lunes, 2 de enero de 2012

Gracia Divina VS Condena Humana

Tomo el titulo de un libro de Philip Yancey para expresar algunas cosas. Acaba de terminar un año, para algunos bueno, para otros regular y para muchos malo. Muchas áreas de la vida podrían evaluarse pero quiero delimitar esta reflexión a la vida espiritual. La fe se vive día a día y día a día hay que sostenerse y los cristianos sabemos con suficiencia lo que hay que hacer para permanecer en Cristo en victoria.

La pregunta entonces es: ¿El año que termino fue bueno, regular o malo?, ¿MI militancia fue genuina o de apariencia?.

En lo que respecta a la vida espiritual tenemos tres jueces en esencia. El primer Juez y quien a su vez nos da la mano para levantarnos si nos arrepentimos es el mismo Señor Jesús. Cuan indignos nos hemos sentido a veces. Tan indignos que optamos por alejarnos de El, cometiendo el más grave de los errores. Alejarnos de El también aleja la posibilidad de restauración. En este aspecto es la culpa y pensar que no hemos hecho nada para merecer su perdón es lo que nos hace distanciar del Señor. El segundo juez entonces, somos nosotros mismos. O nos sentimos demasiado culpables o ya nos hemos habituado tanto al pecado que ni nuestra conciencia nos reprende. El sentimiento de culpa nos quita el deseo de pedir perdón y de acercarnos a Dios. El último Juez es la gente, los hermanos en la fe y nuestra propia familia. Es común que nadie tenga misericordia de nosotros y nos condenen con toda severidad.

De estos tres jueces el único que tiene la gracia y la misericordia es el Señor Jesús, de quien nos alejamos por que pensamos que no hemos hecho lo suficiente o nos sentimos indignos olvidando que no hay nada que hacer, ya todo fue hecho en la cruz. Nosotros nos condenamos y la gente también nos condena.

Lo único que queda es confiar en su gracia, perdón y amor. Si tuvimos un año bueno, acerquémonos mas a Dios, intensifiquemos nuestra búsqueda y amemos y sirvamos al prójimo. Si tuvimos una año regular o malo, la gracia del Señor nos espera para que nos reconciliemos con Dios y empecemos de nuevo.

La gente me condena, yo me condeno, El Señor no me condena, quiere que me arrepienta y empiece a caminar con El como debe ser.

Cuando la mujer adultera fue puesta a los pies del Señor, ella esperaba el juicio sin misericordia y la gente esperaba lo mismo. Al final escucha estas palabras: Vete y no peques mas. Lo mismo nos dice el Señor en esta noche.

Dios les bendiga

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