martes, 27 de diciembre de 2011

Comentario a Mateo 11:12- “El Reino Sufre Violencia y Los Violentos Lo Arrebatan”

El texto completo dice así: “Pero desde los días de Juan El Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan”.

Ayer escuche a alguien dándole una de las tantas interpretaciones a este texto. Solo quiero compartir el comentario que aparece en la Biblia Plenitud.

11.12 Arrebatado por fuerza, EL CONFLICTO Y EL REINO. Jesús se refiere a la «violencia» del reino. La singular construcción gramatical del texto no deja bien claro si el reino de Dios es objeto de la violencia, o si el reino avanza victorioso en medio de violentos conflictos y batallas espirituales. Pero esto último es lo que parece indicar el contexto. Las referencias de Jesús al estilo agresivo de Juan, y al controversial y milagroso ministerio de Elías, enseñan que el reino de Dios se abre paso con fuerza, violentando el status quo humano. Trasciende la «delicadeza» (v. 8) de los graves formalismos religiosos y no es un mero juego de muchachos (vv. 16, 17). Rehúsa «bailar al compás» de la música que mueve a la sociedad, la cual pretende hacer que la comunidad religiosa provea entretenimiento («os tocamos flauta») o tradicionalismo muerto («os endechamos»).

Jesús define la «violenta» expansión de su reino al hablar de la «espada» y el «fuego», símbolos del combate político o militar (compárense Mt 10.34–39 y Lc 12.49–53 con Jn 18.36). El trastorno ocasionado por el reino de Dios no obedece a una provocación política o una invasión militar; es consecuencia de la sacudida que el orden de Dios provoca en las relaciones sociales, las familias, ciudades y naciones, debido a la manifestación del Espíritu Santo en la vida de la gente (véase también Lc 16.16).

(Lc 4.1–12/Col 2.13–15) J.W.H.

Dios les bendiga

sábado, 24 de diciembre de 2011

Navidad Es Cambio

Por tradición, el mundo cristiano celebra hoy un año mas del natalicio de Jesús. En realidad las fechas no concuerdan y según los estudiosos Jesús nació en el intervalo de días comprendido entre finales de Marzo y principios de Abril. Independientemente de esta observación, quiero mencionar las dos razones principales por las que Jesús se hizo hombre. En primer lugar Jesús tuvo como misión salvar a la humanidad, proveer un medio para que el hombre se reconciliara con Dios luego de la caída en Edén. Eso es lo que tiene que ver con lo eterno. En segundo lugar, Jesús vino a la tierra a proveer y promover el estilo de vida o la forma de vivir que el hombre debía llevar luego de aceptar la salvación que Dios esta regalando en El. Las dos cosas están íntimamente relacionadas. No hay una sin la otra. No hay salvación sin cambio de vida y no hay cambio de vida si no has aceptado a Cristo para ser salvo. En este sentido, la celebración de la navidad debería traer consigo la reflexión intima y personal acerca de cuanto ha cambiado mi vida desde que lo conocí, de que tan diferente soy desde que lo sigo. Día a día me sorprendo al ver hasta donde ha llegado el ser humano (sea hombre o mujer). Es muy común encontrar en la gente sentimientos de rencor, odio, envidia, mezquindad, egoísmo y maldad. Intrigas, conspiraciones y chismes. El escenario puede ser cualquiera, el trabajo, el hogar, la familia, etc, siendo lo peor que el mayor daño se lo causa así mismo quien tiene estos sentimientos malsanos y estas actitudes dañinas. Muchas familias se reúnen hoy (los que tenemos el privilegio de tener una), y es la voluntad de Dios que tu y yo seamos instrumentos y agentes de unidad, de amor, de paz, de compañerismo, de solidaridad y de tolerancia. Navidad es cambio, oremos al Señor en este día y digamos juntos: “Señor, gracias por salvarme, gracias por cambiarme, gracias por la familia que me diste, gracias por la Iglesia en la que me ubicaste. Solo quiero pedirte en este momento que quiero seguir en este proceso de cambio, quiero ser mejor cristiano, quiero ser mejor persona, quiero honrarte con mi vida y quiero serte fiel hasta el ultimo memento de mi vida y que hoy sea un instrumento tuyo para bendecir a alguien que no tenga que compartir, que no tenga que comer, que no tenga que vestir. Señor toca cada día mi corazón para que Jesús crezca y yo mengue, en tu nombre, amen”.

Para todos ustedes una feliz navidad, disfruten en familia.

Dios les bendiga

domingo, 11 de diciembre de 2011

Señales Antes Del Fin (Mateo 24)

El tema del fin del mundo siempre ha estado en boca de la gente. Todos los días, las señales que Jesús enumero en Mateo 24 aparecen en la escena mundial de una u otra manera. ¿Cuáles son esas señales?

1. Falsos Maestros y Profetas (4-5,11,23-26)

2. Guerras y rumores de guerras (6-7a)

3. Hambre y enfermedades (7b)

4. Terremotos (Desastres Naturales, 7b)

5. Persecución de la Iglesia (9)

6. Crisis de Fe (10)

7. Crisis en el Amor (12)

En primer lugar quiero decir que es y ha sido imposible atraves de la historia (luego de la resurrección de Cristo), predecir el fin del mundo. La razón es sencilla. Estas señales siempre han estado presentes, han sido constantes durante los últimos 2.011 años. La historia corrobora que a los pocos días de haber resucitado el Señor, ya habían falsos maestros y profetas, las guerras y rumores de guerra eran constantes desde la antigüedad (La destrucción de Jerusalén también mencionada en Mateo 24, fue un acto de guerra), el hambre la ha padecido la humanidad durante la historia como consecuencia de las guerras y el egoísmo (falta de amor) de los hombres, las pestes y las enfermedades siempre han estado ahí, los desastres naturales los ha sufrido la humanidad desde sus inicios, la Iglesia ha sido perseguida de una u otra manera (Hoy hay zonas en el mundo donde hay persecución), las crisis de fe ante todo lo que ocurre son comunes y la crisis en el amor o la falta de amor ha sido evidente y lo es hoy también.

Es por eso que durante estos 2.011 años no se ha dejado de hablar del fin del mundo. ¿Qué hace a nuestro tiempo diferente a los otros?. La respuesta es nada. Si revisamos la lista de señales, nos damos cuenta que Dios no las produce. El hombre y su maldad es el principal generador de las señales descritas en Mateo 24. Aun los desastres naturales que estamos viviendo los hemos causado nosotros. (El invierno que vivimos a causa del fenómeno de la niña y que ha dejado a tantas familias damnificadas por ejemplo). El hombre fue creado inmortal, Adán y Eva pecaron y entro la muerte. Sin embargo antes del diluvio, el hombre tuvo condiciones de vida tan excepcionales que uno casi alcanzo los mil años de vida (Matusalén). Por la maldad del hombre vino el diluvio y esas condiciones de vida se perdieron. Desde allí se ha venido deteriorando el medio ambiente hasta reducir la expectativa de vida a unos 70 u 80 años.

Luego del diluvio, Dios prometió no destruir más a la humanidad y como señal de su pacto nos dio el arco iris al que vemos después de llover. Por eso es que creo en la posibilidad de que no es Dios quien va a acabar con el mundo como muchos creen. Es el mismo hombre quien está acabando con su mundo sin pensar que le va a legar a sus descendientes. Para que tanta ambición, el dinero no les va dar la eternidad. En cambio están deteriorando y destruyendo el mundo que verán las generaciones venideras y en el cual será mucho más difícil vivir y sobrevivir.

Por eso los que hablan del fin del mundo y aun los que se atreven a dar fechas desvarían. No hay forma. Mucho menos creo que los mayas nos hayan dado la fecha correcta.

Lo único en que la Iglesia debe perseverar es en la predicación del evangelio. Eso sí, sin pensar en la utopía que nos venden algunos predicadores de que todo el mundo se va a convertir con el metodo0 o revelación exclusiva que Dios les dio. La Biblia no dice en ningún lado que el mundo se va a convertir. El deseo de Dios es que todo el mundo se convierta pero eso no garantiza que todo el mundo lo vaya a hacer. Lo único que puede detener esta frenética locura del hombre y su maldad es la predicación del evangelio. De ahí que la responsabilidad de la Iglesia con la humanidad no se puede calificar ni cuantificar. Predicar el evangelio y predicarlo bien, enseñar las Escrituras y hacerlo bien, es lo que va a traer cambio a la humanidad y a detener un poco esta carrera hacia la destrucción. Por esos Jesús hace énfasis en los falsos maestros y falsos profetas. Ellos son los que desvían al pueblo, a la gente de la verdadera senda que hay que seguir. Desafortunadamente las señales, los prodigios y milagros nos obnubilan y creemos que ellos les dan autenticidad a los falsos maestros y profetas y no es así. La Iglesia de Cristo debe asumir su rol con autenticidad, con seriedad, con prudencia y sabiduría pero sobretodo con testimonio. Iglesia llego la hora de tu mayor contribución a la humanidad. Predica, pero hazlo como debe ser.

Dios les bendiga

lunes, 5 de diciembre de 2011

Reflexión Sobre el Dolor y Sufrimiento

Comparto con ustedes esta reflexión luego de una semana donde la Iglesia local de la que soy miembro fue sacudida por la muerte de dos hermanos a los que despedimos en un intervalo de cuatro días. Hace un poco más de un año habíamos dado el último adiós a un gran hermano y amigo. No les voy a negar que estamos adoloridos y que pasara un tiempo para que nos recuperemos de este episodio de valle de sombre de muerte por donde hemos pasado. La semana pasada compartí con ustedes “Gozo en medio del sufrimiento” cuando ya estábamos en las dos situaciones pero sin desenlace.

¿Que nos queda a nosotros de todo esto?.

Muchos nos preguntamos el porqué de la muerte de la gente buena y la primera respuesta es que Dios en su soberanía así lo decidió y Él sabe las razones. El y la historia nos darán la respuesta. La segunda es que la muerte es una realidad que todos tendremos algún día que enfrentar.

¿Qué podemos aprender de todo esto?.

En primer lugar lo que nos dice Dios atraves de este tipo de circunstancias es que todos tenemos que estar preparados para partir en cualquier momento de la vida. Esa preparación tiene que ver con una vida de santidad, consagración, obediencia, devoción, adoración y entrega al Señor. Vivir este tipo de vida nos dará la seguridad y tranquilidad de que al momento de nuestra partida iremos al Reino de los Cielos, a estar con Él, a su presencia.

En segundo lugar, el dolor une. El dolor y el sufrimiento producen unidad en la Iglesia. La unidad que en condiciones normales sacrificamos por pequeñeces y nimiedades que no valen la pena. Podemos tener buen ambiente, buena comunión sin unidad. Esa es una de nuestras paradojas. Los hermanos que sufren deben sentir y tener el apoyo de una comunidad que los respalda. En la carta a los Colosenses la Palabra nos enseña que debemos amarnos, soportarnos y tolerarnos.

En tercer lugar, el dolor y el sufrimiento hacen que brote el amor que en circunstancias normales no se expresa. Qué difícil es para nosotros expresar amor. Dios nos dice que amemos al prójimo como a nosotros mismos. Dios nos está llamando a amar sin condiciones y de la misma manera que Cristo no amo a nosotros. El apóstol Juan escribe: “El amor cubrirá multitud de pecados”.

En cuarto y último lugar, el dolor forja la Iglesia, el dolor debe traer crecimiento y madurez a la Iglesia. Crecimiento en la consagración, en la unidad y en el amor. Si no es así el dolor y el sufrimiento habrán sido en vano.

Adoramos a Dios por su amor, fidelidad y misericordia. El dolor y el sufrimiento no pueden superar la fe.

El apóstol Pablo dijo: “Prosigo a la meta, dejando lo que queda atrás”.

Dios les bendiga

jueves, 1 de diciembre de 2011

Libros, Libros y Mas Libros

Todos los días se publican libros y de los más diversos temas. La literatura cristiana no es ajena a la variedad de temas que se abordan. Sin embargo, se nota a simple vista que el interés tanto del autor como de la editorial es pegar con una publicación de tal manera que esta se convierta en un éxito de librería. Llama la atención lo prolífico de algunos autores sean estos hombres o mujeres. Libros, libros y más libros salen a la venta todos los días y la gente los compra por montones. Los compran porque el autor es un predicador famoso, los compran porque el tema los obsesiona, los compran por la campaña de marketing les hace sentir lo indispensable que es para su vida leerlo y muchos motivos más. Me hago una pregunta: ¿A quién le importa el contenido del libro?, ¿A quién le importa si lo que dice el libro es verdad o mentira?. Por una lado, a la mayoría de las editoriales les importa el lucro. Algunas de las editoriales cristianas más reconocidas son propiedad de empresarios a los que no les importa la vida espiritual de los lectores sino los beneficios que obtengan de la venta de los libros. A Muchos autores “cristianos”, les importa mantener un mercado cautivo y adicto a sus libros y por eso sacan libros en serie. Por ultimo: ¿A quién le importa que el libro edifique y de verdad produzca crecimiento espiritual y de madurez al creyente que lo lee?. Me atrevería decir que a nadie. Ni siquiera al mismo autor. Si en verdad el que escribe el libro estuviera interesado en su lector cuidaría lo que escribe. Desafortunadamente nos hemos dejado cegar por el “boom de la fe” (Leer: “Y donde está el discernimiento”, http://www.bereanocomprueba.blogspot.com/2011/11/y-donde-esta-el-discernimiento.html). Por último, como puedo escoger y saber qué tipo de literatura debo leer. He aquí algunas preguntas:

1. El libro que voy a leer o leí me enseña algo de Dios?

2. El libro que voy a leer o leí me acerca más a Dios?

3. El libro que voy a leer o leí exalta la obra de Cristo?. Hay libros que se tratan de la obra del diablo. ¿Y eso de que me sirve?.

4. El libro que voy a leer o leí me confronta y me exhorta a ser mejor cristiano?

5. El libro que voy a leer o leí me ayudo a madurar en la fe?

6. El libro que voy a leer o leí me ayudo a consagrarme más a Dios?

7. El libro que voy a leer o leí me ayudo a practicar mi fe de manera visible?

Podemos evaluar el tipo de literatura que hemos leído hasta hoy con estas preguntas. Si la respuesta a ellas es no, cambie de autores y de tipo de literatura. Con todo respeto, la mayoría de los libros “cristianos” que usted encuentra en las librerías no edifica, es mas muchos nos distraen y nos estancan. Que Dios nos ayude.

Un abrazo

sábado, 26 de noviembre de 2011

Gozo En Medio Del Sufrimiento Filipenses 1:29-30

Introducción:

Hoy quiero tomarme una licencia y salirme un poco de la ortodoxia. Quiero conversar con la Iglesia. Aclaro que tampoco quiero establecer una teología sobre el sufrimiento sino disertar o hablar un poco sobre como aliviar el dolor que produce.

Comencemos por preguntar: ¿A quién le gusta sufrir?. A nadie

Este es un tema que es extraño que se toque en las Iglesias. Algunos dirán o pensaran que habiendo tanto tema en la Biblia se hable del sufrimiento. Saben una cosa: Lo podemos ignorar pero estamos rodeados de él y algunos lo estamos viviendo.

Pablo escribe esta carta desde la cárcel en Roma y a pesar de las circunstancias que estaba viviendo que eran las mismas de la Iglesia de Filipos, la carta está llena de invitaciones a tener gozo.

El gozo se define aquí como la alegría por sufrir por la causa del Señor. Los cristianos del siglo I sufrían persecución y violencia. Aun así ellos se consideraban indignos del martirio.

La humanidad siempre le ha huido al sufrimiento.

En Colombia mucha gente sufre violencia por zonas. En cambio países como México viven una violencia generalizada. Oremos por ellos.

Nosotros no experimentamos este tipo de sufrimientos, sin embargo sufrimos por otras cosas y nos cuestiona.

¿Por qué pasamos por tal o cual situación si estamos con Dios?. Buscamos explicaciones lógicas y razonables y no las encontramos. Cuando nuestra mente no entiende es donde comienza la fe.

Debemos entender que el evangelio no es la vía de escape al sufrimiento. El evangelio más bien nos prepara y capacita para pasar y salir victoriosos permaneciendo firmes en el Señor. Pablo refiriéndose al caso específico de la economía lo expresa claramente en Fil 4:12-13.

En el maravilloso libro: “Jesús responde a Job” del escritor inglés Campbell Morgan, el muestra como todos los interrogantes de Job encuentran respuesta en Jesús. Miremos uno solo. En Job 9:33 Job pide un árbitro. En 1 de Tim 2:5 encontramos a Jesús como respuesta. Job no tenía a Jesús nosotros sí. En Jesús esta toda la suficiencia de Dios. En El están todas las respuestas.

Uno de los problemas de hoy radica en el tipo de mensajes que escuchamos. Hace unos 15 años se vienen predicando mensajes que no preparan al creyente para el camino de la fe, sino mensajes superficiales que nada tiene que ver con el evangelio de Cristo.

Tres aspectos para tener en cuenta en medio del sufrimiento y que traerán gozo al corazón además de un profundo alivio.

I. Cuando en cualquier circunstancia nos comportamos de una manera digna del evangelio de Cristo. Fil 1:27

En otras palabras cuando nuestra vida cristiana, cuando nuestra conducta, cunado nuestra vida devocional, cunado nuestra vida en comunidad no depende de las circunstancias que nos rodean sean estas buenas o malas. Somos los mismos en cualquier circunstancia.

El sufrimiento se hace más ligero, más liviano si estamos viviendo de acuerdo a los principios de Dios.

Reflexionemos por un momento:

Si a nuestro sufrimiento le añadimos una vida que no está caminando bien con Dios, el sufrimiento se multiplica. Y eso es lo que nos pasa muchas veces.

Ahora no ubiquemos el sufrimiento en sus formas más extremas.

Hay muchos tipos de sufrimiento. Para algunos situaciones serán más graves que otras, o al contario lo que para nosotros no es grave para otros si lo es.

Esto tiene que ver con el carácter de cada cual.

Hay dos formas de enfrentar el sufrimiento:

Caminando bien con el Señor, teniendo una buena vida devocional y viviendo de acuerdo al evangelio o alejados de su presencia, añadiendo a nuestro sufrimiento la lucha con el pecado y la tentación. De hecho estar alejado de Dios ya trae sufrimiento.

Si nos enfrentamos al sufrimiento andando como es digno del evangelio de Cristo entonces habrá gozo y descanso en nuestro corazón. Fil 4:4-7.

Ahora: El problema es que muchas veces enfrentamos el sufrimiento alejados de Dios porque e alejarnos de Él es nuestra forma de protestarle a Dios por nuestro sufrimiento y lo que hacemos es empeorar la situación. Lo anterior no es correcto.

“Cuando estamos caminando bien con el Señor es más fácil pasar por el sufrimiento”.

II. Cuando contamos con una comunidad firme, unida y combativa. Fil 1:27

Una Iglesia es firme cuando permanece en la fe. Una Iglesia es firme cuando todos jalan para el mismo lado, una iglesia es firme cuando todos sus integrantes tienen los mismos objetivos, una Iglesia es firme cuando hay identidad de pensamiento. Lo anterior produce solidaridad en los miembros.

Muchas veces ni nos enteramos del sufrimiento de los hermanos por andar buscando nuestros propios objetivos. Tratamos de que la Iglesia camine por donde nosotros queremos y perdemos el sentido de comunidad.

Por otra parte estamos los que no compartimos nuestro sufrimiento porque no nos sentimos identificados con la comunidad en la que estamos.

Responda estas preguntas en su corazón con toda honestidad. ¿Se siente usted miembro de esta comunidad?. ¿Se comporta Ud como un miembro de esta comunidad?. ¿Se siente con toda libertad de compartir lo que le está sucediendo con los hermanos?, o nunca ha tenido la oportunidad de hablar con alguien y está pidiendo gritos que alguien le preste su hombro para llorar. ¿Qué tal usted sufriendo, pasando por una situación difícil en medio de una comunidad de la que no se siente miembro?.

Una forma de saber si se siente miembro de esta comunidad es su actitud hacia el liderazgo y los hermanos. Si es una actitud de constante crítica, no solo se siente mejor que sus hermanos sino que también no se siente parte de ellos.

Una Iglesia es unida cuando en el corazón hay sinceridad, transparencia y honestidad para con mis hermanos. Hay una unidad desde lo profundo del alma que nos permite caminar juntos. Cuando esto sucede no tengo miedo de expresar mi sufrimiento porque sé que no voy a ser cuestionado sino ayudado.

Una iglesia es combativa cuando sabe trabajar en equipo. Cuando sabe ser un ejército. Un buen soldado nunca deja a su compañero herido en combate, lo busca y lo carga. Lo agarra y lo levanta. ¿Cuántos heridos en el camino?. Pregunto: ¿A cuántos hemos ayudado?. Es ayuda sin condiciones. No rematemos a nuestros heridos.

Cuando hacemos parte de una comunidad firme, unida y combativa, encontramos fuerzas, encontramos coraje, encontramos el gozo de pertenecer a una comunidad que va para el mismo lado.

¿Cuántos estamos como el llanero solitario?. Con dudas, con tormentas en nuestra mente, enredados con tanta filosofía barata, con tanto humanismo, manejados y manipulados por la propaganda, enredados en nuestros problemas. ¿Por qué no acudimos a nadie?. Por temor a decir las cosas, por la falta de confidencialidad, por la soberbia de los hermanos, por la religiosidad de los hermanos.

Aprendamos a ser una comunidad firme, unida y combativa.

“Cuando en medio del sufrimiento contamos con una Iglesia que nos respalda hay gozo en el corazón”. Fil 1:3-4. La iglesia de Filipos apoyo a Pablo con lo poco que podía y eso un fue motivo de mayor alegría.

III. Cuando no vemos el sufrimiento como una catástrofe sino como un privilegio. Fil 1:29.

Para Pablo la forma en que los cristianos enfrentan el sufrimiento es testimonio para los enemigos de la fe. Si se enfrenta con valentía, con gozo, con decisión es testimonio en contra de ellos y les está mostrando su fin. Nada de intimidación. Y aquí el riesgo era el de morir.

Pablo le dice a la Iglesia de Filipos: “Por qué a ustedes se les ha concedido el privilegio de sufrir”.

1 de Pedro 4:12-19

No se sorprendan por la prueba, por el sufrimiento.

Más bien alégrense.

“Si tú que eres Justo sufres lo único que puedes hacer es entregar la situación en manos de Dios y dejar tu destino bajo el designio de su voluntad”.

“El sufrimiento es usado por Dios para formar el carácter”. Es una herramienta pedagógica que Dios aprovecha.

Pero que Dios tan malo. “Dios no lo envía, lo permite”. Pero eso es peor. El caso de la muerte de la niña de 10 años.

A Job el sufrimiento le sirvió para conocer a Dios. Job 42:1-5

A Pablo igual: Fil 3:8-10

1 de Pedro 1:3-9

El sufrir por la fe es un privilegio porque me acerca más a Él. A conocerlo mejor, me permite crecer y desarrollar mi fe.

De hecho seguir a Cristo ya es sufrir una perdida: La de mi vida y tomar una decisión que también conlleva sufrir: Tomar la Cruz.

Conclusión:

Como es que hallamos gozo y descanso en medio del sufrimiento:

1. Caminando como es digno del evangelio.

2. Con el respaldo de una comunidad firme, unida y combativa

3. Ver el sufrimiento como un privilegio.

La otra opción es alejarnos de Dios, de la Iglesia y deprimirnos.

Dios les bendiga

miércoles, 23 de noviembre de 2011

¿Y dónde está el discernimiento?

Emulando a las grandes comedias de Hollywood cuyo título formulaba una pregunta para significar la ausencia de algo o de alguien y comunicar la idea de descontrol y de caos que en últimas terminaba en las situaciones más cómicas y disparatadas, hacemos la pregunta: ¿Y dónde está el discernimiento?.

Quiero definir en pocas palabras lo que es discernimiento desde dos puntos de vista, el general y el que aparece en las Escrituras como un don dado por Dios y que es inherente a todos los creyentes.

En general, discernimiento es el juicio atraves del cual podemos diferenciar una cosa de otra. Lo anterior implica tener criterio, tener elementos suficientes para dar una opinión propia y final al respecto. En el caso de lo moral los criterios son proporcionados por los principios. En segundo lugar, las Escrituras nos hablan del discernimiento como la capacidad o don que Dios da para que los creyentes hagamos diferencia entre el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto. En el caso de las diez vírgenes y para poner un ejemplo práctico, las 5 sensatas discernieron bien lo que podía pasar y no prestaron su aceite.

Si echamos un vistazo a la Iglesia de hoy, encontramos un liderazgo sin norte y un rebaño sin rumbo. La razón es sencilla: Hemos remplazado los principios bíblicos por falacias, sueños, visiones y fantasías que nada tienen que ver con la verdad bíblica. El resultado: Un pueblo, unos creyentes que ya no apelan a las Escrituras para evaluar sino que es un pueblo místico y sin ningún parámetro para juzgar. De lo anterior resulta que se perdió el discernimiento. No hay como juzgar. Todo lo que se oye, todo lo que se lee (Con la ayuda de los medios y del marketing que se ha tomado el evangelio), no se pone en duda. Lo anterior ha dado lugar a las más locas y disparatadas situaciones, declaraciones, sueños, visiones y profecías de la más diversa índole que en vez de bendecir y atraer a los incrédulos ha dado lugar a la burla y al descredito de la fe. Es hora de volver a Dios, a las Escrituras y a recuperar el discernimiento perdido porque de lo contrario cada día seguiremos siendo protagonistas de nuestra propia comedia de la fe.

Dios les bendiga

lunes, 14 de noviembre de 2011

Predicaciones de Adrián Rogers en Audio (1 parte)

Les comparto parte del legado del inolvidable Pastor Adrián Rogers.

El archivo contiene los siguientes mensajes, 11 en total y 8 temas:

1. Su amigable enemigo

2. Como vivir los últimos tiempos

3. Cuando todos lleguemos al cielo

4. La verdadera salvación I y II

5. El legado del amor I y II

6. Como estar absolutamente seguro

7. Se necesita a Dios para establecer un hogar

8. Aprendiendo a adorar en familia

Link: http://www.megaupload.com/?d=1AS7MWN0

El Pastor Adrián Rogers nació en West Palm Beach, Florida, y decidió ingresar al ministerio cristiano a la edad de 19 años. Fue ordenado por la Iglesia Bautista de Northwood en West Palm Beach. En 1972 llegó a ocupar cargos de relevancia en la Iglesia bautista de Bellevue en Memphis, donde permaneció hasta marzo de 2005. Durante este periodo el número de miembros de su iglesia creció de 9,000 a 29,000.

Publicó 18 libros y grabó programas de radio y televisión llamados El amor que vale (en inglés Love Worth finding). Estos programas se han emitido en inglés y español.

En noviembre de 2005, Rogers contrajo una neumonía en ambos pulmones como consecuencia de tratamientos para luchar contra el cáncer de colon y murió tras un período de auxilios por medio de respiración artificial a la edad de 74 años. (Fuente: Wikipedia)

Espere próximamente la Biblioteca Digital

sábado, 12 de noviembre de 2011

Contexto y Mensaje Del Libro De Amos Por El Dr Cosme Damián Vivas Valencia

Les invito a escuchar, aprender y reflexionar sobre esta dos conferencias basada en el libro de Amos. Pueden descargarlas en:

http://www.megaupload.com/?d=UIKX12G1

El Dr Cosme Damián Vivas Valencia tiene un doctorado en antiguo testamento y actualmente dirige el equipo de traductores de la Sociedad Bíblica Colombiana.

lunes, 7 de noviembre de 2011

¿Cual Es El Culto Que Agrada A Dios? Conferencia por el Dr Cosme Damián Vivas Valencia

Les invito a escuchar y reflexionar sobre esta conferencia basada en el libro de Amos. Pueden descargarla en:

http://www.megaupload.com/?d=65NLOW5O

 

El Dr Cosme Damián Vivas Valencia tiene un doctorado en antiguo testamento y actualmente dirige el equipo de traductores de la Sociedad Bíblica Colombiana.

viernes, 28 de octubre de 2011

Plan B

¿Qué es Plan B?

Es un plan de estudios sugerido para llevar a cabo en tres años compuesto por 23 libros. Está dirigido principalmente a laicos que quieran preparase para servir mejor a su Señor (No damos certificado) y de igual manera lo pueden hacer lideres o pastores que así lo deseen. El objetivo principal de Plan B es proveer a todos aquellos que por tiempo, dinero un oportunidad no puedan estar en un seminario o instituto bíblico del conocimiento básico a fin de que en el ejercicio de la predicación, al final no solo expongan bien la Palabra sino que cuenten con el contenido, con el fondo, con el sustento para sus mensajes. La premisa que nos debe guiar es que nada remplaza a las Escrituras, por lo tanto todos estos textos que se sugieren deben ser estudiados a partir de la misma y no hacer una simple lectura de los mismos. 

Muchos de nosotros hemos predicado por años y contamos con algo de experiencia. Ahora de lo que se trata es de prepararnos mejor teniendo como aliados a la disciplina y la dedicación. Cada uno controla y maneja su tiempo. La meta es poder dedicarle seis horas semanales a Plan B e indefectiblemente cultivar y sostener una vida devocional.

Una de las ventajas de Plan B es que todos los textos estarán disponibles para descargar de internet. De hecho la mayoría ya se encuentran en la red. Si Ud mi hermano está en capacidad de comprarlos haga su biblioteca de Plan B. Algunos de estos libros ya no se consiguen en librerías. 

Plan B contara con una Biblioteca Virtual de Consulta. 

Para los que quieran hacer Plan B con la asesoría de Bereano, iniciamos en Marzo de 2.012. Los que quieran desarrollar Plan B solos lo pueden iniciar ya y consultar cuando lo deseen lo que tiene que ver con la metodología de estudio. 

Aquellos que quieran iniciar esta linda experiencia con el Señor, les invito a escribirme a: bereano20@gmail.com y con gusto le estaremos guiando en el proceso. 

Pueden descargar el plan de estudios de: 

http://www.mediafire.com/?xmj954ok9auh1n5
 
Dios les bendiga

jueves, 27 de octubre de 2011

Llevar Fruto: El Propósito Central De La Vida Por Daniel Zuccherino Texto Bíblico: Juan 12.20-26a

“Y había unos griegos entre los que subían a adorar en la fiesta; éstos, pues, fueron a Felipe, que era de Betsaida de Galilea, y le rogaban, diciendo: Señor, queremos ver a Jesús. Felipe fue y se lo dijo a Andrés; Andrés y Felipe fueron y se lo dijeron a Jesús. Jesús les respondió, diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. En verdad, en verdad os digo que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, produce mucho fruto. El que ama su vida la pierde; y el que aborrece su vida en este mundo, la conservará para vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga; y donde yo estoy, allí también estará mi servidor; si alguno me sirve, el Padre lo honrará”. (Biblia de la Américas) Una pregunta fundamental que debemos hacernos como cristianos es: ¿qué vamos a hacer con nuestra vida?¿Qué quedará, con valor eterno, de nuestro paso por este mundo cuando ya no estemos aquí?.¿Cuál es el propósito de mi vida como cristiano?Podemos responder, basados en la Escritura, que el propósito central de nuestra vida es llevar fruto para la gloria de Dios: y que todo lo demás es secundario. Nuestra obra y palabra serán juzgadas a la luz del fruto que produjeron.Veamos algunos aspectos que surgen del pasaje leído, los cuales nos permiten saber en qué consiste llevar fruto y cómo es posible hacerlo.

1. Mostrar a Jesús. (v. 21)

El pasaje describe la siguiente escena: El señor Jesús se presenta con sus discípulos en la celebración de una fiesta religiosa, a la cual también han acudido ciertos griegos.

Más allá de que si se trataba de judíos de origen griego o directamente gentiles griegos que habían abandonado su culto politeísta y pagano y reconocían al Dios único, el Dios de Israel, lo cierto es que estos griegos representan muy bien a la gente en general, a aquellos del mundo que se encuentran en una búsqueda sincera del Señor. Representan a las naciones que le fueron prometidas al Hijo de Dios desde antes de que el mundo fuese (Salmo 2).

Estos griegos se acercan con un ruego, un clamor: quieren “ver a Jesús”.
Cuán apropiado es que como pueblo de Dios entendamos nuestra razón de ser: nuestra competencia de llevar fruto se medirá por lo que la gente alcance a ver en nosotros del carácter de Cristo! Nuestro propio carácter no puede llevar fruto espiritual permanente.

El mundo de hoy día, escéptico con la religión y a la vez abierto a todo lo alternativo: “Nueva Era”, ocultismo, etcétera, este mundo posmoderno no podrá ser convencido por nuestros argumentos: debemos, como pueblo del Señor, manifestar a Cristo y su poder, a Cristo y su carácter. El mundo no quiere oír hablar del Amor de Dios, pero sí espera verlo manifestado entre nosotros y extendido al mundo en general.
Los griegos del relato bíblico clamaban por ver a Jesús, pues percibían que no representaba al sistema religioso, la religión institucional, las largas “palabrerías” de los escribas y los fariseos, sino que hablaba con autoridad, obraba milagros y aparecía comprometido con Dios hasta la muerte.

Tu familia (tus hijos, tu esposa, tu esposo), tus vecinos, tus compañeros del lugar donde trabajas, ¿pueden ver a Cristo en tu vida?.
No podemos llevar fruto hasta el momento en que la vida de Cristo se encarne en nosotros. No llevaremos fruto por simplemente hablar. Lo que predicamos debe encarnarse en nosotros.

Los griegos del relato bíblico podían vislumbrar que este hombre era mucho más que palabras: El Verbo, la Palabra de Dios, se había hecho carne (Juan 1.14).

En este punto nos preguntamos: ¿qué debo hacer para que la vida de Cristo se encarne en mí? La respuesta es sencilla y tremenda a la vez.

2. Morir para vivir (v. 24)


Cristo explica la naturaleza de su misión. Anuncia: “Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado”.

Lo que afirma a continuación se aplica primordialmente a él (él es el Redentor que muere para que obtengamos vida) pero, por extensión se aplica en sus demás aspectos a nosotros, sus seguidores.
“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo, pero si muere lleva mucho fruto”.

¿Qué es morir? ¿Qué significa para nosotros la figura del grano de trigo que cae a tierra y muere?. Luis Palau ha explicado que cada vez que mi voluntad se cruza o contrapone con la voluntad revelada de Dios y yo elijo obedecer a Dios, aunque humanamente me desagrade, me duela o me perjudique, el grano de trigo cae a tierra y muere. Es la muerte a los intereses personales, al prestigio de este mundo, a los planes y proyectos propios. Es poder confesar con el Apóstol Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí” (Gálatas 2.20a).

Es formativo el ejemplo que el Señor Jesús nos presenta. Si el grano no cae a tierra, se conserva, siempre será identificable. Será un grano ahora y por muchísimo tiempo, solo uno. Se han hallado semillas en excavaciones arqueológicas, por ejemplo en las pirámides egipcias. Esas semillas, luego de miles de años no han perdido su individualidad pero tampoco han producido nada.

El egoísmo es, en la vida espiritual, el gran obstáculo que evita la rotura del grano. Sin rotura, sin quebrantamiento no habrá fruto.
El grano, cuando cae a tierra, se va desintegrando, pierde su individualidad, en un sentido ese grano se va a perder, pero al cabo de los años ha originado miles y miles de semillas.

Cristo, en la última cena, antes de ser entregado: “Habiendo tomado pan, después de haber dado gracias, lo partió y les dio, diciendo: esto es mi cuerpo que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.” (Lucas 22:19)

Hacer memoria del Señor no es solo participar de la cena sino también romper nuestro egoísmo y entregarnos sacrificialmente por nuestros hermanos.

Desde Abraham en adelante, oír el llamado de Dios y obedecerlo implica salir sin saber a dónde va uno, despojándose y dejando de lado el proyecto propio de vida, es la decisión de que nuestro yo muera para que Cristo viva en nosotros.

3. Conversión de nuestros valores (v. 25)

Encarnar en nosotros la vida de Cristo significa una conversión que no se limita a lo que creemos doctrinalmente, sino que revoluciona y transforma nuestra concreta forma de vida, nuestros valores.

Amar la vida de este mundo y seguir a Cristo resulta incompatible.

¿Cuáles son tus prioridades y tus objetivos en la vida? La respuesta a esa pregunta responde exactamente a la cuestión de que si amas la vida de este mundo o la aborreces por causa de Cristo; o sea, si has muerto o no, para que la vida Cristo se encarne en la tuya; si el grano de trigo ha caído a tierra o permanece intacto y estéril.

Que Cristo esté en nosotros y con nosotros en eso consiste la vida abundante (Juan 10.10), lo demás solo resultará en vacío, vanidad y muerte.

¿Qué será de ti al final de tu vida cuando se haga el balance final? Lo único que permanecerá en esa hora será el fruto que hayas podido llevar en el poder del Espíritu Santo para la gloria de Dios.

En Juan 17, cuando la cruz era inminente, Cristo, el Señor, se regocija, no en los milagros, no en la enseñanza en sí misma (esos eran medios, pero no el fin) sino en las vidas salvadas, formadas y  conducidas: en el fruto.

La vida de aquellos que te reconocen autoridad espiritual (tus hijos físicos y espirituales) son tu tesoro y tu objetivo. Cooperar con la obra del Espíritu Santo para su desarrollo y formación en Cristo es tu tarea: ellos constituirán el fruto. Es una tarea con responsabilidades individuales pero que abarca a toda la comunidad de fe y solo puede cumplirse en su seno.

4. El que lleve fruto tendrá la honra del Padre (v. 26)

Cuando todo haya pasado, cuando nosotros no estemos en este mundo, cuando este mundo también haya pasado, ¿qué otra cosa será valiosa?

El Padre honrará a quienes hayan llevado fruto, lo demás, el prestigio y la opinión humana, habrán dejado de ser.

El mundo habrá pasado y sus deseos, pero el que haya hecho la voluntad de Dios permanecerá para siempre.

En el centro de la voluntad de Dios para nuestra vida está el que llevemos fruto. Alguien dijo: “la vida es como una moneda, podemos gastarla como queramos, pero solo una vez podemos gastarla”

¡Que Dios nos ayude a invertir nuestra vida, a “perderla” en el concepto del mundo, de tal modo que seamos el grano de trigo que cae a tierra y muere y así consigamos llevar mucho fruto! Amén.

El propósito central de nuestra vida es llevar fruto para la gloria de Dios: y que todo lo demás es secundario.

Tomado de: http://www.desarrollocristiano.com/articulo.php?id=2390&c=all

miércoles, 26 de octubre de 2011

Cuando El Desahucio LLega A Casa–Conferencia Del Dr Jorge Atiencia

Excelente predicación. Les recomiendo escucharla. De mucha edificación, además de una palabra de sanidad para el alma y el corazón. Es un tema para la Iglesia en general.

Pueden descargarla de:

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Dios les bendiga

jueves, 13 de octubre de 2011

Serie 1 De Timoteo – Enfoque Hacia El Ministerio De La Predicación (Conferencias En Audio Por Jorge Atiencia)

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Son Cinco conferencias:

1. Ejemplo

2. Guarda

3. Encarga

4. Persiste

5. Predica

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Que este material sea de su máximo provecho.

Dios les bendiga

martes, 11 de octubre de 2011

En Su Presencia (Conferencias en Audio) Por Jorge Atiencia

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Son Tres conferencias:

1. En La Presencia Del Rey

2. En La Presencia De Dios

3. En La Presencia Del Maestro

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Dios les bendiga

Jesus Modelo De Predicador (Conferencias en Audio) Por Jorge Atiencia

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Son cuatro conferencias:

1. La Persona I

2. La Persona II

3. La Predica

4. La Predicación

Lo pueden descargar en:

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Que este material sea de su máximo provecho.

Dios les bendiga

jueves, 6 de octubre de 2011

Jesús El Socialista

La primera percepción que podemos tener al leer este artículo, probablemente es negativa por razones obvias. Las experiencias históricas del socialismo y sus gobiernos en las diferentes partes del mundo no han dejado una buena huella, más bien dolor y atraso, lo que al final constituye todo lo contrario del ideal socialista el cual es el beneficio del pueblo en general. La causa de estos intentos fallidos es sin lugar a dudas el carácter de sus líderes. Líderes que se han beneficiado del poder y que apenas lo ostentaron se olvidaron de su gente.

¿Por qué Jesús el socialista?. En primer lugar Jesús se identificó no solo con su pueblo (El judío) sino con la humanidad entera, se preocupó por sus necesidades y suplió sus anhelos. Estuvo aquí en la tierra para cumplir una misión y la llevo a cabo con lujo de detalles. Lucas 4:18-19 dice:

El Espíritu del Señor esta sobre mi,

porque me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres.

Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos,

y la recuperación de la vista a los ciegos;

para poner en libertad a los oprimidos;

para proclamar el año favorable del Señor.

Jesús como líder no defraudo ni nos defraudara nunca. Como maestro fue único y como modelo impecable. Jamás impuso una idea y fue crucificado por no usar la fuerza (Aunque la tenía) ni el poder para imponerlas. El vino a conquistar el corazón de los hombres, a invitarlos a que entraran en su Reino. Los que le siguieron y los que hoy le seguimos lo hacemos por convicción y de manera voluntaria. Él nos enseñó el amor como principio rector de la vida. El amor hacia El para entregarle nuestra vida y el amor al prójimo para convivir en medio del servicio, la ayuda mutua, la solidaridad y el perdón. Todos los hombres con base en el amor se asisten y se ayudan, se levantan unos a otros de manera espontánea y sincera. En este ambiente se da la convivencia ideal con tolerancia total y se forma la sociedad ideal.

En contraste con lo que en la práctica ha sido un socialismo mal aplicado. Las ideas se imponen, aquellos que no están de acuerdo son perseguidos y aislados, se oprime al pueblo y al prójimo buscando el beneficio de pocos en detrimento de los demás. Lo anterior se debe al carácter corrupto de los hombres, de los gobernantes de los líderes. No inspiran al pueblo y en cambio lo subyugan.

He aquí la gran diferencia entre Jesús y los demás. Jesús es transparente, honesto, sincero, con verdadero interés por la gente, por el pueblo y lo demostró colocando su vida por nosotros. Los hombres corruptos de hoy jamás se sacrificaran por nadie, nunca tendrán verdadero interés por la gente pero si la usaran para sostenerse en el poder con base en el engaño y sometiéndolos a la ignorancia.

Jesús: El Verdadero Socialista, aquel que vio al hombre en su miseria y lo levanto, le dio nueva vida y le mostro el amor y el perdón de Dios. Los invito a que vayamos a los brazos del buen samaritano: Jesús, a El de verdad le interesas.

Dios les bendiga

sábado, 1 de octubre de 2011

Serie 1 De Juan (Conferencias en Audio) Por Jorge Atiencia

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Son seis conferencias sobre 1 De Juan:

1. El Verbo

2. El Abogado

3. El Amante I

4. El Amante II

5. El Verdadero

6. El Victorioso

Lo pueden descargar en:

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Dios les bendiga

martes, 27 de septiembre de 2011

La Espiritualidad Cristiana (Conferencias en Audio) Por Jorge Atiencia

Por fin puedo publicar con toda libertad el material en audio del excelente maestro y expositor bíblico Jorge Atiencia con quien me pude encontrar hace unos días en Cartagena. Todos ustedes están autorizados a utilizar este material citando su autor solo con la restricción de que no se puede reproducir ni en radio (Incluye radio por internet) y televisión.

Son tres conferencias sobre la espiritualidad cristiana:

1. Su Alcance

2. Su Composición

3. Su Practica

Lo pueden descargar en:

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Que este material sea de su máximo provecho.

Dios les bendiga

miércoles, 21 de septiembre de 2011

¿Cual Es El Verdadero Rol De Un Pastor?

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El rol pastoral bíblico no tiene que ver tanto con autoridad, sino con apacentar y enseñar.

Entrevista realizada por Wolfgang Streich con el Dr. Alfred Neufeld.

¿Puede explicarnos qué involucra bíblicamente el término Pastor?

La idea del pastor viene de la tradición pastoral de Israel. La cría de animales, especialmente ovejas, su alimentación y cuidado, su protección y corrección, servían de ejemplo para el cuidado espiritual del pueblo de Dios. Dios mismo es identificado muchas veces como el Buen Pastor, tal como lo expresa el Salmo 23.

Jesús se identifica como el Buen Pastor que da su vida por sus ovejas, que logra ovejas obedientes, que prestan atención a su voz y lo siguen, y quien protege a sus ovejas de modo que nadie las arrebatará de su mano. Los pastores de hoy haremos bien en tomar en cuenta el carácter pastoral de Dios y la vida pastoral de Jesús como modelo ministerial.

¿Cuánta autoridad debería tener el pastor en la iglesia?

Bueno, primeramente es importante notar que los pastores aparecen en el número cuatro de la lista de dones espirituales de Efesios 4, y son un integrante más en el equipo de liderazgo espiritual de la iglesia. La concentración actual en la autoridad pastoral, representada en una sola persona, no es del todo bíblica. El rol pastoral bíblico no tiene que ver tanto con autoridad, sino con apacentar y enseñar. Por otro lado, no cabe duda de que la Biblia enseña un liderazgo espiritual y pastoral firme. También hay que tomar en cuenta que es muy probable que los términos “pastor”, “obispo”, “presbítero” y “anciano” sean sinónimos en la Biblia.

¿Podría explicarnos cuáles son las tareas, actividades y funciones principales que debe cumplir un pastor?

El pastor tiene un importante rol educativo en la iglesia. Los pastores, juntamente con los maestros, son necesarios para consolidar las iglesias. Esto ocurre a través de la enseñanza, el cuidado pastoral y el liderazgo espiritual. Es notable que el texto griego, “pastores” y “maestros” están unidos de forma especial (tous de poimenas kai didskalous). Quizá estos dos ministerios debieran ir más unidos de los que es nuestra práctica actual. Bien podría unírselos en un solo título: “pastores-maestros”.

Es necesario mantener un buen equilibrio entre tareas administrativas, tareas de enseñanza y tareas de cuidado pastoral.

El pastor debería velar bien por los tres ámbitos, pero a la vez desarrollar el ámbito que mejor concuerda con sus dones, y buscar refuerzo en los ámbitos en los que es más débil. Si su fuerte es enseñar, debería buscar la excelencia en la predicación y las clases bíblicas. En tal caso necesita capacitar y dar lugar a otra gente para hacer la tarea administrativa y de visitación. Si su fuerte es la visitación y la consejería, debe buscar formas de asegurar que la iglesia no sufra por falta de intuición y predicación orientadora.

Puede invitar a otros maestros o dar lugar a miembros en su congregación para el ministerio educativo. Si su fuerte no es la administración, debería encomendar esta parte a gente capacitada del mundo empresarial. De todas maneras, es importante que la administración de la iglesia sea plenamente “santificada” y coopere con las metas pastorales y misioneras de la iglesia.

¿Debería el pastor incentivar a que en la iglesia surjan nuevos pastores?

Es muy importante que los pastores reproduzcan pastores. No es del todo equivocado aquel dicho que dice: La tarea de las ovejas es producir ovejas, y la tarea de los pastores es producir pastores. La iglesia necesita tener un departamento permanente de reproducción y capacitación de liderazgo. Y el pastor no debería tener miedo de cambiar de iglesia en periodos prudentes y adecuados. El muy pronto cambio de pastores no es saludable, pero tampoco es muy útil si los líderes se perpetúan en una iglesia local. Ya que todas las iglesias son del Señor, no debe haber pastorados vitalicios.

¿Cuáles deberían ser los frutos del trabajo del pastor-maestro?

Los resultados de una iglesia apacentada y entrenada son formidables. Así lo vemos en Efesios 4:13-16. Podemos hacer una lista de ellos:

1. Hay unidad de fe: Uno de los frutos es que la iglesia camina hacia la unidad. Esto es algo que hay que cultivar trabajosamente. Ya esto vale dentro de una congregación como también a nivel de la unidad intereclesial e interdenominacional.

2. Cada uno llega a conocer mejor a Cristo: El “conocimiento del Hijo de Dios” es una realidad vivencial. No conoce a Cristo aquel que acumuló mucha información al respecto.

Conoce a Cristo aquel que “quiere hacer su voluntad”, aquel que “oye su voz, es conocido por él, y le sigue”.

3. Surge un ser humano “concluído”. Los integrantes de la familia de Dios crecen a la estatura de Cristo, “el varón perfecto. Una humanidad recreada a la imagen de Cristo.

4. Hay estabilidad de convicciones y cosmovisión: Los miembros dejan de ser inestables, fluctuantes y dependientes como niños. Son “inmunizados” contra falsas doctrinas humanas y diabólicas.

5. Los miembros crecen a medida que siguen la verdad en amor. Hay quienes han luchado por la “verdad” pero sin amor. Otros predican un “amor” sin convicciones firmes.

6. Cristo, la cabeza, coordina al cuerpo: La iglesia funciona como un cuerpo. “Todo bien concertado”. “Armonioso”. Como una orquesta, con diferentes instrumentos musicales, que tocan una pieza musical.

Estamos muy agradecidos por sus respuestas, y deseamos que el Señor siga bendiciendo su ministerio. El Dr. Alfred Neufeld nació en el año 1955 en el pueblo chaqueño de Filadelfia, Paraguay, como hijo de inmigrantes menonitas rusoalemanes. En 1977 inició estudios teológicos en Basilea, Suiza, y los culminó en Fresno, California, EEUU, con la maestría en divinidades. Por 18 años se dedicó a la docencia teológica y a la capacitación de pastores en el INSTITUTO BÍBLICO ASUNCIÓN (IBA), de la Universidad Evangélica del Paraguay, de la cual es decano fundador. Cursó estudios doctorales en Ginebra, Suiza. Forma parte del cuerpo de pastores de la iglesia Concordia de los Hermanos Menonitas. Está casado con Wilma y tienen 4 hijos. Recomendamos la lectura del libro “Vivir desde el Futuro de Dios” editado por Kairós, de su autoría.

Tomado de: http://www.liderazgopastoral.com/2007/12/cul-es-el-verdadero-rol-de-un-pastor.html

Editado por: Bereano

lunes, 12 de septiembre de 2011

La Palabra De Dios Oída (Capitulo 6 de el Libro La Voz Del Dios Santo De J.I Packer)

Dios ha hablado, dice la Biblia; y ser piadoso significa escuchar ¿u palabra. «Escuchar» en esta frase significa más, por supuesto, que solo tener un radio al alcance del oído mientras el mensaje de Dios se lee en voz alta, se recita o se explica. «Escuchar», en su sentido bíblico completo, implica atención, aceptación y aplicación a uno mismo de las cosas aprendidas; significa escu­char con el firme propósito de obedecer, y luego hacer como la Palabra de Dios demuestra requerir. Es en este sentido que usamos el verbo a través de este capítulo.

¿Qué significa escuchar la Palabra de Dios? De acuerdo a Hebreos, significa, de forma bastante concreta, recibir y res­ponder la Palabra proposicional de Dios (esto es, su mensaje) que nos ha hablado desde el cielo a través de los labios de su Pa­labra en persona (esto es, su Hijo), y también a través de los pronunciamientos de profetas y apóstoles, concernientes a la «gran salvación» que el Hijo de Dios ganó por nosotros me­diante el derramamiento de su sangre por nuestros pecados (véase Heb l:ls, 2:3, 12:25, etc.) La Palabra en persona de Dios se presenta como tema central de su Palabra proposicio­nal, lo mismo habladas que escritas. Lo que Jesús dijo de las Escrituras del Antiguo Testamento —«son ellas [las Escritu­ras] las que dan testimonio en mi favor» (Jn 5:39) — puede de­cirse de ambos Testamentos con igual verdad. Escuchar la «Palabra de Dios escrita», entonces, significa, en último análi­sis, hacer lo que Dios ordenó en la Transfiguración, cuando dijo: «este es mi Hijo amado. ¡Escúchenlo! (Mr 9:7); el que a su vez significa, no solo aceptar las enseñanzas morales de Jesús, sino recibirlo como un Salvador viviente, confiando en su san­gre derramada para el perdón de nuestros pecados, y viviendo de ahí en adelante como esclavo suyo, como uno de los que «si­guen al Cordero por dondequiera que va» (Ap 14:4). El homi­lista nos recuerda que el Cristo viviente «nos habló en persona

en las Santas Escrituras» (Lad Homilíad, p. 370s), y piedad sig­nifica responder de forma directa a su llamado a arrepenti­miento, fe y discipulado. «Escucho la voz de Jesús decir: "Ven a mi y descansa" ... Fui a Jesús...» Nadie que sea extraño a la piedad, en este fundamental sentido cristiano, puede sostener que ha escuchado la Palabra de Dios ya.

Tres aspectos de la vida piadosa, entendida como una vida que escucha el mensaje de Dios, demandan una mención particular.

LA PROMESA

En primer lugar, es una vida ¿efe en loé pronujad de Diod. La fe en la Biblia no es, como los existencialistas lo proponen, un salto en la oscuridad, sino más bien un paso a la luz, donde (para ex­tender la metáfora) uno pone todo el peso de uno sobre el piso firme de las inquebrantables promesas de Dios. Pablo señala a Abraham como gran ejemplo de fe porque, cuando Dios le pro­metió a Abraham, un anciano de setenta y cinco años de edad que no tenía hijos, una pléyade de descendientes, este creyó la promesa, y siguió creyéndola contra toda esperanza hasta que comenzó a cumplirse con el nacimiento de Isaac, no menos que un cuarto de siglo después. «Su fe no flaqueó, aunque recono­cía que su cuerpo estaba como muerto, pues ya tenía unos cien años, y que también estaba muerta la matriz de Sara. Ante la promesa de Dios no vaciló como un incrédulo, sino que se rea­firmó en su fe y dio gloria a Dios, plenamente convencido de que Dios tenía poder para cumplir lo que había prometido. Por eso se le tomó en cuenta su fe como justicia» (Ro 4:19-22, alu­diendo al testimonio de justificación de Abraham que registra Gn 15:6). Pablo señala de inmediato que la fe que nos justifica es, como aquella: una confianza en Dios sobre la base de la in­creíble seguridad que el Señor entregó a su Hijo a la muerte, y luego lo resucitó con el propósito expreso de librarnos de nues­tros pecados (v. 23s). Pero esta no es la única conexión en la que el análisis de la fe que hace Pablo se aplica. La verdad es que toda fe, en cada etapa de nuestro peregrinaje cristiano, es en esencia un descansar en la promesa de Dios. Tiene seguri­dad por naturaleza, porque se basa en las garantías que ofrece

Dios. Esto se ve bien claro en Hebreos 11, donde la fe («la fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve» (v. 1) se nos describe como un espíritu de obediencia a los manda­tos de Dios basada en la confianza en sus promesas en general (la promesa de recompensa, v. 6) y en particular (como la promesa de un hijo a Sara, «porque consideró fiel al que le había hecho la promesa», v. 11).

Lo fundamental en la vida de la fe es el reconocimiento de que todas las promesas que ha hecho Dios las ha hecho a su pueblo en el pasado y en el presente están todavía en principio (no siempre en detalle, por supuesto, porque las circunstancias difieren) extendidas a cada cristiano. La fe, nos podemos aven­turar a decir, descansa sobre la teología de la caja de promesas. Esto aparece en Hebreos 13:5s, donde el escritor enseña a sus lectores a apropiarse de la promesa de Dios a Josué, «nunca te dejaré; jamás te abandonaré» (Josué 1:5), como base de con­fianza y paz en cara a la oposición. La verdadera fuente de la paz, la alegría, la esperanza y la fortaleza para resistir del cristiano, está en ser capaz de decir, con Isaac Watts,

Grabado eternamente en placa

La promesa poderosa brilla; Ni pueden los poderes de la oscuridad destruir

Aquellas líneas eternas.

Su palabra de gracia es fuerte

Como esta que construida en los cielos; La voz que enrolla y mueve a las estrellas

Habla todas las promesas.

Mi lugar-escondido, mi refugio, torre,

Y escudo, eres tú, o Señor, Anclo todas mis esperanzas

Sobre tu inerrante Palabra.

La tranquilidad de saber que cada una de «las preciosas y magní­ficas promesas» de Dios (2P 1:4) de las Sagradas Escrituras es «sí» en Cristo para mí (2Co 1:20) es tan inconcebible como el misterio de no saber esto en tiempos de dureza, soledad y

depresión. Pero ese es el estado al que quienes niegan la doctrina bíblica de la inspiración se condenan; porque si no podemos es­tar seguros de que lo que la Biblia dice Dios lo dice, no podemos estar seguros de que sea cierto que haya hecho las promesas que las Escrituras le atribuyen. (De hecho si negamos que la revela­ción es proposicional, estamos afirmando que no las ha hecho. Un Dios que no utiliza palabras no puede hacer promesas).

Podemos ver ahora por qué, como hecho observable, las opi­niones «críticas» de la Biblia siempre han empobrecido la vida de fe, y por qué tantos que sostienen tales opiniones hoy día o diluyeron su fe a una simple moralidad en un contexto vago de optimismo, o la convierten en un atormentador salto existen-cialista en la oscuridad (o, como Robinson en HoneJt to God, hace las dos cosas a la vez). Pero esto no es ni la forma cristiana ni anglicana. El Libro de Oración señala con insistencia las promesas de Dios como fundamentos de fe y esperanza. Las colecciones de la Trinidad VI, XI y XIII resumen la esperanza del cristiano en las frases «tú prometen». El catecismo requiere de los candidatos adultos por el bautismo «fe, mediante la cual creen siempre en las promesas de Dios a ellos en ese sacramen­to» (pensamiento que por desdicha falta del Catecismo Revisa­do de 1961). Una de las conexiones en las que el servicio bautismo del infante gira es la creencia de que «nuestro Señor Jesucristo ha prometido en su Evangelio conceder [al niño] to­das estas cosas [regalos y gracias salvadoras] por las que se ha orado». Este énfasis es especialmente fuerte en conexión con el perdón. «Restaura a los penitentes; conforme a tus promesas a la humanidad en Cristo Jesús nuestro Señor» (Confesión Ge­neral, Oración Matutina y Vespertina). «El todopoderoso Dios ... que.. .ha prometido perdón.. .tenga misericordia de ti...» (ab­solución, culto de santa comunión). Y las «palabras consolado­ras» son promesas divinas y aseguraciones establecidas como bases de confianza de que hay misericordia incluso para noso­tros. Los cristianos de hoy en día necesitan urgentemente recu­perar esta consciencia anglicana de que las promesas de Dios son las bases de la fe; porque cuando los que se dicen cristianos no viven con el gozo del conocimiento de que todas las prome­sas de Dios son suyas, la verdad es que no están escuchando la Palabra de Dios.

LA LEY

Segundo, la piedad envuelve obediencia a leu leyej de Díoj. El con­cepto anglicano de la Biblia es que es un libro supremamente práctico, no solo porque nos lleva a conocer a Dios a través del encuentro de Jesucristo, sino también porque nos da reglas y máximas para conformar nuestras vidas a la voluntad de Dios. En 1540, en el prefacio del libro suyo que hizo época, la Gran Biblia, que ordenó preparar para la lectura pública en cada iglesia en el país, el Arzobispo Cranmer escribió: «Sean las es­crituras los buenos pastos del alma; allí no hay carne envenena­da, ni nada malsano; sean el bocado exquisito y puro. El ignorante encontrará allí lo que debe aprender ... En este do­cumento pueden príncipes aprender cómo gobernar a sus sub­ditos; los subditos a obedecer ... a sus príncipes; los esposos cómo deben comportarse con sus esposas; cómo educar a los hijos ...: y por el lado opuesto las esposas, padres y amos pue­den conocer sus deberes para con sus esposos, padres y seño­res. Aquí todo tipo de personas, hombres, mujeres, jóvenes, viejos, cultos, incultos, pobres, ricos, sacerdotes, laicos, seño­res, damas, oficiales, inquilinos, hombres, vírgenes, esposas, viudas, abogados, mercaderes, artesanos, esposos y toda clase de personas, de cualquier estado o condición, que en este libro aprenda todas las cosas que deben creer, lo que deben hacer, lo que no deben hacer, también concerniente al Dios todopodero­so, así como concerniente a ellos mismos y a todos los demás . La Biblia es tanto una regla para la vida como una regla de fe.

Pero es importante estar claros en cuanto a qué tipo de regla para la vida es. Su enseñanza moral no es un código de aparien­cias externas aisladas, ni un formalismo farisaico, sino una serie conectada de principios e ideales, directamente derivada de la naturaleza de Dios revelada y su propósito con la humanidad, y sü llamado a motivos correctos y a correctos de tipos de acción. La ley de Dios bíblica requiere que seamos personas de un cierto tipo, y también que hagamos cosas de cierto tipo; y el concepto bíblico del amor abarca ambos lados del ideal. Entonces poner el amor como contrario a la ley, como algunos hacen, es tan perver­so como poner el cariño de la mujer por su marido como contra­rio a sus esfuerzos por proporcionarle las cosas que sabe que a él

le gustan. Lejos de ser contrarios, el amor y la ley van insepara­blemente juntos. Se necesita la ley como ojos del amor; se necesi­ta el amor como latidos del corazón de la ley. La ley sin amor es fariseísmo; el amor sin ley es antinomianismo; ambas cosas son aberraciones. Nuestro Señor mostró la conexión entre el amor y la ley cuando dijo: «Si ustedes me aman, obedecerán mis manda­mientos. ... ¿Quiénes el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece» (Jn 14:15, 21). Juan incluso lo puso más sucintamente: «En esto consiste el amor: en que pon­gamos en práctica sus mandamientos» (2Jn 6). Y cuando los cristianos no someten de manera permanente sus vidas al minu­cioso «enseñar ... reprender ... corregir ... instruir en la justicia» de las Sagradas Escrituras (2Ti 3:16), la verdad es que no están prestando atención a la Palabra de Dios.

LA VERDAD

En tercer lugar, la genuina piedad está siempre marcada por el deleite en la verdad de Dios. El Salmo 119 hace esto sumamente sencillo. El salmista ama la ley de Dios. Se regocija en conocer lo que piensa Dios y se aferra, a cualquier costo, a las verdades que Dios le ha enseñado. Su deleite en Dios es, entre otras co­sas, deleite en la Palabra de Dios. En otras partes en las Escri­turas la palabra de Dios se pinta, no solo como alimento, porque nutre y promueve el crecimiento (ICo 3:2, Heb 5:12ss; cf. 1P 2:2), sino también como miel, en razón de su dulzura (Salmos 19:10, 119:103; cf. Ez 3:3; Ap 10:9s). Uno teme que muchos en nuestras iglesias hoy en día sean extraños a este sen­tido de la dulzura de la verdad de Dios, como a todas luces son extraños al amor de la Biblia que evoca, y al sentido del deber de mantener inviolada la verdad de Dios, pase lo que pase, lo que halló expresión en la firmeza de nuestros reformadores en contra del papa y la misa — una firmeza que bajo la reina María llevó a muchos al martirio. La tolerancia de las diferencias en cuestiones doctrinales secundarias es sin duda una virtud an-glicana, pero la general indiferencia doctrinal que encontramos a menudo hoy en día es una parodia del ideal anglicano. El an-glicanismo del Libro de Oración de 1662, con su leccionario de cien versículos por día, su repaso mensual del libro de los

Salmos, sus cultos diarios repletos de Biblia, y el alto valor que le da a la predicación expositiva (vea el ritual y las colectas para Adviento III y día de San Pedro), es una fe de lectura de Biblia, amor a la Biblia, fe y confianza en la Biblia. Sin embargo hoy, los anglicanos se dedican con celo a mantener un estado doctri­nal de laxitud más que una confesión de verdad bíblica. Los Treinta y Nueve Artículos son constantemente objetados en las iglesias anglicanas que todavía lo retienen y el respaldo del cle­ro a las mismas es en estos días bastante insignificante. La idea de que la unidad anglicana es «institucional» y «de culto» más que confesional se aclama como una nueva revelación, y se des­preciado todo concepto de disciplina doctrinal en las iglesias anglicanas. Qué diferencia tan grande del anglicanismo de Cranmer, Jewel, Hooper y Hooker (y lo mismo puede decirse del de Hammond, Pearson, Beveridgey Thorndike). Donde no se le da el debido respeto a la enseñanza bíblica como una trans­cripción de lo que piensa Dios, y el clero da poca señal de estar dispuesto a amar la verdad (2Ts 2:10), así como a permanecer en ella y valorarla, y estudiarla para mantenerla intacta (cf. 2Ti 1:13s), y donde se permite que las doctrinas vitales del evangelio se oscurezcan en aras de una complacencia hueca —lo que Pa­blo no dejó que pasara en Galaciay Colosas— la verdad es que no están prestando atención a la Palabra de Dios.

EL ESPÍRITU SANTO

Pero cómo, preguntamos ¿llega a escucharse de veras la Pala­bra de Dios? En primer lugar, no se escuchará donde no se pre­dique, estudie o lea la Biblia. La primera necesidad es dar a la Biblia el lugar que le corresponde en la vida de las personas y de la Iglesia. Pero aun entonces, el que se escuche la Palabra de Dios depende todavía de otro factor: nuestra receptividad a la obra del Espíritu Santo.

Se le ha prometido a todos los cristianos, se nos ha dicho, el privilegio de que Dios nos instruya (Jn 6:45, citando Is 54:13), y es el Espíritu de Dios quien nos enseña. El Espíritu que ense­ñó todas las cosas a los apóstoles (Jn 14:26, 16:13s; ICo 2:10, 13) es la «unción» que enseña a todo el pueblo de Dios (1 Jn 2:27). Nos enseña no con exposiciones frescas de verdades

hasta entonces desconocidas, como aquellas mediante las cua­les los apóstoles fueron instruidos, sino capacitándonos —a no­sotros que, por haber caído, somos por naturaleza en extremo insensibles y apáticos en cuanto a Dios y las cosas de Dios — para reconocer la realidad, reconocer la divinidad y acoger la autoridad, los hechos divinos y verdades puestos ante nosotros, y ver como todo esto afecta nuestras vidas. A través de la histo­ria, los teólogos han llamado a esta obra iluminación, o ilustra­ción, o testimonio interno del Espíritu. Fue a esto a lo que nuestro Señor se refirió cuando dijo que la tarea del Espíritu sería convencer (Jn 16:8). A través de esto, el Espíritu confirma a nuestra conciencia que la palabra profética y apostólica es en verdad lo que afirma ser: el mensaje de Dios. De la misma ma­nera, nos confirma que Jesucristo es quien dice ser: Hijo de Dios y Salvador nuestro. El Espíritu nos lleva a reconocer la divinidad que Cristo por un lado dice tener y que por el otro lado la Biblia lo confirma como evidente en sí misma. De esta manera nos lleva a someternos a la autoridad conjunta de am­bos. Luego nos capacita para captar lo que ambos nos están di­ciendo, y actúa en nuestras mentes y en nuestros corazones para aplicar con efectividad la instrucción y hacernos respon­der. Fue a través de la obra del Espíritu que los tesalonicenses, según Pablo, «al oír la palabra de Dios que les predicamos, la aceptaron no como palabra humana sino como lo que realmente es, palabra de Dios». Fue también en virtud de la acción del Espíritu que Pablo pudo pronunciar su mensaje como una pa­labra que «actúa en ustedes los creyentes» (lTs 2:13).

¿Pero somos receptivos a este obrar del Espíritu? Mientras nos acerquemos a las Escrituras con retraimiento, interesados solo en apreciarlo histórica o estéticamente, mientras lo trate­mos como un dato histórico humano, apenas seremos recepti­vos. Solo seremos receptivos al ministerio del Espíritu si estamos en disposición, por así decirlo, de meternos en la Biblia y ponernos junto a la gente a la que Dios le habló —Abraham escuchando a Dios en Ur, Moisés escuchando a Dios en el Si-naí, los israelitas escuchando la voz de Dios de labios de Moisés y los profetas, los judíos escuchando a Jesús, los romanos y los corintios y Timoteo escuchando a Pablo, etcétera— y, en tér­minos de nuestra iluminación anterior, unirnos a su

aprendizaje, notar lo que Dios les dice y luego procurar enten­der lo que nos dice a nosotros. Tal disposición es muy limitada en la mayoría de nosotros; somos prejuiciosos, ociosos y esta­mos mal preparados para el ejercicio de espíritu y conciencia que eso implica. Pero esa mayor disposición y esa mayor recep­tividad a hacerlo son dones del Espíritu. Por lo tanto debemos utilizar la oración «enséñame tus decretos» (Salmos 119:12, y siete veces más en este Salmo), como una plegaria, no solo para enseñar sino para ser enseñables, porque sin el último no tendremos nunca el primero.

ENCONTREMOS LA PALABRA DEL SEÑOR

Comenzamos este libro trayendo a colación un problema, la rea­lidad del cual parece innegable. En otras palabras, que a pesar del estudio bíblico intenso y el conocimiento bíblico detallado de nuestros días, nuestras iglesias sufren de una muy esparcida «hambruna de escuchar las palabras del Señor». Hemos tratado de ver cómo ha sucedido esto, y de esbozar de la manera más simple posible la forma de acercarnos a la Biblia que creemos co­rrecta en sí y auténticamente anglicana, y que si se sigue, nos lle­vará a volver a escuchar la Palabra de Dios de una manera efectiva. Los lectores de este libro que, como, su escritor, son hi­jos de una era que está en extremo condicionada en contra de los «métodos antiguos», pensarán que este método presenta proble­mas. No nos interesa negar esto; solo invitamos a nuestros lecto­res a considerar, a la luz de lo que hemos dicho, si la alternativa no presenta problemas aun más grandes. En un libro de esta bre­vedad no es posible considerar muchos de los problemas de los que uno hubiera tomado nota en un ensayo, como no es posible tratar con las ciento y una preguntas — exegéticas, históricas, morales, científicas— que se presentan cuando uno se mete al estudio y meditación del texto bíblico a la luz de los principios es­tablecidos. Ni quizá hubiera sido deseable hacerlo de todas ma­neras. Porque este libro se ofrece, no como un ensayo, sino como un tratado —una preparación mental y espiritual y, esperamos, un incentivo a la aventura del estudio de la Biblia por uno mismo en el espíritu anhelante, expectante, de búsqueda de Dios y te­meroso de Dios como Samuel en el templo: «Habla, que tu

siervo escucha» (1S 3:10). Si permitimos que nuestro estudio de la Biblia espere hasta encontrar soluciones a cada problema que su contenido presenta, nunca comenzaríamos. Todos los estu­diantes de la Biblia llevan con ellos todas sus vidas una aljaba de problemas no resueltos, como también de las certezas que Dios le ha enseñado. Es en vano esperar que vayamos a encontrar res­puesta a todo mientras estamos en este mundo. Lo que importa es que, no importa los problemas, de veras nos propongamos buscar las Escrituras a la luz de los principios correctos y con un método correcto y así a diario aprender de parte de Dios sobre nuestro pecado y su Hijo.

A veces se tiene la impresión de que la misma cantidad de in­formación técnica acerca de la Biblia que los eruditos poseen hoy en día hace que el estudio de la Biblia sea más duro para los laicos de lo que solía ser, al darles tanto más para abordar. Pero la asun­ción de que uno no puede estudiar bien la Biblia sin un montón de equipo teológico técnico es falsa. Si las preguntas que uno trae a las escrituras son algo así como «¿Qué me dice esto acerca de Dios, de mí mismo, de mi Salvador? ¿Cómo encaja esto con lo de­más que sé de la Biblia? Si esto es lo que Dios dijo de esto o lo otro, ¿qué me está diciendo aquí y ahora? Si así manejó Dios tal o más cual situación, ¿cómo me manejará a mí con la mía?», y si uno pone atención al contexto y al flujo de pensamiento dentro de cada libro, sobre todo si uno usa una Biblia con buenas referen­cias marginales, Dios el Espíritu se encargará de que un laico no aprenda menos lo que necesita saber que un teólogo.

Lo que sí hace el estudio de la Biblia más difícil para los lai­cos en estos días que lo que solía ser antes es el desmorona­miento de la gran tradición evangélica de la predicación expositiva a gran escala domingo a domingo en nuestros pulpi­tos. El patrón del Nuevo Testamento es que la predicación pú­blica de la Palabra de Dios provee, por decirlo así, la principal comida, y constituye el principal medio de la gracia, y nuestras meditaciones personales sobre la verdad de la Biblia viene a ser un suplemento a esto, como una serie de meriendas suplemen­tarias, que son necesarias a su debido tiempo, pero cuya inten­ción no es ser una dieta completa. Hay algo profundamente innatural e insatisfactorio en una situación donde el pueblo de Dios tiene que depender del estudio bíblico personal para

obtener su alimentación espiritual, debido a la falta de una predicación expositiva efectiva en la adoración pública. Pero este es un asunto diferente que no podemos abordar aquí.

Seamos claros una vez más: no estamos restándole impor­tancia a la erudición bíblica técnica. Lo que estamos diciendo es que no es solo a los expertos a los que el Espíritu Santo con­cede sus enseñanzas, y que lo que dice el salmista de la ley del Señor en cuanto a que «da sabiduría al sencillo» (Salmo 19:7) todavía tiene validez.

En la conferencia de Lambeth de 1958, el primer informe del comité abordó el tema «La Santa Biblia: su autoridad y mensa­je» .A pesar de algunas características infelices (su negación de la suficiencia de las Escrituras, que ya señalamos , y de la inerrancia bíblica, así como lo inadecuado de su tratamiento del concepto bíblico de que Dios habla) , contuvo mucho que fue excelente, y puso sobre todo un ya necesario énfasis sobre la importancia de la exposición bíblica en el pulpito y la lectura de la Biblia de manera personal y en el hogar. En esto, por supues­to, solo reiteró los principios fundamentales del anglicanismo reformado. La conferencia como un todo endosó al informe una serie de resoluciones, entre ellas un llamado a «todos los miembros de la Iglesia a restablecer el hábito de la lectura bíbli­ca en el hogar» ', y un llamamiento a «las Iglesias de la Comu­nión Anglicana a comprometerse en un esfuerzo especial durante los siguientes diez años por extender el alcance y la profundidad de la calidad del estudio bíblico personal y colecti­vo. La Carta Encíclica se expresó en esta conexión en cuanto al deber del clérigo de esforzarse en su predicación para que la Biblia «tome vida» para sus oyentes, y del «deber del laicado de llevar a la lectura de la Biblia un corazón expectante y aprender una vez más el arte del estudio y la meditación bíblica en priva­do '». Palabras admirables, pero parece que ni en la década si­guiente a 1958 ni desde entonces ha habido alguna respuesta seria a esto. Los anglicanos en el mundo occidental por lo general, así como muchos otros cristianos contemporáneos, permanecen bastante alejados de la Biblia.

Dios por lo tanto, en su misericordia, se dignó a purifi­car nuestras mentes a través de la fe en su Hijo Jesucristo,

y a arrojar las gotas celestiales de su gracia en nuestros duros y pedregosos corazones, para agilizar los mismos, para que no despreciemos ni ridiculicemos su Palabra ine­fable; pero que con toda humildad de mente y cristiana re­verencia, nos empeñemos en escuchar y leer las Sagradas Escrituras, y digerirlas, para confortación de nuestras al­mas y santificación de su Santo nombre, a quien junto con el Hijo y el Espíritu, las tres personas y un solo Dios vivo, sean toda la gloria, honor y exaltación por los siglos de los siglos. Amén (Las Homilías, p. 383).

Oh Dios todopoderoso, que por tu Hijo Jesucristo diste a tu apóstol San Pedro muchos excelentes dones, y lo mandaste a ali­mentar con tenacidad tu rebaño; haz, te imploramos, que todos los obispos y pastores con diligencia prediquemos tu santa Palabra, y que la gente en obediencia hagan Lo mismo, para que puedan reci­bir la corona de gloria eterna, a través de Jesucristo nuestro Señor. Amén (colecta para el día de San Pedro).

Bendito el Señor, quien ha hecho que todas las Sagradas Escri­turas se escribieran para nuestro aprendizaje, concédenos que po­damos en tal sabiduría escucharlas, leerlas, marcarlas, aprenderlas y digerirlas, que por paciencia y consuelo de tu Santa Palabra podamos aceptarla, y siempre aferramos a la bendita es­peranza de vida eterna, la que nos has dado en nuestro Salvador Jesucristo. Amen (colecta de Adviento II).

Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto,

Donde me tentaron vuestros padres, me probaron, y vieron mis obras.

Cuarenta años estuve disgustado con la nación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos.

Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi repo­so (Salmo 95:7-11, RV-60).