martes, 31 de mayo de 2011

Conocimiento y Vivencia

En estos últimos días, en los que Dios me recordó muchas cosas que ya sabia y que había dejado a un lado por irme a un extremo, En los inicios de la vida cristiana, pude tener una buena formación en las Escrituras y además una tremenda vivencia con el mover del Espíritu Santo en sus diferentes manifestaciones, entre ellas la abundancia y el deleite de una vida devocional de oración y adoración. Conocimiento y vivencia, teología y práctica, Palabra y testimonio, eran parte permanente en mi vida. Luego y de hecho por entender mal lo que Dios había puesto en ese momento en manos de la Iglesia, comienzan una serie de abusos que han derivado hoy en día distintas formas de manipular “el mover del espíritu” y al pueblo en beneficio de particulares. Eso hizo que me apartara y me fuera al extremo radical y estricto de solo teología, solo Palabra y dejara de lado la frescura y el deleite que da una vida llena de la presencia de Dios y del continuo mover del Espíritu Santo en mi vida. Sin embargo, Dios que es rico en misericordia y amor, trae a la Iglesia local a unos viejos amigos para recordarnos y recordarme a mí que ambos extremos son malos pero que dejar de lado uno de los dos es peor. Para mi asombro y así se los dije, estos amados hermanos y amigos en Cristo vinieron recargados. Además de un ministerio que promueve con pasión la vida de oración y adoración y de ser gente que ama la Palabra, ahora vienen con una preparación bíblica y teológica recibida atraves de hombres de Dios con los cuales me encantaría estar de alumno. Se da entonces la combinación de conocimiento y vivencia, conocimiento y práctica, conocimiento y espiritualidad manifiesta, conocimiento y fruto del Espíritu Santo, conocimiento y pasión con orden pero pasión al fin y al cabo. Confieso que he tenido que liberarme de muchos prejuicios en estos días y lo que ha hecho que me desarme es saber y conocer que mis amados hermanos y amigos son gente transparente, que no manipula las Escrituras para beneficio propio que son sanos y rectos en su corazón lo que se manifiesta en su andar individual y ministerial. Doy gracias a Dios por colocar en nuestro corazón invitarlos, además de darme la oportunidad de dar un abrazo a amigos que hace 13 años no veía. Dios me sorprendió de manera especial y me deja un desafío que he aceptado con decisión y compromiso. Entrar en una vida devocional con pasión por mi Señor, una vida de oración y adoración que me lleve a sumergirme y perderme en su presencia. Que más que abandonarnos al dulce amor del Señor y deleitarnos en El. ¿Aceptas tú también ese desafío?.

El Señor nos invita un nuevo comienzo.

Dios les bendiga

lunes, 30 de mayo de 2011

Dios Inspecciona El Terreno o La Parábola Del Sembrador Lucas 8:4-15

Introducción:

Los agricultores de esta época se preguntaran porque el sembrador tiraba la semilla de esa forma y quizás pensaran que lo estaban haciendo mal. En la época de Jesús, los agricultores primero tiraban la semilla y después araban. De esta forma, Jesús aprovecha la práctica normal de sembrar para ilustrar una verdad: “El efecto de la Palabra en los corazones y la respuesta de la gente a la misma no depende de la operación divina sino del corazón de quien la recibe”.

¿Cuántos mensajes calculas que has escuchado, visto o leído desde que te convertiste al Señor?

¿Cuántas de esas predicaciones por buenas que hayan sido las has olvidado?

¿Cuántas de esas palabras tú no permitiste que echara raíces en tu corazón?

¿Cuántas de esas palabras han sido ahogadas por la tentación, la aflicción, la ansiedad y las riquezas de este mundo?

En esta parábola la invitación de Jesús es: Oír con buena actitud para entender. Observe que las palabras oíd, oído, oyen, oyendo, oigan, oír se repite unas 19 veces en todo lo relacionado a la parábola. (esto es para el entendimiento del que predica)

El privilegio del que oye con buena actitud es que: CONOCERA LOS MISTERIOS DEL REINO. “a ustedes se les ha concedido conocer los misterios del reino” 13.11

Quien tiene una buena actitud ante la palabra conocerá los secretos de Dios y de su reino.

Cosa contraria ocurre con los que se cierran, eso lo demuestra las palabras de Jesús: “Viendo, no ven y oyendo, no entienden”

En el vr. 15 se nota que hay una intención bien marcada de no querer abrirse a escuchar la palabra de Dios. El peligro de esto es que el corazón se vuelve insensible.

Han cerrado los ojos, para no ver. Los oídos para no escuchar.

Ellos sabían que si abrían los ojos y escuchaban con atención entenderían con el corazón y como resultado de esto, es que se convertirían y parece que eso era lo que ellos no querían. ¡Qué tristeza!

Retomando las preguntas iniciales te justificarás así:

Es que el que predica no lo sabe hacer, es enredado, no se le entiende.

Tienes razón en parte, porque hay predicadores y maestros que se preparan mejor y desarrollan mejor el don.

Pero el problema mayor es la actitud con la que vienes a escuchar la palabra. ¿Habría algún maestro mejor que Jesús?, pero no le entendieron muchas de sus enseñanzas por tener cerrado el corazón. Isaías lo profetizó Vr.14

DETALLEMOS LOS ELEMENTOS

a. El Sembrador

b. La semilla

c. Los terrenos

d. Los enemigos de la semilla

En la parábola encontramos cuatro clases de corazones, los cuales son representados por cuatro clases de terrenos.

I. Corazones Endurecidos. (Los de junto al Camino).

Las personas de corazón endurecido, son aquellas que les gusta probarlo todo, pero no se quedan en ninguna parte.

Están siempre dispuestas a abrazarlo todo.- Las modas, los caminos por donde transita el mundo, las ideologías nuevas. Les fascina lo nuevo pero en el fondo nada les satisface porque están siempre buscando algo que les acomode a su estilo de vida.

Siempre corren detrás de la novedad, del último grito de la moda religiosa.

Ejemplo: Pablo en el Areópago. Hechos 17:15-34

El problema de ellos es que a causa de su dureza se convierten en gente vulnerable, que puede caer fácilmente en manos de personas inescrupulosas que los manipulan para lucro personal.

Por lo anterior, cualquier cosa que hayan escuchado antes será remplazada por lo nuevo que salga.

En este sentido, las aves del cielo que se comen la semilla son todas aquellas corrientes religiosas que desplazan a Jesús como centro de la Fe del creyente y en su lugar colocan al hombre y sus filosofías. Mucho cuidado con estar yendo detrás de los argumentos e ideas novedosas.

¡Es muy triste que habiendo oído antes la Palabra de Dios dejemos que posteriormente nos la arrebaten!

II. Corazones Superficiales (Los De Sobre La Roca)

Se recibe la Palabra pero se carece de raíces.

¿Es posible creer en Jesús pero apartase de El cuándo aparecen las pruebas?

¿Se pueden perder las convicciones por culpa de las aflicciones?

¿Existen personas cuyo pensamiento religioso es: Cuando todo va bien creo, pero cuando aparecen las dificultades ya no creo?

Realmente hay que tener un corazón frio y duro como la roca para abandonar al Señor después de habernos gozado con El. Dos cosas que pueden ocurrir:

- Es posible que la Palabra solo haya permanecido en el terreno de la intelectualidad sin que Jesús llegara al corazón. Lo anterior da como resultado una fe intelectual que no se traduce en cambio del corazón. Una fe que no produce amor, afecto, comprensión ni solidaridad con los demás. Unas cuantas ideas religiosas metidas en la cabeza producen una vida cristiana fría, sin compromiso con Cristo y el evangelio.

- Cabe también la posibilidad de tener mucho conocimiento teológico y bíblico y a pesar de esto comportarse como un ateo practico cuando aparecen las pruebas.

- También puede ocurrir que la Palabra permanezca en el terreno de lo sentimental, de la pura emoción. Cuando es así tampoco hay raíces. Si no hay emoción no hay espiritualidad, y eso es falso.

- Las personas con un corazón superficial, son aquellas que reciben la Palabra pero no son conscientes de sus demandas. En esta época de emociones fuertes en las iglesias este tipo de espiritualidad se da muy fácilmente (Iglesia superficial).

- “La fe no debe depender de las emociones ni los sentimientos sino que debe ser intelectual y vivencial”. Hebreos 6:4-8

III. Corazones No Santificados (Sobre Espinos)

Hoy muchos de nosotros nos parecemos al terreno donde brotan los espinos. El de corazón no santificado abusa del sentido común. Todo se cuestiona. La dependencia de la razón hace que la fe continuamente se ahogue.

Se protegen del mensaje de Jesús porque les da miedo. Si lo aceptan puede conducirlo a tomar decisiones que afectarían su status social debido a que la fe implicaría un cambio radical de vida (santidad), que de inmediato los alejaría de su círculo social, por eso encierran a Jesús en sus mentes y no le permiten que tome sus corazones pero son expertos en acomodar la Palabra de acuerdo a su conveniencia.

IV. El Corazón Fructífero (El que la oye y la entiende)

¿Qué hace con la palabra? La oye y la entiende.

Marcos 4.20 y Lucas 8.15 nos ofrecen unos detalles adicionales que nos ayudan

Juntando estos textos pudiéramos construirlo así: “Pero aquella semilla que cayó en buena tierra es el que OYE la palabra y LA ENTIENDE, LA ACEPTAN CON CORAZON RECTO Y BUENO y dan fruto al 30 al 60 y al 100 por uno”

Aplicación: Se ve una clara intención de principio a fin de tener la mejor actitud frente a la palabra. No basta solo con oír, hay que entenderla y aceptarla con el corazón.

Porque hay gente que a pesar de saber y entender la palabra no la reciben en su corazón.

Una buena actitud con la palabra empieza en semana, cuando empiezas a orar para que él prepare tu corazón para escuchar su voz mientras lees, cuando oras a favor del que va a predicar, aun el acostarte temprano para que no te de sueño en la predicación y al estar sentado escuchando no te dejas distraer de nadie, ni del celular, ni del hermano distractor con sus comentarios.

La Palabra necesita la humedad de la fe para que germine la semilla del arrepentimiento, del cambio, de la santidad.

La Palabra de Dios es como espada de dos filos, pero muchos le colocan algodón para que no los hiera. La Palabra es luz pero muchos se colocan las gafas oscuras de los afanes, placeres de este mundo, riquezas y el hedonismo materialista para no ver con claridad y no se les dañe la vista.

Aplicación:

¡Que panorama tan desolador para la semilla!

¿Jesús pretendía desanimar a los discípulos con esta parábola?

La parábola tiene el fin de animar a los discípulos para que sigan predicando.

Miren a este sembrador, terco, obstinado y perseverante que a pesar de las circunstancias adversas sigue tirando la semilla. En ningún momento pierde la esperanza.

Todos los agricultores saben que al final parte de la cosecha se pierde.

Jesús les hablaba a sus discípulos hace 2.000 años y aquellas mismas palabras nos hablan hoy a nosotros.

“Sé que sufren contrariedades y desprecios en su vida cristiana, sé que ser mis discípulos y dar testimonio del evangelio no es nada fácil, sé que tienen enemigos y opositores, al igual que yo los tuve, pero no desmayen la cosecha está asegurada y al final llevara fruto al ciento por uno”.

Los caminos para la siembra están abiertos. Los verdaderos discípulos siguen esparciendo la semilla y siguen descubriendo tierra fértil y el evangelio de Cristo sigue salvando vidas”.

Conclusión:

La parábola del sembrador puede tener un doble significado:

En primer lugar está la cuestión evidente de las diferentes actitudes del ser humano frente al mensaje de salvación. Hay 4 formas de recibir la Palabra y una sola correcta.

- Buscando la novedad como los de corazón endurecido. (Junto al camino).

- Mediante el intelecto o los sentimientos como los de corazón superficial. (Sobre la Roca)

- Por medio de la razón. (Corazones no santificados). Ahogan la Palabra con la racionalidad.

- Como aquellas que con un corazón bueno y recto reciben la Palabra, dan fruto y perseveran.

En segundo lugar, la parábola pretende ser un estímulo a pesar de la apariencia de la misma, para alejar la desesperación y el afán de las almas del medio del pueblo de Dios, diciendo que las

Dificultades no impedirán la extraordinaria cosecha final.

Por ultimo:

¿Con que actitud estas llegándote a la palabra? ¿Estás juzgando previamente al que predica?

Presten atención a como terminó Jesús su explicación en Luc.8.18 “Tened mucho cuidado de cómo oís, porque al que escucha con atención se le dará más, pero el que no lo hace aún lo poco que sabe se le quitará”. Recuerden que el que sabe escuchar es el que tiene acceso a los secretos del reino ¿De cuántos secretos del reino te has perdido por no escuchar con entendimiento la palabra?

Así que oigamos con entendimiento. Amén.

¿En Qué Vas a Gastar Tu Vida? Por Mike Bickle

La disposición a tomar un compromiso para siempre con el Señor. Vivir apasionados por Jesús, depender de Él y enamorarnos cada día más, son decisiones necesarias de tomar.


Un día Jesús fue el huésped en la casa de Simón el leproso. Mateo nos dice que María, Marta y Lázaro estaban presentes. Juan añade: “Y le hicieron allí una cena; Marta servía” (Juan 12:1-2).

Creo que en Marta y María tenemos representados los dos tipos de personas que hay en el cuerpo de Cristo. Ambos son válidos. Ambos diligentes. Jesucristo los ama a ambos. Uno es el creyente orientado al servicio, y el otro es el creyente orientado a la comunión. El cuerpo de Cristo no podría funcionar bien si solo tuviera uno de los dos tipos de creyentes.

Jesús, Lázaro y los demás estaban reclinados a la mesa, mientras Marta servía. Aquel mismo día Jesús les había dicho a sus discípulos que al cabo de dos días llegaría la Pascua judía, y que Él sería entregado para que lo crucificaran pero, al parecer, sus palabras habían caído en oídos sordos. Todo el mundo estaba comiendo, bebiendo y charlando alegremente. ¿Acaso no había oído nadie lo que Jesús había dicho?

Por lo que sucedió después, se ve que una persona sí lo había comprendido.

Sin advertencia alguna, María apareció con un frasco de alabastro en el que había un costoso perfume: una libra de nardo puro que valía trescientos denarios, el salario de todo un año. Antes de que nadie pudiera detenerla, María, siguiendo una costumbre judía según la cual las personas pudientes ungían el cuerpo de sus seres amados con un aceite de gran precio antes de sepultarlo, quebró el cuello del frasco y comenzó a derramar su valioso contenido sobre la cabeza de Cristo, y a ungirle los pies. Al instante se hallaba arrodillada delante de Él, enjugándole los pies con su cabello, mientras la fragancia de aquel perfume llenaba toda la casa.

Por un momento todos los que estaban en aquella sala se quedaron mudos en sus asientos. Entonces, las airadas objeciones de Judas Iscariote rompieron su estupefacto silencio: “¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?”, reclamó. Juan revela los verdaderos motivos e intenciones que tenía aquel discípulo para protestar: “Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella” (12:6).

Judas no fue la única persona que criticó aquel extravagante despliegue de entrega por parte de María. Entre los presentes hubo otros que también la reprendieron. Marcos dice que se enojaban dentro de sí, y dijeron: “¿Para qué se ha hecho este desperdicio de perfume?” (14:4-5). Cuando uno comienza a amar a Jesús como María de Betania lo amó, tarde o temprano habrá quien va a reprenderlo. De eso puede estar seguro.

Cuando Jesús comenzó a hablar, se calló todo el clamor que había alrededor de aquella mesa en la casa de Simón. Por supuesto, Él iba a regañar a María por ser tan imprudente. Al fin y al cabo, ¿no había enseñado el Maestro acerca de aquel hijo pródigo que había malgastado sus bienes con una vida disipada? ¡Estaban seguros de que María estaba a punto de recibir el regaño más fuerte de toda su vida!

Pero la reacción de Jesús dejó a los presentes casi tan perplejos como lo habían dejado las acciones de María: “Pero Jesús dijo: Dejadla, ¿por qué la molestáis? Buena obra me ha hecho. Siempre tendréis a los pobres con vosotros, y cuando queráis les podréis hacer bien; pero a mí no siempre me tendréis. Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella” (Marcos 14:6-9).

Tanto María como Marta ministraron a Jesús aquel día. Haciendo un gran esfuerzo por preparar un banquete digno del Maestro, Marta le sirvió a su Señor un festín natural. María le preparó uno espiritual; algo que Él pudiera disfrutar y en lo que pudiera deleitarse solo dos días antes de tener que soportar las peores horas de toda su existencia. María le dio algo que procedía de ella, de su propio corazón.
 

No hay regla alguna que diga que tenemos que vaciar nuestra cuenta de banco, cerrar las puertas de nuestro negocio y tomar el próximo avión con destino a África. Nunca cometa el error de pensar que Jesús nos exige que seamos extravagantes. Todo lo que Él exige es la simple entrega de nuestro corazón en amor y obediencia; que tomemos nuestra cruz y lo sigamos.
Jesucristo ama al mundo y ama a la Iglesia, pero hay un plan especial con el que alimenta en privado a quienes lo aman. Hay un maná divino que reserva para los que se derrochan extravagantemente en su presencia.

Ninguno de nosotros tiene opción alguna cuando se trata de si vamos a derrochar nuestra vida, o no. La única opción que tenemos es decidir cómo vamos a derrocharla. Todos nosotros, o derrochamos la vida en el pecado y las concesiones al mundo, la pasividad y los cuidados de esta vida, o la “derrochamos” en Jesús.

Podemos derrochar la vida sirviendo al diablo o podemos invertir nuestra vida y recursos en Jesús, tal como lo hizo María, acumulando así un tesoro en los cielos, donde no corrompen ni la polilla ni el orín, y donde los ladrones no pueden entrar a robarlo.


¿Qué es lo que vas a hacer con tu vida?

Tomado del libro: Pasión por Jesús de Editorial Casa Creación

lunes, 23 de mayo de 2011

Ministros Enteramente Preparados Por José M. Martínez

La vocación y el carácter son importantes, pero no son suficientes para asegurar la eficacia en el ministerio.

Ministros enteramente preparados

La vocación y el carácter son importantes, pero no son suficientes para asegurar la eficacia en el ministerio. Se necesita también un mínimo de capacitación. Menospreciar este requisito constituye de por sí un signo de incompetencia para el servicio cristiano. Sería absurdo suponer que, mientras se incrementan cada vez más las exigencias de formación profesional en las empresas humanas, se puede cumplir con responsabilidades en la iglesia prescindiendo de la preparación adecuada.

La historia de la obra evangélica registra casos de hombres que fueron «lanzados» a predicar el Evangelio, a abrir nuevas vías de testimonio o, incluso, a pastorear iglesias con escasa o ninguna preparación. Las circunstancias anormales en que tuvieron que dedicarse al ministerio, la imposibilidad de obtener la formación deseada y las necesidades del campo que apremiaban su entrega, pueden, en cierto modo, justificar estos «lanzamientos». En algunos casos, Dios bendijo admirablemente los esfuerzos de estos hombres. Muchos de estos «obreros improvisados», ya en el ministerio, aprovecharon cuantos medios estuvieron a su alcance para capacitarse. Esto vino a suplir, dentro de lo posible —en ciertos casos de modo asombroso—, la carencia inicial.

Pero las experiencias en situaciones de excepción no son la regla. El hecho de que Dios haya usado en algunos casos a hombres sin capacitación no sienta ningún precedente normativo. Las Escrituras abundan en ejemplos que muestran de manera sobresaliente la necesidad de que el siervo de Dios sea debidamente habilitado para el cumplimiento de su misión. Las antiguas escuelas de los profetas, a partir de Samuel, ofrecen una muestra. Jesús dedicó la mayor parte de su ministerio para formar a los apóstoles. Pablo, educado a los pies de Gamaliel y buen conocedor de la cultura griega, pasó dos años en Arabia formándose en su nueva fe antes de entregarse completamente a su gigantesca obra misionera. Parte de su estrategia para la expansión del Evangelio era el entrenamiento «en cadena» de hombres fieles e idóneos para la enseñanza. (2 Ti 2.2)

Actualmente las opciones para adquirir una educación bíblico-teológica de calidad son diversas. Además de los seminarios residenciales, institutos bíblicos y otros centro análogos, se están multiplicando, con notables resultados, los seminarios por extensión, los cuales posibilitan la formación de los ministros sin que estos tengan que hacer cambios significativos de residencia y estilo de vida. Los cursos por correspondencia son otra opción de estudio sistemático. Y junto a todas las modalidades de educación formal, siempre está la alternativa de la formación autodidacta. Algunos hombres de Dios —Spurgeon entre ellos— alcanzaron por este medio niveles iguales o más altos a los logrados por los más aventajados graduados en facultades de teología. Por supuesto, no todos son capaces de tanto. El autodidacta precisa de dones intelectuales y fuerza de voluntad fuera de lo común. Pero también, aquellos que se benefician de los medios de educación formal siempre deberán complementarlos con estudio y esfuerzo independientes.

Cuando nos referimos a una formación adecuada no queremos dar a entender que se deba adquirir todo el caudal de conocimientos y experiencias que una persona sea capaz de tener. Semejante nivel jamás llega a conseguirse. Por eso el ministro tendrá que ser estudiante durante toda su vida. Su dominio de conocimientos, al igual que su calidad espiritual, deben crecer de día en día. Con ello queremos decir que, en circunstancias promedio, cuando una persona se dedica a un ministerio, debe tener una preparación aceptable que le permita funcionar con un mínimo de soltura y eficacia.

No nos atrevemos a concretar cuál debe ser el mínimo de preparación, pero sí señalaremos los factores que son indispensables. Al considerar cada uno, trataremos de presentar su perspectiva ilimitada a partir del nivel necesario que debe tener cada ministro cuando se inicia en el ministerio.

Formación bíblica

Cualquier ministerio cristiano tiene como base la Palabra de Dios. Tanto la predicación como la obra pastoral deben nutrirse abundantemente de ella. La Palabra debe ser no sólo la fuente de inspiración del ministerio, sino también la esencia misma del mensaje.

Este factor debe subrayarse por su capital importancia. Es lamentable la paradoja que se da en algunos contextos evangélicos: se venera la Biblia, casi hasta las fronteras de la «bibliolatría», pero el conocimiento que se tiene de las Sagradas Escrituras es extremadamente pobre y superficial. Esto genera el debilitamiento inevitable de los creyentes y de las iglesias. Esta condición hace a la iglesia altamente vulnerable ante cualquier «viento de doctrina».

La eficacia en el ministerio depende de la fidelidad a la Palabra de Dios, que es el instrumento del Espíritu Santo. Esta fidelidad no es el celo por ciertos textos o por unas doctrinas predilectas, que a menudo se sostienen por herencia y no por la convicción formada en el estudio personal. Tampoco es el uso reiterado de tópicos, generalmente expresados en frases hermosas, pero estereotipadas y desgastadas por el abuso. La lealtad a las Escrituras nos impone escudriñar profundamente cada vez más en la inmensidad de todo el consejo de Dios.

El mínimo de capacitación bíblica obliga a conocer y discernir los hechos históricos del Antiguo y Nuevo Testamentos, a observar el progreso de la revelación divina a través de los siglos hasta culminar en Jesucristo. Se debe tener el conocimiento básico de cada uno de los libros más importantes del canon bíblico (autor, fondo histórico, propósito, idea central, etc.). El ministro debe estar familiarizado con lo más básico de la poesía, la profecía y la ética bíblicas y tener una clara comprensión de las doctrinas fundamentales (Dios, el hombre, el pecado, Jesucristo, la salvación, la iglesia, etc.).

Partiendo de estos rudimentos, el ministro debe proseguir su estudio día tras día, año tras año, incansablemente. Debe escudriñar sistemáticamente cada uno de los libros de la Biblia, y si es posible, que la investigación sea exhaustiva. «Con el hábito de esfuerzo mental propio de los días de estudiante», como decía J.H. Jowett.

En este quehacer conviene que se usen todos los recursos bibliográficos útiles y disponibles, como buenos comentarios exegéticos, obras de introducción bíblica, tratados de teología, etcétera. Los descubrimientos de otros, en muchos casos guiados por el Espíritu Santo, pueden facilitar notablemente nuestro estudio. No tenemos por qué empeñarnos en redescubrir américas espirituales. Los escritos de los Padres de la Iglesia, de los reformadores, de teólogos sanos, de comentaristas y predicadores son una herencia de gran valor a nuestro alcance. Sería el colmo del absurdo renunciar a ella movidos por un afán mal entendido de independencia intelectual. Sin embargo, todo libro que no sea la Biblia debe leerse con actitud crítica. No todo lo que leemos en una buena obra tiene que merecer nuestra adhesión. Y no todo lo que han escrito autores poco evangélicos debe ser reprobado automáticamente por nosotros. Algunas de las ideas de estos autores son verdaderamente formidables. El ministro debe proceder de la misma forma que lo hicieron los creyentes de Berea, contemporáneos de Pablo (Hch 17.11), y estar en condiciones de «examinarlo todo y retener lo bueno» (1 Ts 5.21).

Todo lo que hemos expuesto sobre la formación bíblica tiene por objeto resaltar la importancia del estudio de las Escrituras. Pero esta formación es más que mera adquisición de conocimientos intelectuales. Incluye indefectiblemente la asimilación espiritual de ese conocimiento y su aplicación en la vida personal. La formación sólo es real cuando a un mayor conocimiento de Dios corresponde una adoración más ferviente, un mayor amor, un mejor servicio; cuando a una más clara comprensión de la persona y la obra de Cristo acompaña una más decidida entrega a hacer la voluntad del Padre; cuando a la certidumbre de la resurrección de Jesucristo se añade el gozo de la esperanza; cuando a la proclamación de su señorío se une nuestra sumisión sin reservas; cuando el concepto correcto de la obra del Espíritu de Dios determina un modo santo de vivir. Si falta esta correspondencia, el ministro se convierte en una figura grotesca, en una especie de monstruo con cabeza descomunal y cuerpo insignificante.

La aplicación personal de la Palabra se proyectará, asimismo, al entorno del ministro. Su juicio acerca de las personas, de las ideas, de las circunstancias y de los hechos a su alrededor se regirá por la verdad divina, y su modo propio de reaccionar y obrar ante ello dará evidencia de la autenticidad de su preparación. La Palabra no sólo debe iluminar la mente; debe trazar todos los perfiles de nuestra actuación. De no ser así, el ministerio puede acarrear más descrédito que gloria a la causa del Evangelio. La iglesia ha sufrido más a causa de eruditos sin santidad que de hombres incultos pero sinceros y de vida irreprochable. Por eso, el verdadero talento bíblico se demuestra sólo cuando la brillantez de pensamiento y de expresión va acompañada de un estilo de vida genuinamente cristiano.

Formación cultural

Una vez establecida la prioridad de la preparación espiritual de sólida base bíblica, también conviene poner en relieve la gran utilidad de un buen bagaje cultural. Los textos de las Escrituras usados por algunos para objetar la erudición humana (1 Co 1.19–1; 2.6, 8; Col 2.8; 1 Ti 6.20) no rechazan el valor de la misma, sino su degradación en una actitud de antagonismo hacia Dios y su verdad. No se debe olvidar que los más grandes líderes del pueblo de Dios poseyeron una cultura amplia. Moisés fue «enseñado en toda la sabiduría de los egipcios» (Hch 7.22). Isaías da evidencias de una intelectualidad refinada. Pablo, paralelamente a su instrucción teológica, manifiesta una gran formación humanística, con conocimiento de la filosofía y la literatura de su tiempo (Hch 17.28). Algo semejante podría decirse de muchos de los Padres de la Iglesia. Los reformadores, incluyendo los promotores del movimiento reformista en España, fueron hombres de gran talla intelectual y amplio saber. Podríamos añadir los nombres de Jorge Whitefield, Juan Wesley, Jonatán Edwards y muchos más, en quienes la piedad y la erudición se combinaron admirablemente para hacer de ellos excelentes instrumentos que Dios usó grandemente para su gloria.

En nuestro tiempo, cuando a la educación se le da tanta importancia, es inconcebible que un ministro del Evangelio carezca del mínimo de formación cultural. De nuevo nos resulta difícil precisar cuál debe ser ese mínimo. En gran parte depende del nivel promedio de educación del país, región o población donde se ministra. Por supuesto, las exigencias para el pastor de una iglesia en una gran capital serán superiores a las de uno que resida en una zona rural cuyos habitantes apenas saben leer y escribir. Sin embargo, aún en los ambientes culturalmente más pobres, el ministro debería estar en un plano comparable al de un maestro de primera enseñanza.

Sobre esta base debe ampliar sus conocimientos, dentro de sus posibilidades, en todas las ramas del saber, especialmente humanidades, historia, literatura, filosofía, arte, sociología, etcétera. La misma particular atención debe prestar a los acontecimientos y corrientes de pensamiento —secular o religioso— contemporáneos. No es un desacierto el consejo de Karl Barth de leer cada día la Biblia y el periódico. La primera nos permite conocer a Dios; el segundo nos ayuda a conocer al mundo. Claro que el consejo presupone un buen sentido de proporcionalidad y equilibrio. Dedicar cinco minutos a la lectura de las Escrituras y una o dos horas a periódicos y revistas no es precisamente lo que se espera de un siervo de Dios.

Por las diversas fuentes de lectura que el ministro utilice será enriquecido en todas las disciplinas. Al incrementar sus conocimientos, sus horizontes se extenderán, recibirá inspiración, aumentará su vocabulario, así como su capacidad argumentativa y de expresión, perfeccionará su capacidad de ordenar ideas. Y —bendición de bendiciones— crecerá en humildad al descubrir que tras cada cosa aprendida quedan aún mil por aprender.

No obstante, es aconsejable ordenar sabiamente las lecturas. Hay «bibliógrafos», devoradores de libros, que indiscriminadamente leen con avidez cualquier obra que cae en sus manos. A menudo, el resultado es que no retienen nada. La limitación del tiempo impone que la lectura sea selectiva. Las obras escogidas deberían ser las mejores de cada materia, pues lo importante es la calidad, no la cantidad. Thomas Hobbes, filósofo inglés, decía: «Si hubiese leído tantos libros como otras personas, sabría tan poco como ellas.»

Una obra valiosa merece, después de una primera lectura rápida, una segunda lectura más reposada, acompañada de la reflexión personal que permita digerir saludablemente lo leído. Subrayar y hacer acotaciones en el transcurso de la lectura, ya sea en el libro mismo o en una libreta destinada para tal efecto, es una práctica muy útil. Asimismo, conviene hacer un análisis, una crítica y un resumen de cada obra leída, reteniendo en la memoria lo más importante. El material que se considere provechoso se preservará mediante algún sistema de archivo.

Nunca valoraremos suficientemente la importancia de la lectura y el estudio. Por otro lado, es muy beneficioso que nos mantengamos alerta para no caer en el intelectualismo divorciado de la comunión con Dios. «Después de todo, el hombre de sólida formación, el estudioso es únicamente la materia prima de la que se está formando el ministro cristiano. La influencia vivificadora del Espíritu Todopoderoso es aún más necesaria para dar luz, vida y movimiento a la sustancia inerte, para moldearla según la imagen divina y hacer de ella "un vaso para honra, útil para los usos del Señor". Tampoco debemos negar que los hábitos del estudio van acompañados de tentaciones insidiosas. El árbol del conocimiento puede florecer mientras que el árbol de la vida languidece. Todo aumento del conocimiento intelectual tiene una natural tendencia al ensalzamiento propio ... Un juicio sano y una mente espiritual deben encaminar los estudios hacia el fin principal del ministerio.» (Watts, Humble endeavour for a revival, págs. 17–18)

Podríamos concluir con Quesnel: «No leer ni estudiar en absoluto es tentar a Dios; no hacer otra cosa que estudiar es olvidar el ministerio; estudiar sólo para gloriarse en el conocimiento que uno posee es vanidad vergonzosa; estudiar en busca de medios para adular a los pecadores es una prevaricación deplorable; pero llenar la mente del conocimiento propio de santos mediante el estudio y la oración y difundir ese conocimiento con sólidas instrucciones y exhortaciones prácticas es ser un ministro prudente, celoso y activo.» (C. Bridges, The christian ministry, pág. 50)

Formación humana

Con formación humana nos referimos a los conocimientos que se adquieren por el contacto directo con el mundo que nos rodea, especialmente con nuestros semejantes. Este sistema de formación es insustituible. Por medio de él aprendemos cosas que no llegamos a encontrar en los libros. Y aún aquellas que leemos, si forman parte de nuestra experiencia personal, se graban en nosotros con mayor profundidad.

Hay mucho en la vida humana, tanto negativo como positivo, de lo que debemos ser testigos presenciales para poder comprenderlo a fondo. Una cosa es leer acerca de la conciencia de pecado, pero otra muy distinta es enfrentarse ante la experiencia de la lucha agónica, de debilidad, de caída. No es lo mismo leer acerca de la tentación que oír a una persona referirse a una experiencia, propia o ajena, con el sentimiento torturador de la culpa. Tampoco es lo mismo leer el capítulo siete de la carta a los Romanos que ver a un creyente desgarrado por las fuerzas opuestas que combaten en su interior.

Asimismo, hay diferencia entre la preciosa doctrina de la regeneración y la contemplación de un hombre arrancado de las garras del vicio y transformado en un santo que testifica del poder de la gracia de Dios. Y ¿qué decir de lo que aprendemos junto al pobre que se goza en sus riquezas espirituales, junto al atribulado que deja entrever el poder sobrenatural que lo sostiene, o al lado del moribundo que, recitando el Salmo 23, entra sereno, sin sobresaltos, a la eternidad? Ciertamente, nada hay más impresionante ni más enriquecedor que contemplar cara a cara la vida humana con su riqueza de experiencias, con sus misterios y sus contradicciones, con sus glorias y sus miserias.

Pero este gran «libro» que la existencia misma nos ofrece no es fácil de leer. Exige atención. Hay quienes viven como si anduvieran con los ojos vendados, sin apenas percatarse de los tesoros de experiencia humana que hay en su entorno. Tal clase de personas no llegan muy lejos en el camino de la formación vivencial.

Es necesario aprender a detenerse, observar y escuchar. Y después de haber visto y oído escrutadoramente, es imprescindible reflexionar. Desgraciadamente, la facultad de reflexión se halla adormecida en muchas personas, incluidas algunas de las que se consideran intelectuales. Quizás la causa radica en un desmesurado activismo, aún de tipo intelectual, que priva del tiempo necesario para meditar. Tal vez debiéramos pedirle a algún amigo cuáquero que nos iniciara en la excelencia del silencio. J.O. Sanders (Liderazgo espiritual, pág. 101) refiere la anécdota del poeta Southey cuando le explicaba a una anciana que pertenecía a la Sociedad de los Amigos su modo extraordinario de aprovechar el tiempo. Él le compartió que aprendía portugués mientras se lavaba, y otras materias mientras se vestía, desayunaba o se ocupaba en otros quehaceres diversos. No desperdiciaba ni un instante. Ingenuamente, la mujer le preguntó: «Y ¿cuándo piensas?»

El general De Gaulle dejó otra buena ilustración. A partir de las nueve de la noche no recibía a nadie.

Desde esa hora hasta que se acostaba, se quedaba a solas consigo mismo y con las cuestiones de gobierno que demandaban su atención. Si un estadista sentía la necesidad de reflexionar hasta tal punto, ¿cuánto más no debería sentirla un ministro de Jesucristo?

Sólo si dedicara tiempo a la meditación reflexiva se beneficiaría plenamente de su triple formación, bíblica, cultural y humana.

José M. Martínez es español, pastor y escritor. Es autor del éxito de librería Hermenéutica bíblica.

Tomado de:

http://www.desarrollocristiano.com/articulo.php?id=128&c=all

viernes, 20 de mayo de 2011

Tres Años

El 20 de Mayo de 2.008, iniciamos el blog de bereano comprueba. Al principio tuvimos un perfil netamente apologético y con el paso del tiempo Dios nos fue guiando a dejar de lado la confrontación e intentar escribir de tal manera que se provocara la reflexión en los lectores, la inquietud por estudiar las Escrituras y la actitud de evaluar todo lo que veían y oían. Creo que el objetivo se ha logrado aún mucho más de lo que imaginábamos. Después de muchas mañanas, tardes y noches donde sacábamos un espacio para escribir y mantener el blog actualizado, del sacrificio de mi esposa y de mis hijos al regalarme tiempo para alimentar la página, de días de soledad porque nadie comprendía lo que hacía, ni aun mis hermanos en la fe, de tiempos en donde me volví impopular para muchos y donde las invitaciones a predicar y enseñar la Palabra se han hecho escasas, hoy cumplimos tres años.

No alcanzamos a imaginar lo que Dios ha hecho. A veces sentimos que estamos trabajando para un auditorio mudo y sin reacción. Preocupa la escasez de debate, de preguntas, de inquietudes. Debemos reconocer que muchos nos han escrito pidiendo conceptos sobre textos bíblicos y aun consejería pero en nuestro corazón quisiéramos tener más interacción con todos ustedes. La experiencia ha sido de mucha bendición. Iniciar un trabajo en Twitter fue algo que nos dio un impulso que en realidad necesitábamos. Ha sido una ventana al mundo que nos ha permitido conocer gente interesante, interactuar con muchos de ustedes y hasta tener seguidores de un talante espiritual e intelectual que nunca nos imaginamos. Todos, personas excelentes y muy valiosas que apreciamos mucho y oramos por ellas continuamente. Llegamos a formar un grupo de colaboradores con gente de Twitter que escribe devocionales para el otro blog (Devoción Diaria), que aunque hoy está algo inactivo esperamos se reactive muy pronto. Aquí seguiremos insistiendo.

En estos tres años hemos recibido todo tipo de comentarios (Casi un 100% muy buenos). Para mencionar algunos, recibimos comentarios de estudiantes de seminario donde nos agradecen un material que se publicó en el blog y que les fue de mucha ayuda para realizar algunos trabajos de la universidad. Recibimos otros comentarios donde nos agradecen un estudio en particular y nos comentan la bendición que ha sido y otras personas nos dicen que lo publicado ese día les llego en un m omento justo de sus vidas. No saben la alegría que nos da saber lo que Dios está haciendo. A Él sea la Gloria.

Nuestros más sinceros agradecimientos a los lectores fieles y que están pendientes de los contenidos que se publican (Sabemos que no son muchos pero allí están), gracias a los seguidores de Twitter, no saben cuánto les amamos. Cada vez que alguien deja de seguirnos es una tristeza grande en nuestro corazón. El blog y sus contenidos son netamente de Biblia pero siempre hemos estado abiertos a debatir sobre otros temas, ustedes propongan. Para otro tipo de contenidos pueden buscar a “bereano” en www.soyperiodista.com. Hasta donde Dios nos de vida y nos guie seguiremos acompañándoles día a día sin descanso, a pesar de las muchas responsabilidades y ocupaciones.

Gracias en primer lugar a Dios por darme el privilegio por demás inmerecido de servirle, a mi esposa y mis hijos por darme el tiempo y el espacio para hacerlo y a ustedes que son la razón de hacer de lo que hacemos.

Pedimos sus oraciones diarias y constantes. Tenemos varios proyectos que los incluyen a ustedes.

Los dejo con esta canción:

 

Dios No Nos Trajo Hasta Aqui

 

Un abrazo afectuoso

Dios les bendiga

Bereano

www.bereanocomprueba.blogspot.com

@bereano2

lunes, 9 de mayo de 2011

¿En Qué Condiciones y Circunstancias Las Devociones Derivan En Violencia?

Antes de comenzar a leer, quiero aclarar algunas cosas: Primero que no soy experto en el Islam. Segundo: Muestro la posición de Musulmanes ortodoxos, sin opinar al respecto, como dije soy ignorante frente al tema. Tercero: Me parece interesante conocer algunas cosas de carácter general sobre el Islam. Lo anterior nos da una mínima base para opinar sobre el tema. Cuarto: Tomo lo que sucede con el fundamentalismo islámico para plantear un tema general y quinto: Mi objetivo es que tengamos un pequeño punto de partida para reflexionar sobre lo que se plantea y si es posible emitir un concepto al respecto.

Desde hace varios días he estado inquieto en mi corazón y pensando en el porqué de la violencia religiosa. Esta reciente la muerte de Osama Bin Laden y he escuchado declaraciones de algunos líderes musulmanes al respecto lo que llamo mi atención. Aunque tenía idea de que muchos de ellos no estaban de acuerdo en lo que este hacía, nunca había escuchado afirmaciones tan categóricas como las siguientes: “El no representa a los musulmanes”, “Los musulmanes no somos así (violentos)”. Surgen entonces varias preguntas: ¿Qué dice el Corán acerca de la violencia?, ¿Qué pasa al interior del Islam?, ¿Por qué la Yihad?.En primer lugar y según un documento muy preciso y conciso que se llama “¿Qué dice el Islam sobre el terrorismo”?, en donde hacen un breve resumen de lo que el Corán dice acerca de él, se puede ver que de ninguna manera, este respalda y apoya la violencia y mucho menos la muerte de gente inocente.

(http://s1.islamhouse.com/data/es/ih_articles/single/es_Que_dice_%20Islam_sobre_terrorismo.pdf).

En segundo lugar, los musulmanes inicialmente se componían de tres grupos: Los que admiten la Sunna, denominados sunitas, el Islam ortodoxo, Los partidarios de Ali, Chiitas y los que no apoyan ninguna de las dos tendencias, los jariyíes, que dieron muerte a Alí y lo intentaron con Muawiya puesto que consideran que el poder solamente reside en Dios. Ya en la era moderna surgen dos corrientes nuevas, El Wahabismo que es un movimiento religioso integrista dentro del sunnismo, y el Deoband, el Islam paquistaní que actuaba en reacción con el Imperio Británico e India. Su objetivo es proteger su fe en un momento de gobierno no musulmán. Hasta aquí ninguna de estas corrientes apoya la violencia ni el terrorismo.

El penúltimo movimiento o corriente dentro del Islam es el Fundamentalismo. Los tradicionalistas o fundamentalistas propiamente dichos, no son un movimiento político sino una corriente ortodoxa dentro del islam, defensora de la sharia en su interpretación más tradicional. La denominación fundamentalismo no es aceptada por todos los autores, al ser considerada una trasposición de un concepto occidental. Algunos autores árabes también utilizan esta denominación, adaptada al árabe (usuliyya). Sus características esenciales, que la diferencian de los movimientos políticos designados a veces con el mismo nombre, son: En materia de interpretación del islam, son defensores de la tradición. El islam no tiene clero, por lo que teóricamente cualquier creyente tiene capacidad para interpretar los textos sagrados y extraer de ellos las aplicaciones para la vida cotidiana que necesite. Es lo que se llama ijtihad o esfuerzo de interpretación personal, que la doctrina islámica reconoce como algo perfectamente posible. Sin embargo, la tradición, a lo largo de los siglos, ha consagrado lo que se denomina el cierre de las puertas del ijtihad; esto es, la tradición niega al simple creyente la capacidad de interpretar por sí mismo los textos sagrados y otorga esa facultad en exclusiva a los ulemas, organizados en diferentes madhabs o escuelas legales. Ante cualquier problema, el creyente debe abstenerse de hacer una interpretación propia, y acudir a un experto para que emita un dictamen o fatwa. Los fundamentalistas son defensores de esta tradición; por tanto, del poder y la omnipresencia de los ulemas como guías de la sociedad. El último es el Neo fundamentalismo que introduce que a cualquier enemigo deckarado del Islam puede atacársele violentamente. En resumen, el fundamentalismo islámico pretende unificar todas las corrientes de la religión musulmana alrededor de una sola interpretación en donde la Jihad o Yihad es eje fundamental de la misma. Por eso es que encontramos a fundamentalistas musulmanes asesinando a musulmanes de las otras corrientes por no estar de acuerdo en esta interpretación.

http://es.wikipedia.org/wiki/Fundamentalismo_isl%C3%A1mico

En tercer lugar, para definir el término Yihad o Jihad, extraemos del folleto citado arriba lo siguiente:

“Mientras el Islam en general es mal entendido en el mundo occidental, quizás no otro término islámico evoca tal fuerte reacción como la palabra "jihad". El término 'jihad' ha sido muy abusado, para evocar las imágenes extrañas de musulmanes violentos, forzando a la gente a rendirse en el punto de la espada. Este mito fue perpetuado a lo largo de los siglos de desconfianza durante y después de las Cruzadas. Lamentablemente, esto sobrevive hasta este día. La palabra Jihad viene de la raíz de la palabra jahada, que significa lucha. Así entonces Jihad es literalmente un acto de luchar. El Profeta Mujammad (la paz sea sobre él) dijo que la mejor de las jihad es luchar contra las sugerencias insidiosas de nuestra propia alma. Así jihad principalmente se refiere a la lucha interior de una persona de virtud y sumisión a Dios en todos los aspectos de vida. En segundo plano jihad se refiere a la lucha contra la injusticia. El Islam como muchas otras religiones, permite la auto defensa, la retribución contra la tiranía, explotación y opresión. El Glorioso Qur'an dice: ¿Por qué no queréis combatir por Alá y por los oprimidos -hombres, mujeres y niños que dicen:"¡Señor! ¡Sácanos de esta ciudad, de impíos habitantes! ¡Danos un amigo designado por Ti! ¡Danos un auxiliar designado por tí!"? [Qur'an 4:75] Por lo tanto el Islam impone sobre sus creyentes el esforzarse extremadamente, en la purificación de ellos mismos, así como en el establecimiento de la paz y la justicia en la sociedad. Un musulmán nunca puede estar descansando cuando ve la injusticia y la opresión alrededor de él. Como Martin Luther King junior ha dicho: "Tendremos que arrepentirnos en esta generación no simplemente por las palabras odiosas y las acciones de las personas malas, sino también por el silencio espantoso de la gente buena." El Islam impone sobre todos los musulmanes el trabajar activamente para mantener el equilibrio en el cual Dios creó todo. Sin embargo, independientemente de cuan legítimo puede ser la causa, el Qur'an Glorioso nunca perdona la matanza de la gente inocente. La acción de aterrorizar a la población nunca puede ser llamada como jihad y nunca puede ser reconciliada con las enseñanzas del Islam”.

Según lo anterior, la Yihad o Jihad se refiere a la lucha del musulmán por alcanzar la santidad. Esto ha sido trasladado por algunos como la guerra por purificar al mundo, es decir, acabar con los infieles.

Planteamos otra pregunta: ¿Hay fundamentalismo en las demás religiones?, ¿Hay fundamentalismo en el cristianismo?.

La respuesta a la primera pregunta es: Si. Desafortunadamente todas las religiones que existen son de carácter fundamentalista solo que la mayoría no utiliza la violencia para atentar en contra de la vida de los demás. La respuesta a la segunda pregunta es: Si. Lamentablemente existen grupos y movimientos dentro de la Iglesia Cristiana que son abiertamente fundamentalistas. Su interpretación o revelación es la que sirve, nadie puede excluirse porque quedará estancado y sin bendición, etc.

¿Cuál sería entonces la primera conclusión de lo que hemos expuesto hasta ahora?.

La primera respuesta que al parecer es más acertada y contundentes para la primera parte de la pregunta planteada acerca de cuáles serían las condiciones para que la devoción (sea cual sea) derive en violencia es: “La Equivocada Interpretación De La Doctrina”. No estamos hablando de una religion, de una devoción o de una fe en particular, estamos hablando de una realidad que nos atañe a todos. “Cuando se interpreta mal una doctrina, una orden o un texto que para mí es sagrado, la consecuencia es una mala conducta, unas malas acciones y un estilo de vida religioso equivocado”. Pasa en todas partes. Lo que se plantea es: “La correcta interpretación de la doctrina es básica para el desarrollo de la vida espiritual y para entender a la divinidad”.

Una incorrecta interpretación del Corán, alimentada por el odio, la venganza y las continuas agresiones de occidente y oriente, ha derivado en la muerte de mucha gente inocente y lo anterior no tiene nada que ver con ningún dios, ni líder religioso alguno.

La segunda respuesta. La devoción deriva en la violencia cuando el hombre coloca a la divinidad en un plano inferior a el mismo, es decir lo que el hombre haría en su condición más primitiva e irracional es justificado por su fe o devoción a algo o a alguien y sin darse cuenta el dios a quien adora o a quien sigue termina siendo muy inferior y aún más bárbaro que el mismo hombre en su condición de irracionalidad más extrema. Aquí surgiría una pregunta: ¿Cómo es que adoro o sigo a un dios o sigo a un líder que es inferior a mí?.

La tercera respuesta sale de responder una pregunta: ¿Lo que hago corresponde a la naturaleza o esencia del dios a quien adoro?. Se le atribuyen atraves de la historia demasiadas cosas a los dioses o a Dios mismo siendo falso.

En el caso de los cristianos Ver:

http://bereanocomprueba.blogspot.com/2010/09/el-nombre-de-dios.html y http://bereanocomprueba.blogspot.com/2010/09/en-nombre-de-dios.html

La segunda parte de la pregunta, en lo que se refiere a las circunstancias en las que la devoción deriva en la violencia podemos decir lo siguiente:

La primera respuesta tiene que ver, con que no podemos dejar la interpretación de los textos sagrados a alguien que no esté debidamente preparado. Muchos se atribuyen revelaciones especiales para justificar las interpretaciones que hacen. Es básico que quien hace una interpretación esté preparado tanto espiritual como en lo académico para realizarla. Quedar a merced de un intérprete que de manera irresponsable dirija a todo una comunidad no solo es nocivo sino que puede ser mortal. La historia nos da muchos ejemplos.

La segunda respuesta está en el nivel de conocimiento que tienen los creyentes. Un creyente bien preparado es un creyente que4 no va a tragar entero. Que se va a dar cuenta que no le están diciendo la verdad, que lo están engañando. Un creyente sin conocimiento y además crédulo e ingenuo va como cordero al matadero.

En el caso de los musulmanes, quedar a merced de un ulema radical y fundamentalista es mortal.

La tercera respuesta, tiene que ver con las técnicas de manipulación que se practican sobre la gente. La violencia no es solo física, también es psicológica y mental. Steven Hassan en su libro: Cómo Combatir las Técnicas de Control Mental de las Sectas, describe cuatro aspectos de esta violencia mental y psicológica que se realiza a fin de controlar al individuo. Aunque el libro se refiere a los que sucede en las sectas, los conceptos son aplicables al tema que estamos tratando. Solo un autómata haría las locuras que muchos hacen y en el ejemplo concreto de los fundamentalistas musulmanes la autoinmolación. He aquí un breve resumen de estos cuatro aspectos. (El libro lo encontramos en: http://libroweb.wordpress.com/2007/10/18/como-combatir-las-tecnicas-de-control-mental-de-las-sectas-steve-hassan/).

En primer lugar, para que acepte de manera absoluta una interpretación particular buscan Controlar mi comportamiento

El control del comportamiento es la regulación de la realidad física del individuo. Incluye el control de su entorno -el lugar donde vive, qué ropas viste, qué come, cuántas horas duerme-así como su trabajo, rituales y otras acciones que realiza.

La necesidad de tener el control del comportamiento es la razón por la cual la mayoría de las sectas prescriben unos horarios muy rígidos a sus miembros. Cada día, una parte importante del tiempo se dedica a los rituales de la secta y a las actividades de adoctrinamiento. También es habitual que a los miembros se les asigne el cumplimiento de unas metas y tareas específicas, lo que restringe su tiempo libre y su comportamiento. En la secta destructiva siempre hay algo que hacer.

En segundo lugar, controlar el pensamiento

El control del pensamiento, el segundo componente de importancia en el control mental, incluye un adoctrinamiento tan profundo de los miembros que éstos interiorizan la doctrina del grupo, incorporan un nuevo sistema de lenguaje, y utilizan técnicas de interrupción del pensamiento para mantener las mente «centrada». A fin de ser un buen miembro, la persona debe aprender a manipular sus propios procesos de pensamiento.

En las sectas totalísticas, la ideología es interiorizada como «la verdad», el único «mapa» de la realidad. La doctrina no sólo sirve para filtrar la información que se recibe sino también para regular cómo se debe pensar sobre esta información. Por lo general, la doctrina, que es absolutista, lo divide todo en «blanco contra negro», «nosotros contra ellos». Todo lo que es bueno está representado por el líder y el grupo. Todo lo que es malo se halla en el exterior.

En tercer lugar está el control emocional. El control emocional, intenta manipular y reducir el alcance de los sentimientos del individuo. El miedo y la culpa son las herramientas necesarias para mantener a la gente bajo control. La culpa es, con toda probabilidad, el arma emocional más sencilla y eficaz que existe para conseguir la conformidad y la sumisión. La culpa histórica (por ejemplo, el hecho de que Estados Unidos lanzara la bomba atómica sobre Hiroshima), la culpa de identidad (por ejemplo, un pensamiento del tipo «No vivo de acuerdo con mi potencial»), la culpa por acciones del pasado (por ejemplo, «Hice trampas en el examen») y la culpa social (por ejemplo, «Hay gente que muere de hambre») pueden ser explotadas por los líderes de las sectas destructivas. Sin embargo, la mayor parte de los miembros de una secta no pueden ver que utilizan la culpa y el miedo para controlarlos. Están tan condicionados a culparse siempre a sí mismos que responden con gratitud cada vez que el líder les señala uno de sus «defectos».

En algunos grupos, la felicidad estriba en seguir las órdenes del líder, en reclutar el máximo número de individuos o en donar una buena cantidad de dinero. La felicidad se define como el sentido de comunidad que brinda la secta a todos aquellos que disfrutan de una buena posición.

La lealtad y la devoción son, entre todas las emociones, las más respetadas. Los miembros no están autorizados a sentir o expresar emociones negativas, excepto hacia los foráneos. Se les enseña que nunca han de experimentar sentimientos hacia su propia persona o sus propias necesidades, sino que deben pensar siempre en el grupo, sin quejarse jamás. No podrán nunca criticar al líder, pero en cambio deberán criticarse a sí mismos.

Por ultimo está el control de la información: La información es el combustible que utilizamos para que nuestra mente funcione correctamente. Niéguele a un individuo la información que necesita para emitir un juicio acertado y será incapaz de hacerlo. La gente permanece atrapada en las sectas destructivas porque no sólo se le niega el acceso a una información crítica sino que además ha sido despojada del mecanismo interno necesario para procesaría. El control de la información tiene un impacto tan dramático como devastador.

En muchas sectas totalísticas, los adeptos cuentan con un mínimo acceso a los periódicos, revistas y programas de radio y televisión ajenos a la secta. Esto se debe en parte a que están tan ocupados que no disponen de tiempo libre. Cuando leen, por lo general se trata de libros o folletos de propaganda editados por la secta, o de material que ha sido censurado para «ayudar» a los miembros a que se mantengan centrados.

El control de la información también se extiende a todas las relaciones. No se permite a los miembros que discutan entre si nada que sea crítico respecto al líder, la doctrina o la organización. Los adeptos se espían los unos a los otros e informan a los líderes de las actividades incorrectas o de los comentarios.

Para terminar: ¿Cómo creemos que reaccionaria alguien que se dé cuenta o que sepa que ha sido sometido a estas técnicas de manipulación?.

Conclusiones

Los hombres tienen necesidad de lo espiritual. En el caso de los que creemos en Dios, buscamos saciar esa necesidad en El. En el caso de los que tienen otras devociones, hacen lo mismo. Ambos tenemos algo en común. Para los cristianos Dios es nuestra referencia de perfección, para otras religiones o devociones, su dios o líder es su referencia de perfección. En ambos casos, muchas veces el comportamiento de los creyentes no es coherente con Dios o con su referente espiritual. Cuando esto sucede, queda en evidencia una mala interpretación de la doctrina.

Y esta es la razón por la que existen miles de religiones. Interpretaciones particulares de Dios, de Jesús, de Mahoma o de quien sea, han conducido a la humanidad a un caos espiritual y a una confusión que hecho que el escepticismo aumente considerablemente.

Mientras Dios y el evangelio de Cristo, al igual que muchas de las doctrinas existentes hablan del amor, de la paz, de la solidaridad, de la generosidad, de la convivencia pacífica, etc., en la práctica no suceden estas cosas porque en nuestro egoísmo y arrogancia lo que hemos hecho es querer atribuirnos el control y el poder sobre la gente y que esta haga lo que nosotros queramos mediante interpretaciones particulares y amañadas de los textos que tenemos como base doctrinal. Esto al final es un uso perverso de la religión para fines individuales, egoístas y aun políticos. Lo mismo que describe Apocalipsis 13.

Por último:

Con profundo amor y afecto me dirijo a mis hermanos en la fe, creyentes en Dios y en El Señor Jesucristo. Hice un brevísimo y corto análisis del caso más extremo que existe acerca de cómo una devoción puede derivar en violencia.

El llamado y la exhortación son a ser intérpretes fieles, responsables y sobre todo coherentes con la Biblia y el Evangelio en el caso de nosotros los cristianos. ¿Qué tanto de lo que se predica hoy en la Iglesia, corresponde a la esencia y el carácter de Dios?. ¿Corresponde la conducta y el estilo de vida de los cristianos a la esencia y el carácter de Dios?. ¿Estamos manipulando a la gente con interpretaciones particulares de las Escrituras con el fin de que hagan lo que nosotros queremos?.

¿Los cristianos hemos colocado a Dios en un plano tan inferior y terrenal que Dios quiere lo mismo que nosotros aun renunciado a lo que Él quiere para nosotros?. Dios nos ilumine.

Espero y anhelo que cada una haga su reflexión particular sobre el tema.

Dios les bendiga

viernes, 6 de mayo de 2011

En Su Secreto (Comentarios y Reflexión De Jeremías 23:9-40) Por Pastor Joaquin Madera


Según el Vr. 9 Dice: “En cuanto a los profetas”, lo dice después de agotar la confrontación y sentencia que le hizo a “los pastores, líderes políticos, reyes o gobernadores”.

El corazón del profeta estaba quebrantado, humillado, sus huesos temblaban y él se consideraba como ebrio. 

La razón de esas manifestaciones nos la cuenta que era por causa del señor  y de sus santas palabras. En contraste con la actitud de los profetas que el Señor declara están corrompidos Vr.11.

Esto nos permite entender que Jeremias valoraba y respetaba la palabra del Señor. La consideraba llena de poder y autoridad, de tal manera que nadie podía estar en pie delante de ella.

Pero contrario a Jeremías, Dios mismo observa  que  en los profetas de Samaria había algo ofensivo, ya que profetizaban en nombre de Baal. En los profetas de Judá, encontró algo horrible, porque los profetas cometían adulterio (quizá con sus esposas o posiblemente adulterio espiritual), andaban en mentiras y fortalecían las manos de los malhechores. Predicándoles bienestar y paz, cuando estaban haciendo violencia y robo dentro del pueblo.

Dios hace una denuncia escalofriante: LA CORRUPCION DE TODA LA TIERRA, PROVIENE DE LOS SACERDOTES Y PROFETAS.  En otras palabras por no predicar correctamente la palabra el pueblo se corrompe.  El pueblo necesita escuchar de los labios del predicador un mensaje que lo confronte, que lo haga apartar de su mal camino.

Cuando el profeta o predicador no cumple fielmente con lo que Dios le encomienda, el mismo Señor se encarga de prohibirle al pueblo para que no escuche las profecías o predicaciones de esos profetas Vr. 16  y da las razones:

No es mi palabra, es la imaginación de su corazon y por eso conducen a lo vano, a lo que no sirve.

Dan un mensaje suave a los malos. Ellos les decían a los lideres malos y a los violentos y arrebatadores de  los bienes ajenos, que tendrían paz, que les iria bien “No habrá calamidad para vosotros” Vr.17

Con este resumen en mente, lea Jeremias 23 y responda

¿Cuál era el problema mayor de esta gente? Vr.18

¿Qué hacían estos profetas? Vr.21

¿Qué hubiese pasado si ellos hubiesen estado en su secreto? Vr.22

¿Quién ha estado viendo y escuchado a  estos hombres y sus profecías? Vr.25

¿En qué fundamentaban estos falsos profetas sus predicaciones? Vr.25

¿Qué estaban logrando con este tipo de predicaciones? Vr.27

¿Cómo compara el Señor su palabra con los sueños?

¿Quién está contra los falsos profetas? Vr.30

¿Qué cosas estaban haciendo con la palabra?

¿De quién eran las palabras hurtadas?

Para Reflexionar

¿Para predicar o enseñar has estado en el secreto del Señor?

¿Alguna vez usted ha querido correr, sin que Dios lo envíe?

¿Alguna vez ha predicado, sin que Dios le haya hablado?

¿Alguna vez ha robado  el mensaje de otro para predicarlo?

miércoles, 4 de mayo de 2011

Mensaje Para Los Predicadores (Jeremías 23:9-40) – Biblia Textual

9 Este es un mensaje acerca de los profetas: Se me rompe el corazón dentro de mí y mis huesos se debilitan. Parezco un borracho; soy como un hombre dominado por el vino. Me siento así por causa del Señor y sus santas palabras. 10 La tierra está llena de adúlteros*. Por culpa de sus pecados, la tierra se ha secado. Las praderas están secas y se han convertido en un desierto. Los profetas son perversos y se apartan para hacer el mal. 11«Los profetas y los sacerdotes han pecado en la tierra. Hasta en mi propio templo* he encontrado su maldad. Lo dice el Señor. 12 Por eso el camino se volverá resbaloso para ellos. Serán empujados a la oscuridad y caerán en ella. Cuando les llegue el día del castigo, traeré sobre ellos el desastre. Es la decisión del Señor. 13 Entre los profetas de Samaria* he visto algo espantoso: Ellos profetizan en nombre de Baal* y han hecho extraviar a mi pueblo Israel. 14 Entre los profetas de Jerusalén he visto algo muy desagradable: Cometen adulterio* y viven en el fraude; fortalecen a los perversos; ninguno se aleja de su maldad. Para mí ellos son como Sodoma* y sus habitantes como Gomorra*». 15 Por eso, esto dice el Señor Todopoderoso contra los profetas: «Haré que coman comida amarga y que beban agua envenenada, porque la corrupción se ha originado en los profetas de Jerusalén y se ha esparcido por todo el país». 16 Esto dice el Señor Todopoderoso: «No hagan caso a las palabras que les dicen los profetas, porque están alimentando en ustedes falsas esperanzas. Las visiones que ellos cuentan se las inventaron ellos mismos, no vienen del Señor. 17 Se la pasan diciendo esto a los que me desprecian: “El Señor ha dicho que ustedes tendrán paz”. Y a aquellos que tercamente hacen lo que les da la gana, les dicen: “Nada malo les va a pasar”». 18 Pero, ¿quién de ellos ha estado presente en la reunión secreta del Señor? ¿Quién de ellos ha visto o escuchado su mensaje? ¿Quién de ellos ha oído y prestado atención a su mensaje? 19 Aquí viene furiosa la tormenta del Señor; un tornado se agita sobre la cabeza de los malvados. 20 La ira del Señor no se detendrá hasta que haya alcanzado sus propósitos. Cuando todo termine, ustedes entenderán por qué tuvo que suceder todo esto. 21«Yo no envié a esos profetas, pero ellos corrieron a dar sus mensajes. No les hablé, pero ellos hablaron por mí. 22 Si ellos hubieran estado presentes en mi reunión secreta, habrían comunicado mi mensaje a mi pueblo y lo habrían hecho alejarse de su maldad. 23»El Señor dice: “¿Es que soy Dios sólo de lo que tengo cerca? ¿Acaso no alcanza mi poder divino lo que está lejos? 24¿Podrá un ser humano ocultarse en un escondite donde yo no pueda verlo? ¿No lleno yo con mi presencia los cielos y la tierra?” Lo dice el Señor. 25»Yo he oído lo que dicen esos profetas. He escuchado las mentiras que profetizan en mi nombre. Ellos dicen: “¡He tenido un sueño! ¡He tenido un sueño!” 26¿Cuánto tiempo más seguirán los profetas siendo así? ¿Cuánto tiempo más seguirán anunciando mentiras y engaños que ellos mismos inventan? 27Con los sueños que se andan contando unos a otros quieren hacer que mi pueblo olvide mi nombre, como sus antepasados olvidaron mi nombre y adoraron a Baal. 28El profeta que tenga un sueño, que lo cuente; pero el que reciba mi mensaje que lo cuente fielmente. ¿Qué tiene que ver la paja con el grano?, dice el Señor. 29¿Acaso no es mi mensaje como el fuego, y como el martillo que despedaza la roca?, dice el Señor. 30»Por eso estoy en contra de los profetas que se roban unos a otros mis palabras, dice el Señor. 31Estoy en contra de los profetas que se inventan mensajes y dicen que vienen del Señor. 32Estoy en contra de los que profetizan falsos sueños, que con sus mentiras y espectáculos hacen que mi pueblo se pierda. Yo no los envié ni les ordené que hablaran. Ellos no le traen ningún beneficio a este pueblo, dice el Señor. 33»Cuando alguien de este pueblo o un profeta o sacerdote te pregunte cuál es la carga pesada del Señor, ustedes le dirán: “¿Cuál carga pesada del Señor?” “Ustedes son una carga pesada para mí y yo me voy a deshacer de ustedes”, dice el Señor. 34Y si alguien del pueblo, o un profeta o sacerdote dice: “Esta es la carga pesada del Señor”, lo castigaré a él y a su familia. 35Esto es lo que deben preguntarse entre semejantes y hermanos: “¿Cuál es la respuesta del Señor?” o “¿Qué ha dicho el Señor?” 36Pero ya no deben usar la expresión “carga pesada del Señor”, porque en carga pesada convertiré las palabras de cada uno pues ustedes han pervertido el mensaje del Dios vivo, del Señor Todopoderoso, nuestro Dios. 37Así le preguntarás al profeta: “¿Qué respuesta te dio el Señor?” “¿Qué dijo el Señor?” 38Pero si dicen “carga pesada del Señor”, entonces esto dice el Señor: Por haber dicho “carga pesada del Señor”, habiéndoles yo advertido que no usaran esa expresión, 39entonces yo los levantaré, como se levanta una carga, a ustedes y a la ciudad que les di a ustedes y a sus antepasados, y los arrojaré lejos de mí. 40 Les traeré la desgracia eterna y una humillación que nunca será olvidada».

La Biblia Textual es la traducción al Español de los originales Hebreo, Arameo y Griego, sin ninguna interpretación por parte del traductor.

Les pido que estudien y comenten el texto. Pueden hacerlo en el contacto (Contact me), en los comentarios de la entrada o al correo: bereano20@gmail.com. Se publica tal como aparece en la versión citada. No tiene comentario alguno.

Dios les bendiga

Porción tomada de: World Bible Translation Center’s web site: http://www.wbtc.org

martes, 3 de mayo de 2011

Cuando El Servicio Deprime Por Jorge Atiencia

Las sensaciones de desánimo y frustración en la obra son normales. La sinceridad es el primer paso hacia la restauración.

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El ser humano vive una paradoja profunda: lo que más desea es ser conocido tal como es, pero, al mismo tiempo, eso es lo que más teme. ¡Qué contradicción! Anhelamos ser conocidos plenamente, y, por otro lado, sentimos miedo de quedar expuestos en nuestra verdadera intimidad.Si dejamos que la palabra de Dios nos examine, nos va a revelar lo que realmente somos. Es imprescindible mirarnos, al menos de vez en cuando, tal como somos; es importante compartir, quizás con un amigo o con nuestro cónyuge, nuestros secretos más profundos. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de olvidar quiénes somos en realidad: nos acostumbraremos poco a poco a aceptar como verdadera la versión que mostramos de nuestra persona en la vida pública. La imagen que proyectamos es una versión «editada», que mostramos al mundo con la esperanza de que la encuentren más aceptable que la versión real.

Bien, si nos resulta difícil descubrirnos ante otros, por lo menos quitémonos la máscara ante nosotros mismos y frente al Señor. Si no nos despojamos de ella, no conseguiremos madurar.

La historia de Elías, y el modo en que lo trató el Señor, nos ayudan a entender el amor y la tolerancia de Dios hacia nuestra humanidad tan inconsistente.

Un hombre sujeto a pasiones

«Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestra» (Stg 5.17).

¡Qué retrato tan expresivo! Notemos que el texto señala: «Elías era un hombre» Las Escrituras registran las valientes acciones de Elías, un profeta considerado entre los más destacados de la historia de Israel. Pero cuando Santiago hace una lectura de Elías, lo que descubre es un hombre, no un súper-hombre. Ni siquiera lo define como un gigante espiritual o le concede el título de «varón de Dios». Cuando la Biblia muestra a sus héroes, no nos da una versión editada y adaptada: los expone tal como son.  Si dejamos que la palabra de Dios nos examine, nos va a revelar lo que realmente somos. Nuestro Padre es un especialista en describirnos con precisión y en amarnos tal como somos. Dios quiere ministrar a nuestra persona real, no a una «versión editada» de esta.

Las Escrituras nos muestran la espiritualidad de Elías en el contexto de su humanidad y de sus pasiones. Elías era un hombre sujeto a pasiones y oró, invocando el poder de Dios. Sin embargo, ¿qué pasa con Elías ahora que se encuentra frente a la amenaza de Jezabel? Con cara al peligro, el temperamental Elías no mide, no evalúa, no deja espacio para la fe: ¡huye!.

En el Carmelo, Elías desafía con coraje a más de cuatrocientos profetas. Pero cuando llega a él un mensajero de parte de una mujer perversa, se acobarda y decide huir. La perversa reina declara: «Así me hagan los dioses»  los mismos dioses que no se presentaron en el monte, aquellos a los que Elías acaba de exponer como falsos. De pronto, se siente urgido a huir ante esos mismos dioses.

Entre contradicciones

Esa es la paradoja, esa es nuestra realidad. Sentimos valor cuando estamos en la cumbre, pero nos acobardamos en el valle. Somos expertos mientras el éxito nos acompaña, pero inútiles en la crisis. Deslumbrantes en la plataforma, quizás, pero nos desquiciamos en el hogar. Desde el púlpito, causamos impacto con nuestros mensajes sobre el matrimonio y la familia; llegamos a casa, y un hijo adolescente nos pone en jaque o no sabemos escuchar con sensibilidad a nuestro cónyuge. Combatimos con la oración contra las potestades de Satanás, pero lloriqueamos cuando no nos llega el cheque a tiempo. Así somos, esa es nuestra realidad. Esa es la paradoja humana.Nos hemos convencido de que no es posible que el líder, el siervo de Dios se puede deprimir y por eso enmascaramos nuestro estado emocional. Los siervos del Señor no mostraron al mundo una versión depurada de su espiritualidad. Elías sintió deseos de morir y no lo escondió. Así se expresó también Jeremías: «Maldito el día en que nací. Maldito el hombre que dio nuevas a mi padre, diciendo: Hijo varón te ha nacido», exclama Jeremías ((Jer 20.14).

Es interesante que el Señor se asegura de que esos versos no queden fuera de la Escritura. Todo lo contrario; queden allí, como un testimonio de cómo dar espacio a nuestra humanidad. Dios quiso que quedaran escritas, para que no temamos ser humanos. Que podamos mostrarnos ante el Señor tal como somos, en nuestra genuina humanidad.

La cara de la depresión

Elías llegó al punto crítico en que deseaba morirse. «Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres» La profunda depresión se manifiesta tanto en lo físico como en lo emocional y espiritual. Nos neutraliza. Nos paraliza. Nos aísla de nuestra realidad. Empezamos a vegetar y perdemos conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor. Perdemos el norte. Sentimos como si nos estuviéramos hundiendo, sin que nada logre detenernos en esa caída. El pantano nos traga y no encontramos nada a qué aferrarnos: las victorias gloriosas del pasado no resultan suficientes para sostenernos.

Elías tampoco hizo uso del pasado para encontrar socorro en su depresión actual. No confesó: «Así como ya me libraste en otra ocasión confío en que igual me librarás ahora». La depresión nos aísla de los recursos espirituales a los que solíamos acceder. Es como un pantano que nos va tragando, igual que al personaje de Ernesto Sábato en su novela El túnel (1): va entrando en el túnel y se pierde en él sin que nada lo detenga. No hay norte. No hay conciencia de lo inmediato.

Regreso a la sinceridad

Humanamente hablando, es imposible ministrar a otros cuando estamos sumidos en una situación depresiva. Pero como somos expertos en «editarnos» a nosotros mismos, muchas veces, aun en medio de la depresión, tenemos el descaro de ministrar, ocultando nuestra realidad. Nos hemos convencido de que no es posible que el pastor, el líder, el siervo de Dios se puede deprimir y por eso enmascaramos nuestro estado emocional. La depresión la pueden experimentar otros: los enfermos, los débiles. Pero del pastor y del líder siempre esperamos equilibrio y sobriedad. De los «fuertes», esperamos una estabilidad temperamental que mantenga todo en orden.

Por eso es que muchas veces ministramos aunque estemos pasando por una depresión. Sin embargo, la realidad se percibe. El pueblo de Dios advierte nuestro estado real porque el Espíritu de Dios le ayuda a discernir, y no se confunde con la imagen que proyectamos. Cuando pretendemos ministrar en medio de la depresión, no ministramos, actuamos. En lugar de hablar, gritamos. Al pastor deprimido se le han agotado las energías para presentar un mensaje fresco. entonces recurre al archivo. En lugar de inspirar a otros, acusa. El líder deprimido no reconoce que el problema nace de su propia condición: para él el problema son los otros, el problema es la congregación.

Elías experimentó el profundo desánimo que ocasionalmente acompaña a quienes sirven al Señor. En la ministración que recibió del Altísimo encontramos importantes pistas para superar esta condición.

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¿Cómo ministra el Señor a Elías en esta situación? Es hermoso ver que el Señor no impide en ningún momento que su siervo viva la paradoja de su humanidad. No interviene para evitar que experimente la perplejidad y la ambivalencia de su condición. Todo lo contrario: lo deja vivir su humanidad. No sale al encuentro de Elías en su versión mejorada sino en la versión real. No impide que viva su crisis, pero lo sigue y lo acompaña en medio de ella.

El cuerpo, primero

¿Cuáles son algunas de las iniciativas del Señor para ayudar a su siervo? En primer lugar, lo atiende en sus necesidades elementales. Un ángel despierta al profeta y le indica: «come». Observamos que la instrucción no es: «traga». Le pide que coma. Una de las adicciones de la persona deprimida puede ser a la comida, pero a comida que no nutre. Aquí, en cambio, el acto de comer está controlado, orientado. Luego lo deja dormir; pero sólo un rato, y lo vuelve a despertar para pedirle nuevamente que coma, porque necesita fortalecerse.

Cuando me hundo en la realidad y descubro la paradoja de mi humanidad, compruebo que soy igual o peor que los demás. ¡Qué sabio es el Señor! Al ministrar a Elías, empieza a colocar fronteras en el descalabro emocional de su siervo. Su objetivo es fortalecerlo, pero, al mismo tiempo, dejarlo que termine de vivir su crisis. Tal como ha señalado alguien, es preciso mantenernos en una crisis el tiempo suficiente hasta sacar beneficio de ella.

El Señor le ordena a Elías: «Come, porque te queda un camino largo, cuarenta días y cuarenta noches». Lo fortalece, pero lo deja vivir días largos y tediosos, días de tremenda soledad.

Regreso a Horeb

Elías hizo lo que hubiera hecho la mayoría de nosotros. Se dirigió a Horeb, al monte de Dios. «Se levantó, pues, y comió y bebió, y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios». (1Re 19.8)

¿Qué representa este monte para el profeta? Representa lo único que Elías sabe manejar, lo que le resulta familiar. El monte de Dios es para Elías el símbolo del éxito. Significa poder, espectacularidad, despliegue de gloria. Allí es a donde quiere retornar: a lo que le provee seguridad.

Fuera de ese sitio, Elías no puede vivir. A menos que esté controlando la situación y manejando poder, Elías se desarma. Necesita estar constantemente en la cumbre, porque es incapaz de vivir en el valle. Por eso busca aquello que puede manejar, una espiritualidad que le permite sentirse cómodo y seguro. El Señor simplemente lo deja llegar.

Elías, examinado

Luego se produce un hermoso diálogo entre el Señor y su siervo. Es casi como si golpeara a la puerta de la cueva. Elías sale… «¿Qué te pasa? ¿Qué haces aquí, Elías? He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida» (1Re 19.10).

Aquí se nos insinúa la raíz de la depresión del profeta. ¿Qué es lo que realmente ha causado su depresión? Ya se nos ha anticipado algo en el versículo 4, cuando el profeta anunció que deseaba morirse, añadió una frase muy reveladora: «pues no soy yo mejor que mis padres». El profeta había tomado como punto de referencia el nivel de otros y se había propuesto superarlos. Me propongo ser mejor que otros y pongo todo mi empeño en alcanzar esa meta. Pero cuando me hundo en la realidad y descubro la paradoja de mi humanidad, compruebo que soy igual o peor que los demás.

Por mi parte, crecí convencido de que si cada evangélico compartía la fe cristiana con otra persona, en veinte años este mundo estaría evangelizado y transformado.Con cuánta frecuencia, cuando reemplazamos a alguien o cuando ocupamos un nuevo puesto, prometemos: «Conmigo va a ser distinto; estas situaciones no van a pasar». Pero cuando sale a la luz la paradoja humana, nuestra verdadera humanidad, entonces caemos en la depresión: «No soy mejor que aquel hermano que cayó en adulterio; no soy mejor que el hermano que mintió. He sido peor, Señor. Ahora que realmente descubro quién soy, quítame la vida. No quiero vivir».

En el versículo 10, el profeta expresa algo más: «He sentido un vivo celo por Jehová». Pero el Señor no se muestra impresionado ante sus palabras. Dios no lo aplaude: «Bravo, Elías, eso es lo que quiero». Lo escucha; sí, lo escucha pacientemente.

Limitaciones

¿Qué es lo que expresa Elías en su declaración? «Señor, mi celo no ha transformado la realidad. Yo creía que con todo el despliegue de poder y espectacularidad que me permitiste ver y realizar, todo el mundo iba a caer de rodillas; pensé que los falsos profetas se iban a convertir y Jezreel se iba a arrepentir de su pecado. Pero nada de eso ha pasado. Mi celo por ti no ha transformado la realidad. ¡Tanto despliegue de poder, para nada!»

Elías está frustrado y agrega: «Señor, sólo yo he quedado». En otras palabras: «Todo lo que hice no ha producido un verdadero cambio. Para colmo, nadie saca la cara por mí ahora que estoy en problemas». «Señor», —insinúa Elías— «yo creía que me estaba asegurando un futuro, quizás un pequeño pedestal; ahora resulta que me buscan para matarme. Estoy derrumbado; tengo derecho a estar deprimido».

¡Como para no deprimirse! Todo nuestro celo evangelizador no ha impedido que avance el deterioro de la humanidad y aumente la corrupción en nuestro país. Por mi parte, crecí convencido de que si cada evangélico compartía la fe cristiana con otra persona, en veinte años este mundo estaría evangelizado y transformado. Pero no ha ocurrido así. El mundo está peor, no mejor. Cuando tomé conciencia de ese contraste caí en una crisis; me deprimí, porque las bases en las que había asentado mi fe se derrumbaron.

Es similar a lo que nos pasa cuando llegamos a la edad en que debemos jubilarnos. Tendemos a pensar: Tanto trabajar, tanto renegar, tanto esfuerzo en la vida, y ahora, apenas una mísera pensión. Eso deprime.

Dios, impredecible

Elías plantea su situación y expresa sentimientos. En ningún momento interviene el Señor para corregirlo: «Momentito, Elías, estás equivocado, déjame recordarte algo. Ahora me toca reprenderte».

¡Qué sensibilidad la de nuestro Señor!
¡Qué maestro en el arte de escuchar! «Elías, ven, sal fuera». En su magnanimidad, el Señor le da una nueva percepción de Su grandeza.

En primer término, sopla un fuerte viento. ¡Qué poderoso huracán! ¡Rompe las rocas! Pero Jehová no está ahí. Luego viene un terremoto. ¡Qué tremendo impacto! Pero Jehová no está ahí. Tras el terremoto, un fuego. Elías está familiarizado con la manifestación del fuego. Para él, fuego y Jehová son sinónimos, terremoto y Jehová van de la mano, viento tempestuoso y Jehová son análogos.

El profeta estaba familiarizado con las manifestaciones grandiosas del poder de Dios. Pero ahora el Señor le advierte al profeta: «Elías, no estoy ahí» De pronto se oye un silbido apacible y delicado y Elías reconoce en él la presencia del Señor (vv. 11–12).

El siervo de Dios debe reconocer que el Señor actúa de muchas maneras.Elías se cubre el rostro y sale de la cueva. Otra vez ha reaccionado su humanidad: esconder el rostro. No acepta esta revelación del Señor. El Señor quiere advertirle a Elías: «Soy el mismo que se manifestó antes en el monte; soy el mismo que se expresó en otro momento a través del terremoto, el fuego y el viento. Pero no me pongas un rótulo, Elías; no me reduzcas a lo espectacular. No me encierres en una fórmula manejable. Si quieres madurar, hijo mío, tienes que ir acostumbrándote a que soy más que cualquier definición. Tienes que aceptar que también hablo a través de lo inesperado, de lo silencioso, de lo sutil, de la voz apacible y delicada».

El Señor también está en el susurro, en el silencio, en lo inesperado, en la voz del hermano sencillo que me exhorta: «Tenga cuidado con esa tentación, hermano». «Le presto esto que he leído». «Sabe, pastor, estoy orando por usted». «Quiero compartir con usted un pensamiento». Ahí también está el Señor: en lo que no hace ruido, en lo que no parece grandioso.

Si Elías quiere salir de donde está, si quiere dejar la cueva y el desierto, tendrá que acostumbrarse a este Dios que no se ajusta a nuestras definiciones.

Renovada visión

El profeta vuelve a esconderse y el Señor sigue mostrándole paciencia. Lo llama nuevamente a que salga: «¿Qué haces aquí, Elías?» Y otra vez, el Señor lo escucha mientras Elías repite el mismo argumento (versículo 14). Entonces el Señor le habla: «Vé, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Ásale por rey de Siria» (1Re 19.15).

La respuesta de Dios a la desazón de Elías es realmente hermosa. En primer lugar, expresa: «Elías, sigo contando contigo». ¡Qué gracia!, ¿verdad? ¡Qué distinto actuamos los seres humanos!, ¡incluso en las iglesias! Cuando sabemos que alguien anda mal, lo atacamos. Parece que, cuando otros saben que estamos deprimidos, perdemos imagen y autoridad ante ellos. En cambio, el Señor anima a Elías: «Mira, sigo contando contigo, tengo una tarea para encomendarte».

A continuación, le encomienda que vaya a ungir a determinadas personas. Los versículos 15–16 describen a esos tres personajes: un rey pagano, un rey judío y un campesino, al que ungirá como profeta. Elías jamás hubiera esperado ninguna de esas tres instrucciones de parte de Dios. Pero esa es la forma inesperada y nada espectacular en que actúa el Señor.

Podemos imaginarnos a Elías tentado a rezongar: «Señor, ¿y yo? ¿Yo no, Señor? ¿No vas a premiar mi dedicación?» Sin embargo, el Señor le advierte: «Te ha llegado la hora de dar lugar a otro. Elegí a alguien para que ocupe tu lugar.»

¡Qué difícil es que nos reemplacen! ¡Qué difícil es obedecer órdenes del Señor que van en contra de nuestros deseos y expectativas! Pero, a menos que aceptemos que el Señor puede manifestarse de otras maneras y por otros medios, no conseguiremos madurar. En esencia, lo que el Señor quiere aclararle a su siervo es: «Elías, la historia y la realidad no se transforman con acciones espectaculares, sino formando personas, forjando líderes. Estás tan preocupado en levantar tu propio pedestal, tan preocupado por considerarte el único, el más fiel y consagrado. Estás tan ansioso de que te use para provocar un despliegue de gloria y espectacularidad… Pero yo no cambio así la historia, Elías».

El siervo de Dios debe reconocer que el Señor actúa de muchas maneras. Ahora el lugar de Elías no será el del comandante, sino que pasará a la retaguardia. Dejará de ser una figura importante: otros tienen que ocupar ese lugar. Si Elías reconoce que Dios actúa también de forma silenciosa y apacible, le dará espacio para obrar en su vida y en la de otros.

Nota al pie

(1) Esta novela es la obra esencial del escritor argentino Ernesto Sábato, quien la publicó en 1958. Una historia sobre la conversión del amor en odio.

Se tomó de Hombres de Dios, de Jorge Atiencia, Ediciones Certeza ABUA, 1995. Se usa con permiso. DesarrolloCristiano.com, derechos reservados.

Tomado de:

http://www.desarrollocristiano.com/articulo.php?id=2296

http://www.desarrollocristiano.com/articulo.php?id=2320?ref=altohome

Original publicado en dos partes.