Introducción
Hay algo curioso con Apocalipsis.
Abrimos el libro y enseguida queremos saber quién es la Bestia, qué significa
el 666, cuando comienzan las trompetas, quién es Babilonia y dónde queda
Armagedón. Pero el libro no comienza con ninguna de esas cosas. Comienza
diciendo: «La revelación de Jesucristo…» (Apocalipsis 1:1). Tal vez hemos hecho
demasiadas preguntas acerca de los enemigos de Cristo y muy pocas acerca de
Cristo. Porque Apocalipsis no fue escrito solamente para decirnos qué va a
pasar. Fue escrito para enseñarnos cómo vivir mientras Cristo viene. El
capítulo 1 nos muestra a Jesucristo antes de mostrarnos lo que viene. Los
capítulos 2 y 3 muestran a Cristo pasando revista a sus iglesias. El capítulo 4
levanta la mirada hacia un trono establecido. El capítulo 5 nos muestra al
Cordero inmolado y vencedor. Del capítulo 6 al 20 aparecen los poderes,
seducciones, engaños y amenazas que intentan quebrar la fidelidad de la
Iglesia. Y en los capítulos 21 y 22 encontramos una ciudad, un río, un árbol y
a Dios viviendo con su pueblo. El libro se puede recorrer con tres palabras:
Revelación. Resistencia. Restauración. O, dicho de otra manera:
Aforismo: “Revelación
para mirar, resistencia para la lealtad guardar, restauración para a casa
llegar”.
1. REVELACIÓN: Antes de enfrentar la guerra mira a Cristo (1-5)
¿Qué recibe Juan en Apocalipsis 1?
Primero, Cristo está vivo. «Estuve muerto; más he aquí que vivo por los siglos
de los siglos». La primera gran noticia de Apocalipsis no es que vienen tiempos
difíciles. Es que Jesús está vivo. Segundo, Cristo está en medio de su Iglesia.
Juan lo ve caminando entre los candeleros. No observa desde lejos. Conoce el
dolor, la fidelidad y también los pecados de sus iglesias. Tercero, Cristo
tiene las llaves de la muerte y del Hades. Más adelante la muerte aparecerá
amenazando al pueblo de Dios, pero desde el comienzo sabemos algo: la muerte
puede tener poder; no tiene las llaves. Cuarto, Cristo es el Primero y el
Último. Nosotros no conocemos todos los detalles del futuro. Cristo sí. Nuestra
seguridad no consiste en saberlo todo acerca de mañana, sino en conocer al que
ya está allí. Quinto, antes de interpretar, Juan tiene que mirar. Escucha una
voz, se vuelve y ve a Cristo. Quizá hemos discutido mucho Apocalipsis. Tal vez
necesitamos contemplar más a Cristo.
Jesús pasa revista a sus
iglesias
En Apocalipsis 2 y 3 Cristo parece
decir: «Antes de hablarles del Dragón, tengo que hablarles de ustedes». Éfeso
tiene doctrina, trabajo y discernimiento, pero perdió el amor. Esmirna sufrirá
y debe perder el miedo. Pérgamo está resistiendo presión afuera, pero tolerando
error adentro. Tiatira tiene servicio y fe, pero permite una influencia
destructiva. Sardis tiene fama de estar viva, pero Cristo la encuentra muerta.
Filadelfia tiene poca fuerza, pero permanece fiel. Laodicea tiene recursos,
pero vive como si no necesitara a Cristo. Antes de señalar enemigos afuera,
Cristo examina lo que ocurre adentro. Es más fácil denunciar a Babilonia que
descubrir cuánto de Babilonia desea nuestro corazón. Es más fácil hablar del
falso profeta que admitir cuántas mentiras creemos porque nos gusta creerlas.
Cristo no quiere solamente una Iglesia informada; quiere una Iglesia
transformada. Después de hacer que la Iglesia se mire por dentro, Apocalipsis 4
le hace mirar hacia arriba: «Un trono establecido en el cielo, y en el trono,
uno sentado». La palabra importa: establecido. Dios no está intentando
conservar el trono. No está negociando su autoridad. El trono está establecido.
Roma tenía un trono, pero Roma no tenía el trono. Los gobiernos tienen poder.
Las ideologías tienen poder. El dinero tiene poder. La cultura tiene poder.
Pero ninguno ocupa ese lugar. El caos hace ruido, pero no gobierna. El Cordero corrige nuestra manera de luchar.
En Apocalipsis 5 Juan oye hablar
del León y, cuando mira, encuentra un Cordero como inmolado. Cristo vence de
una manera distinta. Vence entregándose. Triunfa mediante la cruz.
Por eso Cristo no solamente nos
enseña que venceremos; nos enseña cómo vencer. La Iglesia no puede enfrentar a
la Bestia convirtiéndose en Bestia. No puede combatir mentira con mentira. No
puede defender la verdad perdiendo el amor. No puede proclamar al Cordero
utilizando los métodos del Dragón. No podemos pretender vencer al enemigo
pareciéndonos a él.
Así queda preparada la Iglesia: Cristo corrige su carácter. El trono
corrige su miedo. El Cordero corrige su manera de vencer. Ahora sí está
preparada para resistir.
Cristo ya corrigió el carácter de
su Iglesia. El trono corrigió nuestro miedo. El Cordero corrigió nuestra manera
de vencer. Ahora sí estamos preparados para resistir. Pero resistir no
significa simplemente oponerse. Tampoco significa derrotar al enemigo usando
sus mismas armas. La resistencia del Cordero consiste en permanecer fieles sin
convertirnos en aquello que estamos resistiendo.
Video: Hasta el último hombre https://www.youtube.com/watch?v=bSpqX6x97N0
“No soportaría la carga de no ser
fiel a mis principios.”
Podía soportar muchas cosas: la
presión, el rechazo, la burla, la incomprensión e incluso entrar en una guerra.
Pero había una carga que no estaba dispuesto a llevar: la carga de traicionar
aquello en lo que creía. Eso es resistencia. No significa que no te golpeen. No
significa que no sufras. No significa que nunca tengas miedo. Significa que no
consiguieron tu fidelidad. Y aquí Apocalipsis cambia nuestra mirada. Durante
años hemos leído los capítulos 6 al 20 preguntando: «¿Qué le harán estos
enemigos al mundo?». Pero quizá la pregunta que Juan quiere que haga la Iglesia
es otra: «¿Qué quieren hacer estos enemigos con nuestra fe?»
El enemigo no necesita destruir a
la Iglesia si consigue quebrar su fidelidad.
2. Resistencia: La batalla es por nuestra lealtad.
Somos la resistencia. No porque seamos invencibles. No porque nunca
suframos. No porque siempre seamos fuertes. Somos la resistencia porque
pertenecemos al Cordero que venció.
El caos quiere nuestra
confianza
Sellos, trompetas, guerras,
hambre, dolor y muerte muestran un mundo quebrantado. El caos siempre predica
el mismo mensaje: «Nadie gobierna». Pero nosotros ya vimos Apocalipsis 4. Hay
un trono. No entendemos cada tragedia, pero sabemos que el caos no está sentado
allí. O interpretamos el caos desde la Palabra, o terminaremos interpretando la
Palabra desde nuestro caos.
El Dragón quiere nuestra
fidelidad
Apocalipsis 12 lo identifica como
Satanás. Persigue, acusa y hace guerra contra quienes mantienen el testimonio
de Jesús. Su pregunta es sencilla: «¿Seguirás perteneciendo al Cordero cuando
pertenecerle tenga un precio?» La resistencia responde permaneciendo.
La Bestia quiere nuestra
lealtad
La Bestia representa el poder
cuando deja de reconocer límites y reclama aquello que pertenece a Dios. No
quiere solamente obediencia; quiere adoración. Cada vez que algo humano
pretende ocupar el lugar que corresponde al Señor, la Iglesia responde: «Jesús
es Señor».
El falso profeta quiere
nuestra mente
No siempre necesita amenazar; a
veces basta con convencer. Hacer que lo falso parezca verdadero, que lo malo
parezca normal y que la idolatría parezca razonable. Por eso ser cristiano no
es llevar un nombre; es desarrollar una costumbre: comprobar. No preguntes
solamente si te gusta o si lo dice todo el mundo. Pregunta: «¿Es verdad?»
Babilonia quiere nuestro
corazón
La Bestia amenaza; Babilonia
seduce. Ofrece prestigio, placer, comodidad, riqueza y aceptación. A veces
resistimos mejor una amenaza que una oferta. El peligro es seguir hablando como
cristianos mientras nuestros deseos ya fueron educados por otra ciudad. «Salid
de ella, pueblo mío» significa: no permitas que el mundo se instale dentro de
ti.
La muerte quiere nuestra
esperanza
La muerte coloca sobre la mesa su
última amenaza: «Si permaneces fiel, puedes perderlo todo». Apocalipsis
responde: «Todo no». Puedes perder comodidad, prestigio, libertad, incluso esta
vida; pero si perteneces al Cordero, no puedes perder tu futuro.
Las armas de la resistencia
(7)
La sangre del Cordero:
seguridad. El testimonio: voz. La verdad: discernimiento. La
adoración: lealtad. La santidad: identidad. La perseverancia:
firmeza. La esperanza: futura.
Somos la resistencia; pero no
resistimos para descubrir quién ganará. Resistimos porque el Cordero ya venció.
3. Restauración: Después de resistir llegamos a casa
Apocalipsis 21 y 22 cambian por
completo la escena. Después de tanta guerra esperaríamos otra batalla. Pero
encontramos una ciudad, un río, un árbol y a Dios viviendo con su pueblo.
Al vencedor le espera una creación
renovada: «Vi un cielo nuevo y una tierra nueva». Dios no abandona su creación;
la renueva.
Al vencedor le espera la presencia
de Dios: «Él morará con ellos». La salvación llega a su meta cuando Dios y su
pueblo habitan juntos.
Al vencedor le espera el final del
dolor: no más muerte, no más llanto, no más clamor, no más dolor. Todo aquello
que parecía interminable descubre que tenía fecha de vencimiento.
Al vencedor le espera nuevamente
el árbol de la vida. La Biblia comenzó en un jardín, pero no termina
simplemente regresando al jardín: termina en una ciudad. Del Edén perdido a la
Nueva Jerusalén.
Y al vencedor le espera ver su
rostro. La Bestia desaparece. Babilonia desaparece. El Dragón desaparece. La
muerte desaparece. El Cordero permanece. Y nosotros con Él.
Dos palabras resumen el final: COMUNIÓN ETERNA. La resistencia tendrá
final. La presencia de Dios no.
Reflexión: La resistencia
comienza antes de la persecución.
Quiero hacer una pregunta
incómoda: ¿y si llevamos años buscando al enemigo en el lugar equivocado?
Buscando la Bestia afuera, Babilonia afuera, el engaño afuera, mientras Cristo
sigue diciendo: «Déjame mirar primero tu corazón». Puedo denunciar a Babilonia
mientras amo exactamente lo que ella ofrece. Puedo criticar al falso profeta y
compartir cualquier mensaje que confirme lo que ya quiero creer. Puedo hablar
contra la Bestia y estar enamorado del poder. Puedo saber mucho de Apocalipsis
y haber perdido mi primer amor. La resistencia no comienza el día en que llegue
una persecución. La resistencia comienza hoy: cuando decido qué voz escuchar,
qué información comprobar, qué deseo alimentar, qué mentira rechazar, qué
comodidad sacrificar, a quién obedecer y a quién adorar. Por eso la gran
pregunta de Apocalipsis no es solamente: «¿Qué va a pasar cuando Cristo
venga?». Es también: «¿Qué está pasando con mi corazón mientras Cristo viene?»
Conclusión: El trono no está vacío
Esta semana mira primero a Cristo.
Antes de mirar el caos, las noticias, los enemigos o aquello que te produce
miedo, recuerda quién está sentado en el trono.
Identifica qué está disputando hoy
tu lealtad —tu mente, tus deseos, tu verdad, tu comodidad o tu esperanza— y
resístelo sin adoptar sus métodos. Permanece como discípulo del Cordero. Y vive
desde ahora como ciudadano de la ciudad que viene: revelación para mirar,
resistencia para la lealtad guardar, restauración para a casa llegar.
Cuando el Dragón ruja, el trono no está vacío.
Cuando la Bestia amenace, el trono no está
vacío.
Cuando el falso profeta engañe, el trono no
está vacío.
Cuando Babilonia seduzca, el trono no está
vacío.
Cuando la muerte golpee, el trono no está
vacío.
Allí está el Cordero: el que murió, el que
resucitó, el que venció, el que reina y el que viene.
“El que venciere heredará todas
las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.”
Apocalipsis 21:7
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