Jesucristo ha sido desvalorizado, mezclado o reemplazado. De ahí que Jesús se manifieste a cada iglesia destacando en cada caso los rasgos de su persona que han dejado a un lado.
Una iglesia en la que Jesucristo no está presente en su expresión veraz y total es una iglesia que queda sin la fuente de amor, sin norte y sin fronteras frente al mal. Cuando nuestro sistema inmunológico se debilita, el organismo se vuelve muy vulnerable a cualquier tipo de amenaza y enfermedad. De igual forma, cuando una iglesia no encarna ni proclama al Jesucristo completo, se queda sin defensas. Esta debilidad, que podría llamarse «deficiencia de Cristo», deja a la iglesia sin vitalidad y muy vulnerable frente a los enemigos. Cualquier «virus» que la visite se queda y la contamina. Sólo Jesucristo puede mantener activo el «sistema inmunológico» de la iglesia con el fin de que pueda llevar adelante su misión en un mundo pervertido y enfrentar con éxito los difíciles sucesos de la historia.
Jesús conoce a su iglesia
En cada una de las cartas, Jesús hace saber a la iglesia que la conoce: «Yo conozco tus obras» Este conocimiento es profundo, porque es desde adentro. Él es parte de ella desde el principio. Jesús guarda una estrechísima relación con su iglesia, una relación de gestador, de pastor, de redentor, de maestro, de cabeza. Por eso su conocimiento no es simple parecer u opinión.
En estas cartas Jesucristo comunica percepciones y emociones profundas. Él conoce a la iglesia como novio; si queremos, estas son cartas de amor. El conocimiento que tiene de su iglesia es el resultado de una relación íntima; Jesucristo reconoce las virtudes de su novia, pero no se hace el de la vista gorda frente a sus vergüenzas. En otras palabras, este conocimiento es sinónimo de intimidad, de verdadero amor. De ahí que podamos afirmar que, al sentirse conocida por Jesucristo, la iglesia se sentirá amada.
Sólo cuando alguien es conocido y acompañado tal como es, con sus virtudes y sus vergüenzas, entonces es auténticamente amado. Este conoci-miento no pasa por alto el pecado, lo denuncia con amor y honestidad. Tampoco se queda sólo en el diagnóstico; este conocimiento se compromete con aquel a quien conoce y ama, para que abandone el pecado.
Estas cartas aportan una valiosísima metodología sobre cómo introducir cambios, muy pertinente para líderes y pastores. Todo cambio en la iglesia precisa un referente cristológico; sólo a la luz de este parámetro podemos evaluar, siempre con amor. Sin amor, los cambios se resisten o combaten. El amor elimina las defensas; entonces se puede hacer el diagnóstico y proponer iniciativas. El amor promueve apertura en la relación y la hace susceptible de cambio.
Esta es la manera en que Jesucristo se acerca a su iglesia, y espera que de igual manera lo hagan sus siervos.
Desafiada a luchar hasta el fin
Jesucristo llama a las iglesias a luchar y a hacerlo con perseverancia, hasta vencer. Evidentemente, las iglesias que reciben las cartas no precisan que se les recuerde la Gran Comisión; parece que han predicado bastante y el evangelio se ha extendido por todos los alrededores: Éfeso, Esmirna, Tiatira… hasta Roma. Sin embargo, el Señor quiere recordarles cosas que sí han descuidado y que son esenciales al evangelio y a la fe: Jesucristo quiere una iglesia combativa, una iglesia dispuesta a luchar hasta el fin. «Al vencedor», repite en cada carta.
¡Qué vulnerables somos, como iglesia, a dejar de luchar! Esto ocurre cuando la iglesia coquetea con la prosperidad, como en Laodicea, y también cuando es perseguida, como en el caso de Pérgamo. Hace concesiones, se acomoda para sobrevivir, tolera el pecado: todo esto debilita la voluntad de lucha.
En cierta ocasión, cuando uno de los gobernantes de la antigua Europa del Este comunicó a los líderes religiosos que habría tolerancia, uno de ellos respondió: «Preferimos la persecución a la tolerancia, porque la tolerancia mata la voluntad luchadora de la iglesia.» En la prosperidad y también bajo persecución estamos tentados a hacer concesiones, como ocurría en las iglesias del primer siglo. En una de ellas había una mujer que convencía a sus seguidores con ideas como esta: «Hermanos, no hay que ser tan fanático; adorar al emperador no va a poner en peligro la adoración al Señor. Participen en los banquetes y en las orgías, así pueden beneficiarse de ambos mundos. No se pierde nada, y se gana el favor del emperador. Ni siquiera se les pide hablar; sólo asistan, con eso es suficiente.»
¡Cuán sutil y engañoso es el acomodamiento! ¡Qué tentados estamos a justificarlo teológicamente para quedar bien con ambos lados! Esa posición es aborrecible para Jesús, y de veras se indigna: «Pero por cuanto eres tibio y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca» (Ap 3.16).
La verdadera victoria
La expectativa del Señor en cuanto a las iglesias es que estas lleguen a la victoria. Para esto, las iglesias han de vivir combatiendo. La lucha incluye llamar a la iglesia a arrepentirse, a proclamar a Jesucristo sin hacer concesiones, a retomar la Palabra para establecer con claridad la sana doctrina, a limpiar de la iglesia el liderazgo corrupto, a resistir a Satanás, a retornar a una vivencia personal de la fe (y no sólo institucional o tradicional), a rechazar los coqueteos del entorno, a enriquecer la espiritualidad y la adoración con dones espirituales, a sufrir sin tirar la toalla… por último, a abrir la puerta cuando él llama. Él está con nosotros, y en todos estos ámbitos el Señor quiere que su iglesia salga victoriosa.
Entiéndase; esta victoria es más que aumentar membresía, ampliar el edificio, actualizar los instrumentos, incorporar tecnología, hacer uso de los medios de comunicación, ubicar evangélicos en el poder, organizar marchas; es aun más que guerra espiritual. Es combatir con toda la armadura de la fe para derrotar a todos los males internos y externos que rodean a las iglesias y es enfrentar a los poderes opresores que engañan y esclavizan a los seres humanos.
En este combate resulta decisivo qué arma esgrime la iglesia. El arma fundamental e indispensable es el compromiso con el Jesucristo glorificado y soberano. De ahí que, en definitiva, la victoria más grande de la iglesia consiste en restaurar su lazo con el Señor y tomarlo como él quiere ser tomado (véase Ap 3.20).
Llamada a recibir recompensa
El Señor llama a sus iglesias a luchar y también a esperar recompensa. A cada una de las iglesias se le promete un premio: «Al que venciere». Esta es una dádiva de gracia, es una iniciativa que viene directamente de él, es una recompensa fijada por él. A todo el que venciere le espera un galardón. No es un trueque, no hay intención mercantilista; el Señor no dice: «Si das tanto, serás próspero; si me sirves, serás sanado.»
A ninguna de las iglesias el Señor le promete prosperidad, vida fácil, prestigio; ni siquiera promete evitarles el sufrimiento. Lo que el Señor promete al vencedor es: comer del árbol de la vida; evitar la segunda muerte; recibir el maná escondido; un nombre nuevo; autoridad; luminosidad; vestiduras blancas; tener el nombre escrito en su Libro; ser columnas en el templo; un asiento junto al trono. Estas figuras nos hablan de promesas relacionadas con la plenitud, la calidad de vida, la transformación del carácter, el ejercicio de liderazgo, la intimidad, el servicio.
Las promesas de Dios apuntan a cosas que perduran y que sólo su gracia puede proveer, realidades que acompañan a la nueva creación prometida a los que pertenecen a Dios: cielos nuevos y tierra nueva, como describe Apocalipsis 21. En estas cartas a las iglesias el Señor se compromete a transformar y a sustentar al vencedor, de tal manera que sea apto como ciudadano de la «nueva Jerusalén».
En resumen, cuando todas esas promesas se cumplan, por primera vez se verá lo que es un ser hecho a la imagen y semejanza de Dios. Todas las promesas son rasgos propios de la divinidad: Jesucristo los reúne en su totalidad y plenitud. Él, que se presentó en toda su plenitud a la iglesia, quiere galardonarla reproduciendo sus propios rasgos en cada una. Así la iglesia podrá gustar la verdadera vida, celebrar la intimidad con el Padre, y participar en la contrucción del nuevo reino.
Si esperamos sólo beneficios materiales o nos conformamos con menos de lo que el Señor quiere darnos, hacemos de la gracia un supermercado en el que abundan las ofertas de promoción. El premio del Señor, en cambio, es de calidad total ¡Qué galardón! El premio que nos anuncia nos estimula a recibir, con corazón totalmente abierto, estas cartas en las que el Espíritu se esfuerza por renovar a la iglesia. El Espíritu de Dios quiere llevar a la iglesia a la presencia del Jesucristo glorificado, quiere conducirla al arrepentimiento y comprometerla en una vida combativa cuya culminación será disfrutar para siempre en intimidad con su Señor.
Tomado del libro Apocalipsis No Tengan Miedo, por Jorge Atiencia y Ziel Machado Certeza Unida, Argentina, 2000.
Jorge Atiencia, cumple su función pastoral y docente en la Comunidad Internacional de Estudiantes Evangélicos (CIEE).

sábado, 12 de septiembre de 2009

Dios Te Juzgara

Queridos Hermanos:

Tengo a disposicion de ustedes el libro estudio del Reverendo Gregorio Landero de Colombia "Dios Te Juzgara". Es un estudio para ir llenando espacios de acuerdo a versiculos biblicos. Es bastante interesante y se los recomiendo. Asimismo les anuncio que para el proximo sabado ya estara en la red el blog personal del hermano Gregorio donde semanalmente tendremos un excelente material para todos. Los que deseen el libro pueden escribir a: domefi@gmail.com

Dios Les Bendiga

¿ES EL DIVORCIO, EN SÍ MISMO, UN PECADO? Una convicción que quiero explicar

Durante estos días hemos hablado bastante sobre el divorcio. Algunas preguntas han sido difíciles. Otras han tocado asuntos que durante años...