lunes, 30 de abril de 2012

La Cultura De Lo Superficial

Día a día, nos volvemos más superficiales. La tendencia es a no profundizar en nada. Los estudiantes en su mayoría solo cumplen con el trabajo escolar para obtener una nota, sin embargo no profundizan el conocimiento para aprender. Las redes sociales en su mayoría se han convertido en espacios para lo superficial. Pregunto ¿De que se chatea?, ¿Qué de constructivo, de reflexivo, de profundo en los mensajes que se envían?. Las conversaciones en grupos de hombres o mujeres giran en torno a temas de poco fondo. La atmosfera sexual que respiramos nos induce a que los pensamientos y acciones estén orientados a conseguir sexo. Muchos trabajamos para luego malgastar, muchos trabajamos para dar una apariencia mayor de lo que realmente somos. Algunos vivimos para impresionar. Las secciones de farándula de los noticieros son las favoritas de muchos y ni que decir de los programas de chismes. En un país como el nuestro (Piense en su país), en donde hay violencia intrafamiliar (Quizás es su caso) y nadie presta atención hasta que pasa un tragedia, donde hay adicciones, donde hay matoneo en el colegio, matoneo en la oficina, maltratos verbales, intrigas, conspiraciones y demás manifestaciones de la maldad humana, masacres, etc, la mayoría pensamos en superficialidades. Nadie piensa en cambiar, en ser mejor hijo, en ser mejor padre, en ser mejor compañero de colegio, en ser mejor compañero de oficina, en ser mas ordenando en su vida, en amar de verdad, en ser fiel a su esposa o esposo, etc. La pregunta es: En este estado de casos y cosas, ¿Cuándo va a cambiar la sociedad en que vivimos?, ¿Cuándo vamos a construir en vez de destruir lo bueno que nos queda?. Y volviendo al tema del internet y las redes sociales, en donde las relaciones se han despersonalizado, Al extremo que nos queda a veces difícil relacionarnos persona a persona y es mas fácil ser amigos virtuales o hasta hijos virtuales, debido a que somos mas amables y mejores personas sentados frente a un computador y escribiendo en un teclado. Las fotos que se publican no muestran cuadros familiares, ni de buena y sana convivencia, sino de mujeres con el pecho semidescubierto o descubierto, hombres en ropa interior o al extremo de escenas e imágenes explicitas. Y en ningún momento he dicho que la internet y las redes sociales son malos, malo es el uso que se les da. Cambiando hacia el otro lado del tema, ¿Cuántos pensamos en construir, en restaurar, en ordenar la vida, en aprovechar el tiempo para edificar buenas relaciones, en contribuir a la armonía familiar?.

Si este es el escenario, ¿Qué se deja para lo espiritual?. De hecho vivimos una crisis en lo espiritual de proporciones mayúsculas. La mayoría de nosotros no tomamos en serio a Dios, eso si, lo mantenemos en nuestras conversaciones, en nuestra boca, lo mencionamos a cada rato y hasta hablamos un lenguaje “espiritual”, pero sin nada en el fondo del alma y el corazón. La superficialidad ha llegado a las iglesias como nunca en mi vida lo había visto y no estoy mencionando ningún culto en particular. Cuando vamos a una iglesia, a un templo, a un sitio de oración, a una reunión, a un grupo o local, somos los mas santos y devotos de la tierra pero cuando salimos somos tan perversos que como el niño de aquel cuento que era tan malo y lo castigaron enviándolo al infierno, poco después el diablo vino a poner las quejas por que le había quitado el tridente para jugar con el. ¿Cuánta apariencia?. Pregunto: ¿A quien engañamos?, ¿A Dios?, si creemos eso estamos equivocados. ¿A la gente que nos rodea?, tampoco. ¿A la Familia?, no. Nos engañamos a nosotros mismos. Pensando que estamos haciendo lo correcto vamos directamente a nuestra propia destrucción. Es el momento de hacer algo, de sentarnos y reflexionar, de mirar hacia dentro, de dejar de ser superficiales. De cambiar, DE BUSCAR A DIOS para que Él nos de la profundidad que necesitamos. Al inicio del siglo XXI muchos dijeron que este siglo era espiritual PERO LO QUE NO PREDIJERON FUE LA SUPERFICILIDAD DE ESA ESPIRITUALIDAD.

La buena noticia es que Dios ha extendido su paciencia, bondad y amor y no ha renunciado ni a ti ni a mí. Nos esta esperando aun con los brazos abiertos.

Dios les bendiga

jueves, 26 de abril de 2012

Foto Oficial de Langham Caribe

foto oficial

Esta es la foto oficial del inicio de las escuelitas de predicacion en la costa caribe colombiana y II Ciclo de Langham Predicacion en Colombia.

martes, 24 de abril de 2012

Iglesia y Sociedad en el Siglo XXI Por Jaume Llenas

Tenemos un problema

Quisiera comenzar con una frase: “Tenemos un problema”. Algunos pensarán que tenemos más de un problema, y puedo estar de acuerdo con ellos. Tenemos problemas en el interior de la Iglesia, en su propia espiritualidad. La Iglesia del siglo XXI tiene unas patologías específicas de nuestra época, puede que el deseo de conocer la Palabra de Dios esté disminuyendo, puede que el deseo de encontrarse con Dios en oración pase por momentos difíciles, estos son problemas reales que afectan a nuestras congregaciones y que no podemos despreciar, pero no son los únicos y, a veces, como evangélicos preferimos analizar sólo esta parte del problema. Estamos viviendo una situación grave en Europa, quizás también en el resto del mundo occidental. La caída de la asistencia a las iglesias tiene unas proporciones desconocidas, la falta de crecimiento es bien visible. Nunca había pasado algo así, nunca los seres humanos habían tenido una perspectiva secular de estas magnitudes hasta el día de hoy. Sin embargo, a nivel global la situación es distinta: nunca la iglesia había crecido tanto como en nuestros días. Está creciendo en todas las edades, creciendo en diversos contextos culturales, en medio de trasfondos religiosos distintos, tanto entre los católicos en América Latina, como entre musulmanes, como entre budistas, etc., está creciendo entre la persecución, etc. Nunca había habido tantos cristianos en el mundo como hoy, pero mañana habrá más que hoy. La iglesia no está en trance de desaparición sino en trance de llegar hasta lo último de la tierra. Esa es la perspectiva real. Lo que plantea dudas es si todos los modelos de cristianismo van a sobrevivir. No podemos dar una respuesta triunfalista sobre nuestro modelo de cristianismo. Todas las iglesias locales que aparecen en Apocalipsis, las buenas y las peores, todas ellas desaparecieron. Cuando una iglesia deja de servir al fin para el que fue creada, simplemente desaparece. Hasta que no asumimos que tenemos un problema no buscamos solución para él, hasta que no nos sentimos enfermos no vamos al médico y no nos tomamos la medicina. Deberíamos hacernos buenas preguntas: ¿Es mi modelo de cristianismo y el modelo de mi iglesia local el mismo modelo que Jesús diseñó para su iglesia? ¿Es mi forma de vivir atractiva y a la vez desafiante para la gente sin Dios que hay a mí alrededor? ¿Estoy siendo buenas noticias antes de predicar buenas noticias?

Poniéndole nombre a nuestro problema

El problema que enfrentamos en estos inicios del siglo XXI tiene un doble componente. El primero es exterior a la Iglesia, y es un conflicto cultural. El segundo es interior ala iglesia, y es la división entre lo sagrado y lo secular. Pasemos a analizarlos:

El conflicto cultural

El problema cultural de nuestras iglesias no es ya que no reflejen la cultura de la gente que no asiste a la iglesia, sino que han dejado de reflejar la cultura de la mayoría de miembros de nuestras iglesias. No se trata de que lo que hacen los de la calle sea pecado y de que nosotros tratemos de mantenernos en santidad. No es algo que tenga una cualidad moral contraria al evangelio. Es muy curioso ver a un grupo de creyentes ha-blando. Cuando hablan de hijos, de su trabajo, de sus aficiones, el lenguaje es lenguaje contemporáneo, si cambian de tema y comienzan a hablar de temas relacionados con su espiritualidad, con sus congregaciones locales, cambian el lenguaje y comienzan a usar expresiones trasnochadas, de hace un montón de años. Alguien dijo que los evangélicos hemos inventado el túnel del tiempo, porque cuando cruzas el umbral del local de la iglesia experimentas un viaje en el tiempo de 30, 40 ó 50 años atrás.

Nuestra forma de expresar el evangelio pertenece, en la mayoría de casos, a la modernidad. Una cosmovisión que comenzó a extinguirse en los años 70, cuando entró la postmodernidad a escena. Seguimos expresándonos en este sistema cultural porque hemos aprendido de nuestras tradiciones eclesiales a hacerlo así, y nos parece que esta forma de expresarse es más adecuada al evangelio, cuando en realidad el evangelio es una cosmovisión alternativa que es capaz de expresarse dentro de cada sistema cultural. La modernidad no tiene nada mejor que la postmodernidad. La respuesta a nuestro problema cultural no es volverse más y más a nuestras tradiciones eclesiales, no se trata de hundir nuestras raíces más profundamente en nuestros esquemas denominacionales, sino de hundir nuestras raíces en el evangelio de Jesucristo, que es capaz de expresarse de forma comprensible para los seres humanos de hoy, como lo ha sido en pasadas generaciones. Eso probablemente exige en nosotros cambios, adaptación de metodologías, nuevas formas de transmitir, cambios en el lenguaje, etc. Cuando la gente se siente atrapada, confundida, tiende a escapar, a regresar a sus esencias, es una marcha atrás. Buscamos seguridad en aquello que, en su momento, funcionó. Al hacer esto aún nos desconectamos más de nuestro contexto y nos hacemos más incomprensibles. La gente no necesita nuestras tradiciones, necesita a Jesucristo. Existe preocupación en la Biblia por la adaptación cultural? Algunos piensan que la Biblia no se ocupa de estos temas. Que está simplemente preocupada de cuestiones espirituales y que lo que hay que hacer es simplemente proclamar el Evangelio. Sin embargo, la Biblia está ocupada en darnos las pautas para que nuestro ministerio se adapte culturalmente y sea relevante. El texto que explica la teoría que Pablo sigue es 1ª Cor. 9:19-23. Pablo escribe a una iglesia que está en una ciudad en la que el pluralismo religioso, cultural, social, etc. Es una realidad. No hemos inventado nosotros el pluralismo. En estos cinco versículos se explican tres puntos importantes:

a. La disposición a adaptar nuestra forma de presentar el Evangelio a la cultura de la audiencia que nos escucha.

Pablo se hace judío a los judíos, gentil a los gentiles, débil para los débiles espirituales, es decir, aquellos que tienen problemas de conciencia, como explica en Romanos 14,etc. Su disponibilidad es total. “A todos me he hecho de todo”. Pablo es culturalmente flexible. No exige a sus oyentes que se adapten culturalmente a la forma en la que él está acostumbrado a pensar, o a proclamar el Evangelio. Probablemente le sería más fácil. Pero somos nosotros quienes tenemos que adaptarnos a ellos y no ellos a nosotros. ¿Por qué no lo hacemos? ¿Por qué tanta rigidez? ¿No será que, en muchas ocasiones, más que de fidelidades bíblicas, se trata de que no queremos hacer el esfuerzo de aprender nuevos sistemas de comunicación? Halamos idiomas distintos, pero insistimos en que ellos aprendan el nuestro en lugar de aprender el suyo.

b. La creencia profunda de que el cristianismo es una cosmovisión alternativa.

Pablo dice que a los que están bajo la ley, él se pone bajo la ley (a pesar de que él no está bajo la ley), y luego a los que están sin ley, él se sitúa en la posición del que no tiene ley (no estando sin ley). Pablo no está bajo la ley, y no está sin ley. Su posición es que está bajo la ley de Cristo, v. 21. De la misma forma, nosotros no estamos sujetos a ninguna cultura específica. No somos ni tradicionales, ni modernos, ni postmodernos, ya que el Evangelio es una cosmovisión alternativa o totalmente distinta a las demás y que nos explica el mundo en su complejidad. Por ello no podemos casarnos con ninguna cultura concreta. Nuestra aproximación a cualquier cultura debe de ser crítica, dispuestos a expresarse dentro de ella, pero no asumiendo todos sus valores. El cristiano tiene que establecer una diferencia entre ser postmoderno y ser sensible a la postmodernidad. Ser postmoderno es haber asumido todos los valores de la época en la que vivimos y hay muchas cosas inaceptables dentro de cada sistema cultural que los cristianos tenemos que discutir. El Evangelio siempre va a contracorriente en cualquier cultura que se exprese. Sin embargo, ser sensibles a la postmodernidad significa que, sin haber asumido todos los valores de esta cultura, somos capaces de expresar el evangelio eterno en términos comprensibles para la gente de hoy en día.

c. La razón de la necesidad de ser sensibles a la cultura.

Pablo la expone clarísimamente. En el vers. 19 lo dice con estas palabras: “... para ganar a mayor número”. En los vers. 20, 21 “... para ganar a los que están bajo la ley ... para ganar a los que están sin ley”. En el vers. 22 “...para que por todos los medios salve a algunos”. Pablo lo que nos dice es que cualquier adaptación cultural del verdadero Evangelio es necesaria si el fin es la salvación de los que no tienen a Cristo. No hay cosas demasiado grandes, ni esfuerzos demasiado intensos. Hay algo que justifica todo esfuerzo que es la salvación de los perdidos. ¿Compartimos este anhelo de Dios, que es el anhelo de Pablo? ¿Realmente estamos dispuestos a realizar cualquier cambio en nuestra forma de expresar el Evangelio para la salvación de los perdidos? Me da la sensación que no siempre la Iglesia española está dispuesta a hacer los cambios necesarios. Mucha gente está necesitando una doble conversión, a nuestra cultura eclesiástica, a nuestra jerga evangélica, a una subcultura evangélica formada por lenguaje, himnología, formas denominacionales, etc. y finalmente al Evangelio eterno. Y Pablo enfatiza en el vers. 23que no se ha dejado el Evangelio en el camino. Que no ha tenido que prescindir del Evangelio. “Y todo lo hago por amor del evangelio...” . “No hay cosa que ame más que el Evangelio, es por eso que lo predico de forma que sea comprensible a todo el mundo”. Esto debería marcar la dirección en la que se mueven nuestras iglesias, no hacia dentro, sino hacia fuera. ¿Para qué existimos? ¿Para nuestras actividades o para dar a conocer el evangelio eterno?

La división entre lo sagrado y lo secular

En el evangelio según San Mateo, Jesús nos presenta dos imágenes de la Iglesia. Por un lado, dice: Vosotros (en plural) sois una ciudad en un monte. Una ciudad en un monte no se puede esconder. Nadie alumbra una luz y la pone debajo de una medida. Esta imagen hace referencia al pueblo de Dios cuando está junto. No es la misma imagen que en el evangelio de Juan cuando habla de la luz en el mundo. Allí es una imagen de la luz dispersa, aquí en Mateo es una imagen de la luz que está situada junta, en un mismo lugar. Aquí hace referencia a lo que la gente ve cuando mira a la iglesia. Cómo es el testimonio de la iglesia local cuando esta está reunida, cómo son las relaciones entre ellos. A continuación, en Mateo, se nos habla de la imagen de la sal en el mundo. Eso nos hace referencia no a algo junto en un mismo lugar, sino a algo que está disperso. Ejerce su función sólo cuando está disperso. Cuando la sal está en el salero, junta, no cumple su función. Sólo la cumple cuando está dispersa y toca los alimentos que tiene que preservar. Somos iglesia tanto cuando estamos juntos reunidos como cuando estamos dispersos en nuestros trabajos. De hecho, somos mucho más efectivos cuando estamos dispersos. Por ello debería preocuparnos tanto o más saber cómo les va a los cristianos el lunes por la mañana que el domingo por la mañana. Los creyentes necesitan más capacitación para el lunes que para el domingo. Si miramos la primera imagen, nos habla acerca de cuán efectiva es la iglesia en la comunidad. Si la iglesia es lo que debe ser, tiene un gran efecto en la comunidad en la que está. Nuestra ciudad debería ser completamente distinta por el hecho de que la iglesia esté aquí. ¿Es eso cierto en el caso de nuestra congregación local? ¿Sería igual nuestra ciudad, si la iglesia no estuviera allí?. En muchas ocasiones la respuesta será que estamos teniendo un reducido impacto en nuestra comunidad local. En estas situaciones la Iglesia mira al mundo y le echa la culpa de lo que está pasando. En palabras de John Stott: “No puedes quejarte a la carne por corromperse. Eso es lo que la carne hace de natural. Tienes que quejarte a la sal por no haber estado ahí para preservarla”. Tenemos que preguntarnos por nuestra parte de responsabilidad: ¿Está la iglesia privatizando el evangelio? No se trata de que el mundo quiera encerrar el evangelio en nuestras iglesias y en nuestras casas. La pregunta es si nosotros hemos encerrado el evangelio. Con ello quiero preguntar si los cristianos normales llevan su cristianismo al terreno de lo público, a sus trabajos, vecindarios, escuelas y universidades, o si por el contrario lo sacan del armario para ir al culto del domingo por la mañana

El potencial que tenemos si sabemos romper la división sagrado-secular es muy grande. Podemos ser cristianos normales cumpliendo las eternas propuestas de Dios. Seas quien seas, sea lo que sea a lo que te estés dedicando, tú puedes hacer algo departe del Rey del Universo. Aún te diría más, debes hacerlo. De hecho, lo haces cada día, sea lo que sea lo que haces. Limpias una calle para el Rey del Universo, sonríes a la chica del mostrador para el Rey del Universo. Una vez le preguntaron a la tenista Martina Navratilova cuál era el secreto de su éxito. Ella contestó: “¿Sabes la diferencia entre compromiso y participación? ¿Cuál es la diferencia? Mira, piensa en unos huevos con bacon. El pollo está participando, el cerdo está comprometido”. Creo que parte del problema de la división sagrado-secular es que tenemos muchos “pollos” en la iglesia. Ellos ponen huevos, nos los traen y nosotros los usamos. Pero me parece que Dios quiere el compromiso del cerdo. El testimonio cristiano es global, todo el día, en todo lo que hacemos, porque el evangelio es global. Afecta a toda la vida, afecta a cada uno delos aspectos de lo que somos. La luz pasa através de cada uno de los pedazos de cristal de la vidriera. Afecta a nuestras mentes, a nuestros corazones, a nuestros cuerpos, porque así es como Dios manda que le amemos, con todo lo que somos.

(*) Jaume Llenas es abogado y Secretario General de la Alianza Evangélica Española. También forma parte de la Junta de la Alianza Evangélica Europea (EEA)

Necesitamos Mas Predicación Expositiva Por Haddon Robinson

El hombre que está en el púlpito enfrenta la apremiante tentación de entregar un mensaje diferente al de las Escrituras; un sistema político (de izquierda o de derecha), una teoría económica, una nueva filosofía religiosa, antiguos títulos religiosos, una tendencia sicológica.

Puede proclamar cualquier cosa con un tono de voz solemne, después de cantar los himnos. Pero... si no predica las Escrituras, pierde su autoridad.

Ya no confronta a sus oyentes con la Palabra de Dios, sino con la del hombre. Por eso es que mucha de la predicación moderna no produce otra cosa que un gran bostezo. Dios no está en ella.

Por eso la predicación bíblica no debe confundirse con “la antigua historia de Cristo y su amor”, como si se relataran tiempos mejores en los que Dios estaba vivo y activo.

El tipo de sermón que mejor transmite el poder de la autoridad divina es la predicación expositiva. Es cierto que la predicación expositiva sufre severamente en los púlpitos ocupados por hombres que afirman ser sus aliados. Pero no toda predicación expositiva se puede calificar ni de ni de . A pesar del daño ocasionado por los impostores, la verdadera predicación expositiva es respaldada por el poder del Dios vivo.

Entonces, ¿En qué consiste realmente la predicación expositiva? ¿Qué constituye tal predicación? ¿En qué se asemeja o difiere de otros tipos de predicación?

Definición de predicación expositiva

Definir es una tarea delicada. Predicar es un proceso vivo que involucra a Dios, al predicador y a la congregación, y ninguna definición puede pretender maniatar esa dinámica. Pero igualmente debemos intentar una definición que resulte: “La predicación expositiva es la comunicación de un concepto bíblico, derivado de, y transmitido de, un estudio histórico, gramatical y literario de cierto pasaje en su contexto que el Espíritu Santo aplica, primero a la personalidad y la experiencia del predicador, y luego, a través de éste, a sus oyentes”.

El pasaje gobierna al sermón

La teología tal vez nos proteja de los males ocultos en interpretaciones atomistas o estrechas. Pero también nos puede vendar los ojos para no ver el texto. En este enfoque del pasaje, el intérprete debe estar deseoso de revisar convicciones doctrinales y rechazar el juicio de maestros más respetados.

Tiene que dar una vuelta en  respecto a sus propias ideas acerca de la Biblia si entran en conflicto con los conceptos del escritor bíblico.
Adoptar esta actitud hacia las Escrituras exige tanto sencillez como delicadeza. Sus diamantes no están en la superficie para que los recojan como flores. Su riqueza sólo se extrae mediante un arduo trabajo intelectual y espiritual preliminar.

El expositor comunica un concepto

Aun cuando el predicador estudie los vocablos del texto, y hasta trate con ciertos términos al predicar, las palabras y las frases nunca deben convertirse en fines por sí mismas.
Las palabras son expresiones sin sentido hasta que se unen a otros términos para transmitir una idea. En nuestro acercamiento a la Biblia, pues, estamos interesados, principalmente, no en lo que las palabras individualmente significan, sino en lo que el escritor bíblico quiere decir con el uso de ellas.

Para expresarlo de otra manera, los conceptos de un pasaje no se entienden con sólo analizar las palabras separadamente. Un análisis gramatical, palabra por palabra, puede ser tan inútil o aburrido como leer un diccionario. Si un expositor procura entender la Biblia y comunicar su mensaje, debe hacerlo a través de las ideas.

El concepto proviene del texto

El énfasis en las ideas como la sustancia de la predicación expositiva de ninguna manera niega la importancia de la gramática y el lenguaje. La definición continúa explicando que en el sermón expositivo la idea deriva de, y se trasmite a través de, un estudio histórico, gramatical y literario del pasaje en su contexto.

Esto trata primero con la forma en que el predicador llega a su mensaje y, segundo, con la manera en que lo comunica. Ambas cosas implican analizar la gramática, la historia y las formas literarias. Al estudiar, el expositor busca el significado objetivo de un pasaje con la consabida comprensión del idioma, el trasfondo, y la organización del texto.

Luego, en el púlpito, comparte con la congregación, suficiente información obtenida de su estudio, para que el oyente pueda comprobar la interpretación por sí mismo. En definitiva, la autoridad tras la predicación no yace en el predicador, sino en el texto bíblico.

El concepto se aplica al expositor

Nuestra definición de predicación expositiva sigue diciendo que la verdad debe aplicarse “a la personalidad y a la experiencia del predicador”. Esto pone el trato de Dios con el predicador en el centro mismo del proceso.

Por mucho que quisiéramos que fuera de otro modo, el predicador no puede separarse del mensaje.

¿Quién no ha oído a algún consagrado hermano orar antes del sermón: “Esconde a nuestro pastor detrás de la cruz para que no lo veamos a él, sino a Jesús”? Elogiamos el espíritu de esa oración. Los hombres y las mujeres deben pasar a través del predicador y llegar hasta el Salvador. <¡O tal vez el Salvador debe pasar a través del predicador y llegar hasta la gente!>

Así como el expositor estudia su Biblia, el Espíritu Santo lo estudia a él. Cuando el hombre prepara sermones expositivos, Dios lo prepara a él. “La Biblia es el principal predicador para el expositor”.

En definitiva, Dios está más interesado en desarrollar mensajeros que mensaje, y como el Espíritu Santo confronta a los hombres, principalmente a través de la Biblia, el predicador debe aprender a escuchar a Dios antes de hablar en nombre de Él.

El concepto se aplica a los oyentes

El Espíritu Santo no sólo aplica esta verdad a la personalidad y la experiencia del que predica, sino también , a sus oyentes.

El expositor piensa en tres aspectos. Primero como exegeta, lucha con los significados del escritor bíblico. Luego, como hombre de Dios, batalla con la forma en que Él quiere cambiarlo personalmente. Por último, como predicador, reflexiona en lo que Dios quiere decirle a la congregación. 
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Este artículo ha sido tomado del libro:
La predicación bíblica
por Haddon W. Robinson

lunes, 23 de abril de 2012

Encontrando Culpables Por Joaquin Madera

1º. Samuel 15.21 “Mas el pueblo tomó del botín ovejas y bueyes, lo mejor de las cosas dedicadas al anatema, para ofrecer sacrificio al Señor tu Dios  en Gilgal.”

Hay un libro secular llamado “La culpa es de la vaca”. Es un libro que trata sobre moralejas y reflexiones para vivir responsablemente la vida. Cuenta el libro que un investigador procuró conocer porque en Colombia se producían productos de cuero muy costosos y de mala calidad. Al preguntarle al fabricante respondió que era culpa de los que procesaban el cuero, estos a su vez dijeron que el cuero era malo porque los ganaderos marcaban mucho al ganado, estos al ser preguntados dijeron que la culpa era de la vaca porque se restregaban en los alambres para aliviar las picaduras de las garrapatas. La conclusión del investigador fue: En Colombia se producen productos de cuero de mala calidad, porque sus vacas son estúpidas.

Otro de los problemas del pecado es la tendencia de encontrar culpables y no reconocer nuestra propia culpa. Saúl, es un digno representante de esta clase de gente. Noten como responde, yo hice lo que se me mando, pero el pueblo es el culpable porque fue quien trajo de lo mejor del botín, pero a mí no me pareció mala idea porque fue para ofrecer sacrificios a Dios. ¡Qué poco conocimiento tenía Saúl del Señor! ¿Cómo aceptaría Dios sacrificios de ovejas y vacas de un enemigo visceral de él? Recuerden que Dios había determinado borrar la memoria de Amalec, porque había atacado a los más débiles y cansados de su pueblo que acababan de salir de los azotes de los Egipcios.

Este problema no era nuevo en Saúl, en el capitulo 13.11 tomó la decisión de ofrecer sacrificios a Dios, sin esperar al profeta Samuel. Cuando este le reclama porque lo hizo, le echo la culpa al propio profeta cuando le dijo: Tú estabas demorando mucho y además el pueblo me estaba dejando solo. En otras palabras le dijo, ustedes son los culpables.

Eso se parece mucho a nuestra realidad, porque el cae con una mujer dice: “ella me provocó”, el que pelea dice: “el me buscó, bien merecido lo tiene”, “le recordé a su madre, porque él me recordó la mía”.

Desde la caída Adán culpó a la mujer, esta culpó a la serpiente. Esa mala costumbre de encontrar culpables sigue viva en el quehacer humano. Pero los hijos del reino, somos una nueva creación. Estamos llamados a reconocer nuestra culpa delante de Dios, para que él nos perdone.

Si no lo hacemos vamos a ser desechados por Dios, ya que no lo necesitamos a él, porque no somos culpables de nada, porque Dios no puede justificar o perdonar a quien no es culpable.

Para pensar: ¿Cuáles fallas has tenido y se las cargaste a otro? En la historia del inicio la culpa la tuvo la pobre vaca, que no supo defenderse.

EXPOSICION BÍBLICA DE Lucas 12:13-21 Dr. Haddon Robinson Primer taller Langham-Caribe, Coveñas – Colombia Abril 17-20 de 2012

IDEA BASICA:   “Tengan cuidado con la codicia, porque la vida del ser humano no consiste en la abundancia de sus posesiones.”

INTRODUCCIÓN:

Una de las dificultades del predicador es la pérdida de atención de los oyentes. Esto puede desanimar al mejor predicador. Aún Jesús tenía en su auditorio a personas que en realidad no le escuchaban. Una de estas ocasiones se relata en Lucas 12:13. Jesús está predicando sobre los grandes temas del tiempo y la eternidad ante un auditorio de miles (12:1).

Les está diciendo que si temen a Dios, no hay necesidad de temer a nada ni a nadie. En plena prédica, un hombre se abre paso a codazos entre la multitud y claramente interrumpe a Jesús en la mitad de su discurso, “Maestro, dile a mi hermano que parta conmigo la herencia”.

¿Qué problema tiene este hombre? A primera vista parece que su padre ha muerto. Probablemente es el hijo menor de la familia y su hermano el ejecutor de la herencia. Según Deuteronomio 21 el hermano menor heredaba la tercera parte de las propiedades del padre, pero este sujeto sintió que su hermano se demoraba demasiado en darle su parte, y dicha herencia llegó a ser la totalidad de su vida.

El sol nunca más daría calor como antes, ni las flores lucirían tan bellas hasta que su hermano le diera su justa porción. Aquí está en la mismísima presencia de Jesús, escuchando sus palabras y lo único que le viene a la mente es su herencia. Se ha convertido en obsesión, y una obsesión lejos de ser “magnifica”. De pronto busca que este popular rabino intervenga. “Maestro dile a mi hermano que parta la herencia conmigo”.

Jesús da una respuesta brusca, bordeando en ofensiva, “Hombre, quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?” Siglos atrás Moisés había intervenido en una pelea entre dos hebreos y uno de ellos le desafío: “¿Quién te a puso a ti como príncipe o juez sobre nosotros? (Ex 2:14).

Moisés quiso arreglar una disputa y fue rechazado por sus compatriotas. Aquí un compatriota quiere que Jesús intervenga para arreglar su caso y Jesús le rechaza. No era asunto de él.

Al decir esto, Jesús no estaba diciendo que esto no fuese competencia de nadie. Jesús sabía que en un mundo caído se requiere de jueces, abogados y cortes. Solo aclaraba que no le competía a él. No era la razón por la cual El había venido.

Luego Jesús se dirige a la multitud y les previene: “Mirad y guardaos de toda avaricia, porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”. (12:15).

La mayoría de las traducciones utilizan la palabra “codicia” porque quién entiende hoy en día la palabra avaricia? Muchas personas piensan que Moisés y Dios inventaron nuevas y muy buenas leyes e introdujeron lo de la avaricia para redondear la lista a diez.

Nosotros no la predicamos, ni nos arrepentimos de ella. Pero Jesús dice que tengamos cuidado, porque la vida no consiste en nuestras posesiones. Codicia es el deseo de tener más y más de lo que tenemos, ya que suficiente no es suficiente.

¿Y de qué cosas habla Jesús? Simplemente cosas. Cosas grandes y cosas chiquitas. Cosas para lucir, cosas para manejar, cosas en la cuales vivir. Tu vida no consiste de “cosas”.

Sin embargo una multitud de voces en nuestra sociedad nos dice que la vida sí consiste en tener cosas. Luego para rematar, Jesús les contó la historia de un hombre rico. Tenía todo. Era un terrateniente acomodado y sus cosechas producían otras cosechas más abundantes.

Era muy exitoso y admirado por todos en su comunidad. Era rico. Era industrioso. Era progresista.

Jesús nos relata la historia de la noche cuando este hombre recibió una visita inesperada. La escena demuestra la futilidad de vivir para tener más y más cosas.

En 12: 22-31 Jesús se vuelve hacia los discípulos y les habla: Si la vida no consiste en conseguir más y más cosas, en qué consiste?

Confía en el cuidado de Dios.

Da dos ejemplos de por qué ellos pueden confiar en el cuidado del Padre:

· Considerad las aves. Ellas no se angustian y Dios las cuida. (22-26)

· Considerad los lirios que Dios viste con hermosura. Si tu padre hace esto con una flor en el campo, no puedes tu confiar en el para la comida y el vestido?

De la misma manera que los paganos buscan cosas, nosotros debemos buscar primeramente su reino y todo lo demás se pondrá en su debido lugar.

CONCLUSIÓN: Es una estupidez dar tu vida por algo que no permanece, en vez de lo eterno.

martes, 3 de abril de 2012

La Popularización de Dios

Hoy más que nunca Dios se ha vuelto popular. Tan popular se ha vuelto Dios que en los días que se supone reflexionemos y conmemoremos la obra de su hijo Jesucristo en la cruz, la gente vacaciona y rumbea, todo esta bien mientras se tenga a Dios en la boca. Es común escuchar a la gente en general, usar un lenguaje donde la palabra Dios es pronunciada de manera frecuente. Es mas el lenguaje “cristiano” también se ha popularizado. Oímos, las frases: “Si Dios lo quiere así”, “Si es la voluntad de Dios”, “Dios te bendiga”, etc. Sin embargo y a pesar de lo anterior, el pronunciar la palabra Dios o usar un lenguaje “cristiano” no significa que el que lo habla sea cristiano (Y me aparto aquí del nombre que por denominación religiosa podamos tener). Para ilustrar un poco el tema, hace unos días asistí a una reunión de accionistas de una importante empresa. Al inicio el presidente de la Junta Directiva, expreso estas palabras: “Vamos a darle el primer lugar a quien lo merece” y seguidamente elevo una oración entregando a Dios la reunión. Cada vez que alguien opinaba o mencionaba a Dios (También frecuente entre los asistentes), el hombre decía “Amen” y se escuchaba con tal convicción que de no ser por lo que ocurrió después yo hubiera quedado convencido que en realidad era un discípulo del Señor. En un momento de la reunión, se dio un debate. Se debió hacer un receso para que la Junta Directiva hiciera unas consultas. Me acerque un poco al lugar donde estaban deliberando y escucho al presidente de la Junta, quien minutos antes le había dado la preeminencia a Dios e inclusive orado por la reunión, expresándose de sus contradictores y de lo que querían de la manera mas vulgar y grosera. De una vez vino a mi mente, la frase: “Dios se ha vuelto popular”, todo el mundo lo menciona, todo el mundo dice hacer su voluntad, todo el mundo dice que su vida esta en sus manos, pero todo eso que expresan son mentiras, nada mas alejado de la realidad. ¿De quien es la culpa?, ¿De quien es la responsabilidad?, ¿Sera que la gente esta engañada, que creen que por tener un lenguaje cristiano ya los son?, ¿Qué ha pasado?. Mis queridos hermanos y amigos, lamentablemente la respuesta no es nada buena para nosotros. Los responsables de tal popularización de Dios somos los predicadores. Aquellos que hemos rebajado a Dios y lo hemos puesto a servicio del hombre para que haga todo lo que este quiere dejando de lado la demanda de la consagración, de la obediencia, de la cruz. “Dios es mi llave, mi parcero” (Como se diría en Colombia), “Dios es mi cuate” (Como se diría en México), son frases que escuchamos en los pulpitos. Es el momento de volver al mensaje original, del “Evangelio popular” al “Evangelio verdadero”. Para terminar: “Cuando se predica el evangelio verdadero, Dios se vuelve impopular”, se vuelve impopular por que su mensaje y sus demandas van en contra de lo que la gente quiere. “Cuando Dios se vuelve popular es por que se esta predicando un evangelio falso”. ¿Cuál evangelio estamos predicando?.

Dios les bendiga