jueves, 2 de abril de 2026

CONFUSION O CLARIDAD JUAN 3:1-21

 INTRODUCCION

La confusión se define como desasosiego o turbación de ánimo. Uno de los significados de esta palabra en la Biblia es “Falta de claridad”. La confusión viene acompañada de preguntas para las que no tenemos respuestas. Podríamos decir que hoy la iglesia es quizás una comunidad con más preguntas y que respuestas. Si esto es cierto, ¿Por qué? Hay dos posibles respuestas. El contexto general y el contexto individual. Al ver el caos y el desorden que vive el país los ánimos se vienen al piso. Al ver como esa situación general afecta nuestra familia los ánimos se vienen al piso. Al sufrir la escasez (Como lo compartía Yessy el domingo pasado), el desánimo nos invade. Surgen las preguntas que casi nadie se atreve a comunicar a otros.

La religiosidad puede mantenerte en oscuridad, pero exponerte a la luz de Cristo te lleva a la claridad. 

¿Dónde está Dios?

¿Por qué no atiende a mis necesidades?

¿De qué me sirve ser cristiano?

¿De qué me sirve obedecer a Dios?

¿Por qué a los pecadores les va mejor?

Y la fe decae. Quizás haya otras preguntas. ¿Cuáles son las tuyas?

EXEGESIS

¿Era Nicodemo un hombre confundido?

Lo primero que hay que decir es que el hecho de que Nicodemo haya venido a Jesús de noche no significa que estuviera evitando ser visto. La mayoría de los comentaristas coinciden en que Juan lo destaca para decir que Nicodemo estaba en oscuridad, a pesar de ser maestro tenía muchas preguntas y sin respuestas. El cómo buen judío esperaba al Mesías y lo único que tenía claro era que y vio en Jesús a un enviado de Dios. Él se acerca a Jesús por las señales y después recibe el discurso. Jesús conoce sus más íntimas preguntas (Juan 2:25) y le responde con cinco palabras que para Nicodemo eran demasiado conocidas, sin embargo, a pesar de ello él no podía ver la respuesta que estaba frente a sus ojos.

MUSICA DE FONDO

Nuevo: En el sentido estricto es nacer biológicamente y nacer de Dios. También es una palabra con un significado dinámico. Uno de sus usos en el griego es “Otra vez” o “De nuevo” o sea que el nuevo nacimiento no es una acción única, es continua y el común accionar de Dios. Dios es amigo de lo nuevo y siempre está haciendo algo nuevo. Lo que le quiere decir a Nicodemo es que para poder entrar al reino de Dios debe comenzar de nuevo. Lo viejo no sirve. Todos los días es un nuevo comienzo. (Jeremías 31:31, Ezequiel 18:31, 36:26), para citar algunos.

Nacimiento Ese nuevo inicio tiene como punto de partida a Jesús mismo. Ese con quien él está hablando. Es un nacimiento que viene directamente de Dios.

Muy sutilmente Jesús le está diciendo: La religiosidad puede mantenerte en oscuridad, pero exponerte a la luz de Cristo te lleva a la claridad. 

Nicodemo no entiende ¿Cómo que nacer dos veces? y Jesús sigue.

Agua: El antiguo orden de bautismos, rituales y purificaciones queda abolido. El agua nueva es el evangelio que transforma la vida y aparece en Juan en forma de vino nuevo. Ezequiel 36:25

Espíritu: Nacimiento producido por Dios.

Reino: Un nuevo orden basado en el evangelio. Isaías 9:7

Carne: El antiguo orden solo produce pecado, estimula el pecado.

Espíritu: El nuevo orden produce una nueva vida.

“No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; más ni sabes de dónde viene ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu”.

 “El mayor misterio del evangelio no es el castigo, sino el perdón del pecado: no la continuación natural del carácter, sino la regeneración individual.”

 “Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?”. Como conocedor de Ezequiel y Jeremías no podía ser ignorante.

 Ya Jesús le ha dicho tres veces “Es necesario nacer de nuevo” (3, 5 y 7).

 Un maestro de Israel en semejante oscuridad y confusión.

 Nicodemo representaba la muerte espiritual, las tinieblas y la ignorancia de una religiosidad sin esperanza. En contraste Jesús vino a dar vida y vida en abundancia.

 La religiosidad puede mantenerte en oscuridad, pero exponerte a la luz de Cristo te lleva a la claridad. 

De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?

 Diría que Jesús está un poco frustrado hasta este momento. Es tal la confusión mental de Nicodemo que le ha impedido entender.

 Jesús cambia el tercio. Comienza a hablar de su persona. Como la luz que vino al mundo. (Juan 1:5-9 y 3:19-21).

 Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo.

 En otras palabras: Nicodemo tú mismo has dicho que nadie puede hacer las señales que yo hago si no hubiera venido de Dios. Mi presencia aquí, el hecho de encarnarme, el hecho de hacerme hombre demuestra que lo que te estoy diciendo es la verdad.

 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.

 Jesús acude a la música de fondo.

 Siguiendo la instrucción de Dios, Moisés proveyó una serpiente de bronce sostenida por un mástil levantado para que los castigados pudieran verlo. Aquellos que lo miraban, vivían. Jesús sabía que era necesario que el Hijo del Hombre fuera levantado. La necesidad de la cruz es doble. La primera implica la clase de mundo al que vino Jesús. “La encarnación, bajo las circunstancias efectivas de la humanidad llevaba implícita consigo la necesidad de la pasión. La segunda es el amor que lo envió.

 Tal amor es la expresión de la naturaleza divina, un esfuerzo supremo para alcanzar y redimir a los perdidos que están bajo el aguijón y sentencia de muerte. La totalidad de la figura es una especie de paradoja que dice: Hay vida en la cruz, aunque ésta sea un instrumento de muerte.

 Y termina Jesús evangelizando a Nicodemo.

 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Esta es la primera mención del amor de Dios en este Evangelio. Es el tema dominante del libro, aunque no se dice mucho al respecto hasta el capítulo 13.

 Este es el amor que impulsa el interés hacia otros sin ningún pensamiento para sí. Es un amor dispuesto a arriesgarlo todo por la posibilidad del bien de la persona amada, un amor que no calcula el precio como demasiado grande si alguien más puede recibir beneficio. Indica que el acto del amor de Dios no tiene límite de tiempo mientras que, a la vez, es uno y completo. ¡Es el amor absoluto!

 Que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Las alternativas están planteadas. ¡Son vida y muerte! El Don de Dios ha hecho posible que el hombre haga su elección, la respuesta de fe. Los verbos pierdan y tenga están en diferentes tiempos en el original griego. El primero se encuentra en el aoristo y significa el haber sido exiliado de “una vez por todas” a las tinieblas de afuera. El segundo está en presente, indicando la vida eterna presente y permanente.

 Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. La palabra condenar debe ser traducida “juzgar”, y esto se aplica a los dos versículos siguientes. El propósito del Don de Dios no era conducir a los hombres al juicio sino a la salvación. Sin embargo, el juicio es inevitable y es el hombre el que lo trae sobre sí cuando se niega a aceptar el Don mediador y la expiación de Dios. “El hombre es libre para elegir el tormento sin Dios con preferencia a la felicidad en Dios, y, por decirlo así, tiene el derecho de ir al infierno.

 Ahora no es viejo y nuevo sino lo que pierdes o lo que ganas.

 En resumen:

 Nicodemo no entendía la nueva vida que representaba Jesús.

 Nicodemo no entendía la aparición de un nuevo orden que remplazaba al viejo.

 Jesús termina diciendo: Todo es cuestión de amor.

 RESONANCIA

 

1. Preguntas sin respuesta

 

-       Los ¿Por qué?

-       Los ¿Hasta cuándo?

-       Los ¿Por qué yo?

     Puede haber preguntas sin respuesta: Si.

 

2.  Preguntas con la respuesta equivocada

 Surgen cuando intento encontrar respuestas a las diferentes situaciones que enfrento en la vida.

 Sin embargo, las respuestas que yo mismo me doy carecen para mí del fundamento y de la lógica suficientes para justificar mis realidades.

Me lleva a exponer mis méritos como argumento para reclamarle a Dios.

 

3.   Preguntas de las que no entiendo la respuesta.

 Pueden surgir preguntas para las que creo no encontrar respuesta en la palabra. Puede ser tal mi confusión que me impide ver la respuesta. Puede que no entienda la respuesta porque es precisamente la que no quiero escuchar.

 

Que hacer en momentos así. Que hacer en momentos de confusión.

 

Volvamos al relato. (Que hizo Nicodemo).

 

-         Conversar largamente con Jesús.

 

Que hizo Jesús

  Le explico de varias formas. Lo nuevo y lo viejo, la serpiente en el desierto, lo que ganas o lo que pierdes. 

Lo último: Al final es una cuestión de amor. Si entendemos esto hallaremos la claridad que necesitamos.

Lo critico: Es un amor que invita al abandono. Si quieres pasa de mi esta copa, pero no se haga mi voluntad si no la tuya. Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Que quiero decir con esto. Cuando yo no puedo, cuando no tengo herramientas, cuando no tengo recursos, la única respuesta es abandonarme en los brazos amorosos de Dios, aquel que dio a su hijo para que muriera en una cruz por mí.

 CONCLUSION

 Hay verdades incuestionables.

 Jesús nos quiere dar una vida nueva. Él quiere llenar la tinaja de nuestro corazón con vino nuevo. Con gozo y con alegría.

 Nuestra tarea es renovarnos día a día.

 Aunque haya cosas que no entendamos podemos estar seguros de que él nos ama.

 Aunque haya preguntas sin respuesta podemos tener la confianza de abandonarnos en sus brazos.

Si profundizamos en una relación personal con el podemos hallar claridad.

 La religiosidad puede mantenerte en oscuridad, pero exponerte a la luz de Cristo te lleva a la claridad. 

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