lunes, 28 de febrero de 2011

¿Tiene Un Origen Divino El Nombre De Cristiano? Por Elospitao

El apelativo "cristiano" goza de un reconocimiento histórico milenario y está siempre relacionado con la doctrina y el pensamiento derivados del mensaje del Evangelio y la persona de Jesús. El sustantivo "cristiano" se deriva del título atribuido a Jesús en su versión griega: Cristo, que significa Ungido (en hebreo, Mesías). Tal fue el significado que adquirió, muy pronto, entre los mismos cristianos, que hoy sería imposible encontrar otro nombre que los identificara mejor. Pero, ¿cuándo fue la primera vez que los discípulos de Cristo fueron llamados "cristianos"? ¿Dónde fueron llamados por ese nombre? ¿Quiénes los llamaron así? ¿Por qué les llamaron por ese apelativo? ¿Era un nombre reservado divinamente para los discípulos de Cristo? ¿Lo adquirieron para sí los mismos discípulos de Jesús? ¿Qué hay detrás de este nombre?

El sustantivo "cristiano" aparece sólo tres veces en el Nuevo Testamento. La primera vez  cuando Lucas explica que "a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía" (Hechos 11:26 ) La segunda, en boca de Agripa (¿con escarnio?), cuando declaró  ante Pablo que por poco le persuadía "a ser cristiano" (Hechos 26:28 ) Y la tercera, muy posterior cronológicamente en el tiempo, la usa Pedro exhortando a los creyentes a que no se avergüencen si padecen "como" cristianos (1 Pedro 4:16 )

PRIMEROS NOMBRES POR LOS CUALES FUERON CONOCIDOS LOS DISCÍPULOS

Al menos hasta que en Antioquía los discípulos fueron llamados "cristianos", el término que Lucas usa en Hechos para referirse a ellos es generalmente el de "discípulos" (30 veces) o "hermanos" (unas 32 veces) También "creyentes", "santos" o "elegidos". Y para referirse a las "creencias" (o mejor: estilo de vida) de los discípulos, Lucas usa el sugerente nombre de "Camino" seis veces (Hechos 9:2 ; 19:9, 23; 22:4; 24:14, 22)

¿QUIÉNES LLAMÓ CRISTIANOS, POR PRIMERA VEZ, A LOS DISCÍPULOS?

Sabemos por Lucas dónde llamaron "cristianos" a los discípulos por primera vez: en Antioquía de Siria (Hechos 11:26 ), ¿pero quiénes comenzaron a llamarlos por ese nombre? ¿Fueron, quizás, los judíos residentes en Antioquía? ¿Fueron los gentiles, como un apodo, con algún sentido peyorativo? ¿Fueron los mismos cristianos antioquenos que optaron llamarse a sí mismos "cristianos"? ¿Fue Dios mismo, por revelación? El apelativo "cristiano" no es probable que fuese dado por los judíos, toda vez que este sustantivo proviene de "Cristo", y eso hubiera sido como reconocer a Jesús como el Mesías (Vine); por otro lado, según Lucas, los creyentes eran conocidos por los judíos como "la secta de los nazarenos" (Hechos 24:5 ). Tácito –citado por W. E. Vine- dice: "El vulgo les llama cristianos. El autor u originador de esta denominación, Christus, fue, en el reinado de Tiberio, ejecutado por el Procurador Poncio Pilato" (Anales xv. 44)[1] Según este testimonio de Tácito, quienes llamaron "cristianos" a los discípulos fue "el vulgo". Por otro lado, no hay ninguna evidencia, ni interna ni externa, de que los mismos discípulos se llamaran a sí mismos "cristianos". ¿Cómo entender, si no, que este sustantivo aparezca sólo en tres ocasiones en todo el Nuevo Testamento, en contextos tan diferentes, si ese nombre hubiera tenido algún origen divino o fuese tomado por los mismos discípulos? Se sale de la lógica y del sentido común.

Agripa usó el término "cristiano"  (Hechos 26:28 )

El hecho de que Agripa usara este apelativo indica que para estas fechas, el nombre cristiano ya empezaba a correr de boca en boca por el vulgo. En cuanto al uso que Agripa hace de este término, ni el talante de esta persona, ni el contexto en que se dio, ni la época temprana en que ocurrió, favorece la idea de que fuera usado en sentido positivo. El apelativo "cristiano" no gozaba todavía de la honra y el significado que llegó a tener entrado ya el siglo segundo. En la literatura patrística temprana ya se usa el nombre cristiano como testimonio de fe, con el sentido que lo usamos hoy. Policarpo (69-155), obispo de la iglesia de Esmirna, martirizado en Roma, testificó ante el procónsul de esta manera:"Si supones, en vano, que voy a jurar por el genio del César, como dices, y haces ver que no sabes quién soy, te lo diré claramente: soy cristiano"[2].
Pedro usó el término "cristiano" (1 Pedro 4:16 )

El uso que Pedro hace de este término, como advierte también Vine, lo hace "desde el punto de vista del perseguidor", es decir, desde el lenguaje del vulgo. El contexto es clarificador: "ninguno de vosotros –dice el Apóstol- padezca como homicida, o [como] ladrón, o [como] malhechor... pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence" (1 Pedro 4:15-16 ) [la cursiva y el entrecorchetado son míos] Es decir, Pedro reconoce el apelativo con el cual los de afuera llamaban a los discípulos. Pues bien –dice el Apóstol-, si padecéis que no sea en calidad de homicida, de ladrón, etc., sino como "cristianos". Qué duda cabe, por otro lado, que este apelativo empezó a tomar carta de naturaleza y a adquirir un sentido honroso dentro del cristianismo. Pero al principio no fue así.

"SE LES LLAMÓ" CRISTIANOS (Hechos 11:26 )

¿Introduce algún matiz semántico la raíz verbal del idioma griego en esta frase que implique alguna determinación divina? Hay quienes han usado la semántica del término griego "Crhmativsai" para decir que el nombre "cristiano" fue dado deliberada y específicamente por Dios mismo, de forma revelada: "Muchos se sorprenden al saber que el nombre “cristiano” fue dado a los creyentes por revelación de Dios"[3]. Esto lo deducen de la raíz griega en que se escribió el texto original.

La Concordancia Analítica Griega del Nuevo Testamento expone las nueve ocasiones donde aparece la raíz verbal "crhmatizw" (CHREMATIZO) con las siguientes traducciones: "ha recibido instrucciones" (Hechos 10:22 ), "había sido  revelado" (Lucas 2:26 ), "se les advirtió" (Hebreos 8:5 ), "que los amonestaba" (Hebreos 12:25 ), "se les llamó" (Hechos 11:26 ), "será llamada" (Romanos 7:3 ), "avisado por revelación" (Mateo 2:22 ; Hebreos 11:7 ) y "siendo avisado por revelación" (Mateo 2:12 )[4]

W. E. Vine, el erudito en el idioma griego que venimos citando, dice que en el caso de respuestas oraculares, la palabra se deriva de "chresmos", un oráculo. Pero en Hechos 11:26 y en Romanos 7:3 se traduce por "se les llamó" y "será llamada" respectivamente, y Vine dice que este verbo significa ocasionalmente "ser llamado o nombrado", y son los únicos pasajes donde tiene este significado[5]. Continúa diciendo que la palabra traducida "se les llamó" en Hechos 11:26 se podría usar en el original indistintamente de un nombre adoptado por uno mismo o dado por otros[6]. Es decir, que de esa raíz verbal, en este texto, podemos deducir que a los discípulos les llamaron "cristianos" los mismos que formaban la iglesia, los de fuera de la iglesia, los ángeles desde el cielo o los demonios desde el infierno...

Willian Barclay dice comentando este texto que "esta palabra comenzó siendo un mote", y continúa diciendo que "por medio de sus vidas [los creyentes] lo convirtieron en un nombre que dejó de ser despectivo para significar coraje y amor por virtudes admiradas por todos los hombres"[7]. Y el Comentario Exegético y Explicativo de la Biblia dice que "este nombre tuvo su origen no dentro, sino fuera de la iglesia... por los paganos de Antioquía"[8]
Una consideración elemental

¿Cambia la raíz verbal de una oración gramatical si en vez de ser Dios quien lleva a cabo la acción del verbo fuera una persona normal y corriente? Es decir, en el idioma griego, ¿había una raíz verbal para expresar las acciones de Dios y otra diferente para expresar esas mismas acciones cuando las llevan a cabo los hombres? Cualquiera que fuera el sujeto de la oración, ¿no habría que utilizar la misma raíz verbal? ¿De dónde, pues, se saca que el uso de esa raíz implica que fue una determinación de Dios llamar "cristianos" a los discípulos? ¿O es que había una lengua griega sagrada, con sintaxis distinta, para escribir los relatos de los Evangelios y las Epístolas?

¿POR QUÉ SE LES LLAMÓ CRISTIANOS A LOS DISCÍPULOS?

W. E. Vine continúa comentando esta palabra y dice que "las personas recibían nombres en base de la naturaleza de sus ocupaciones", y cita Hechos 11:26 y Romanos 7:3 [9]. A los herodianos, por ejemplo, se les llamaba así porque eran partidarios de Herodes. ¿Tan maravilloso es que a los discípulos de Antioquía les llamaran "cristianos" toda vez que su mensaje radicaba esencialmente en la persona de Cristo? Esto indica que aquellos discípulos eran persistentes en su testimonio de fe relacionado siempre con una persona: Cristo ¿Es raro, entonces, que la gente, "el vulgo" según Tácito, les relacionaran con la persona que predicaban y les llamaran por un nombre derivado de dicha persona?

EL NOMBRE "CRISTIANO" HOY

Qué duda cabe que la historia ha dignificado el nombre de "cristiano" y hoy lo usamos con el sentido que ha adquirido con el tiempo; es decir, para honrar a Cristo, de donde se deriva. Ahora bien, decir que es el nombre "único" con el que debemos ser conocidos y con el cual ser identificados de manera exclusiva y excluyente, porque Dios lo ha determinado así, resulta un poco atrevido.

Tanto como sustantivo o como adjetivo, lamentablemente, el término cristiano es usado hoy por múltiples denominaciones y organizaciones que, a veces, por su mal testimonio, al usarlo deshonran su origen. ¡Pero qué le vamos a hacer! Por este mismo motivo, algunos han preferido denominarse con el nombre, por ejemplo, de "Hermanos". Y precisamente por denominarse así, también se les ha criticado, a pesar de ser un nombre "bíblico" y "neotestamentario".

Para terminar, simplemente decir que lo único que Jesús dejó como "nota" distintiva de sus seguidores, fue, más que un nombre, una ACTITUD: "En esto conocerán todos que sois mis discípulos: si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13:35 ) ¡Pues eso!

Tomado de: http://www.pensamientodiario.com/index.php?option=com_content&view=article&id=107:itiene-un-origen-divino-el-nombre-de-cristiano&catid=43:restauromania&Itemid=153

 

[1] "Diccionario Expositivo de palabras del Nuevo Testamento", W.E. Vine. Tomo I, página 347. Ed. CLIE - 1984
[2] Los Padres Apostólicos, por J. B. Lightfoot. Editorial CLIE  (http://escrituras.tripod.com)
[3] http://www.buscad.com
[4] "Concordancia Analítica Greco-Española del Nuevo Testamento Greco-Español",  J.Stegenga – Alfred Tuggy. página 832. Edi. CLIE 1975.
[5] "Diccionario Expositivo de palabras del Nuevo Testamento", W.E. Vine. Tomo III, página 377. Ed. CLIE - 1984
[6] "Diccionario Expositivo de palabras del Nuevo Testamento", W.E. Vine. Tomo I, página 347. Ed. CLIE - 1984
[7] El Nuevo Testamento comentado por William Barclay, Volumen 7, pag. 100. Editorial La Aurora, Argentina 1974
[8] Comentario Exegético y Explicativo de la Biblia, Roberto Jamieson, A.R. Fausset, David Brown.Tomo II Nuevo Testamento, pág. 256. Casa Bautista de Publicaciones 1969.
[9] "Diccionario Expositivo de palabras del Nuevo Testamento", W.E. Vine. Tomo III, página 377. Ed. CLIE - 1984

Génesis 21 Una Oración Llamada Llanto Milton Acosta, PhD

Hagar no es conocida como “una mujer de oración”. Tampoco dice la Biblia que Ismael desde niño tenía una envidiable “intimidad con Dios”. Sin embargo, Dios los escuchó a ambos, ¡Y de qué manera! Lo importante de sus vidas en el momento cuando Dios los oye no es la técnica empleada para torcerle el brazo a Dios y obtener su favor, sino lo que Dios hace con Hagar por gracia cuando ella y su hijo se han quedado sin alternativas.

Cuando Hagar es expulsada de la casa de Abraham por una segunda y última vez,1 sale con su hijo, con pan y agua. Agotados el pan y el agua en el desierto,2 Hagar se aleja de su hijo para no verlo morir. Se sienta a llorar3 desconsoladamente; primero morirá su hijo y luego ella (Génesis 21:8-21).

Pero la historia no terminó así. Dios escuchó el llanto, la única oración que este niño y su madre podían hacer. No conocen de manuales de oración, ni de pasos, ni de fórmulas, ni secretos; lloran y Dios los oye. Para Ismael y Hagar hacer otra cosa en estos momentos hubiera sido un acto de falsedad y fingimiento; en ese momento sus fuerzas son tan pocas que no les alcanzan para fingir espiritualidad. La única oración que les sale del alma es el llanto.

Muchos de los libros populares sobre la oración intentan contestar la pregunta ¿Qué debemos hacer para que Dios nos escuche? La oración se trata como al dinero y las plantas: ideas para que crezcan y den mucho fruto. Por eso se convierte la oración en técnicas y términos, en pasos y plazos. El colmo del comerciante espiritual sería desarrollar para las iglesias una nueva técnica a partir de la historia de Ismael y Hagar, la del llanto, pues Dios no oye al que ora sino al que llora. Kimberly-Clark se pondría feliz pues serían los primeros en responder a la inusitada demanda de Kleenex en estas iglesias.

Las lágrimas nunca vienen solas; siempre están acompañadas del “humor espeso y pegajoso... que fluye por las ventanas de la nariz”;4 es decir, los mocos. Este dato podría ser considerado por algunos como bajeza humorística innecesaria y hasta vulgar. Pero no lo es.

La notamos porque para muchos el cristianismo, además de haberse reducido a secretos y técnicas, y en parte por eso mismo, se ha convertido en una extraña paradoja: antropocéntrico y deshumanizado. Antropocéntrico, porque la fe pareciera girar alrededor del ser humano: todo depende de lo que yo haga para que Dios actúe; y deshumanizado porque en el desarrollo de las técnicas nos olvidamos que somos humanos y que en muchos momentos de la vida, por muy creyente que uno sea, es perfectamente normal no saber qué hacer. Llorar para Hagar es no saber qué hacer, qué pensar ni qué decir. Llegar a ese punto es ser humanos. No necesitamos pretender ser otra cosa delante de Dios.

Imagínese a Hagar dando “el testimonio” en nuestra iglesia el siguiente fin de semana. Quizá le preguntaríamos “Cuéntanos Hagarcita, ¿Qué hiciste para que Dios te escuchara, te salvara y te diera todas esas promesas? ¿Cuál es el secreto?” Con seguridad contestaría desconcertada, “¿Hacer yo? Dios lo hizo todo; nosotros apenas si podíamos llorar. Eso fue todo.”

Aunque mucho de la oración es un misterio, dos cosas son seguras según la Biblia: (1) la forma de la oración depende de la situación del orante (esto se aplica tanto para la oración espontánea como para las oraciones hechas); y (2) la respuesta depende de la voluntad de Dios. En otras palabras, no existe en la Biblia una forma de orar que garantice la respuesta de Dios. En conclusión, así como es importante y bonita la intimidad con Dios y las oraciones elaboradas, también el llanto cuenta como oración que Dios escucha. Dios no solamente nos da permiso para llorar, sino que como buen padre toma nuestro llanto como una oración digna de ser escuchada y respondida. ©2011Milton Acosta

_________________

1Génesis 16 relata un episodio parecido, pero muy distinto. Véase Cotter, Genesis, 175-6.

2Para un paralelo entre la experiencia de Hagar y la de Moisés en el desierto, véase García López, El Pentateuco: introducción a la lectura de los cinco primeros libros de la Biblia, 105.

3El texto hebreo dice literalmente: “y levantó la voz, y lloró”, lo cual es la expresión típica para llorar audiblemente (también en Gen 27:38; 29:11; Rut 1:9, 14). Es decir, no dice que Hagar “clama a Dios” (calls upon God) como afirma un comentarista. Véase Cotter, Genesis, 175. De hecho, el relato afirma (v. 17) que “Dios oyó la voz del niño”. Voz en este caso se debe traducir como “llanto” por razones lexicales, proximidad lingüística (v. 16) y por la trama del relato.

4http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=moco

sábado, 26 de febrero de 2011

Producción En Serie De Pastores: Algo Nefasto Para La Iglesia

Luego de escribir, producción en serie de líderes, algo nocivo para la Iglesia, enfoco el tema por el lado de los pastores. La problemática comienza, en un mal entendimiento del ministerio pastoral y en una manera equivocada de entender el llamado. Comenzamos por lo último. Se ha creído por mucho tiempo que el llamado trae incluida la preparación, la madurez, la experiencia pastoral y todo lo demás, es decir, el llamado viene con el paquete completo. Lo anterior es falso. No podemos pretender que el llamado que Dios nos ha hecho a una labor pastoral no requiere de ningún esfuerzo ni de ninguna preparación de nuestra parte. Muchos se han lanzado al ministerio (Conozco casos y tengo amigos pastores a los que he tenido que ayudar después de 8 y 10 años en el ministerio), creyendo que el Espíritu Santo les dará todo lo que necesitan para ejercerlo y hasta cierto punto tienen razón, lo peligroso de esto es que le restan importancia a la preparación bíblica y teológica, a la preparación en administración de la Iglesia, a la preparación en la consejería y demás. Devolvámonos a lo primero, el ministerio pastoral se mal entiende cuando el que ha sido llamado lo toma de manera superficial y descuida áreas importantes de la vida espiritual personal. Lo anterior deriva en problemas en el ministerio, en el hogar, en la economía, etc. Es más, los pastores que llegan al ministerio sin la debida preparación son presa fácil de la tentación y del diablo debido a que no han desarrollado el discernimiento necesarios, no han sido ejercitados para discernir el bien y el mal (Hebreos 5:14). En una ocasión un amigo pastor me invito a una reunión que daría comienzo a una nueva congregación. En ella, predico una mujer (El aun no acepta que la invito, personalmente creo que si), con unas ínfulas y pretensiones de espiritualidad que me molestaron. Seguí observando y cuando termino la reunión le dije a mi amigo pastor, “Esa mujer viene por ti”, ten cuidado. Le dije con firmeza pero con amor (Lo aprecio mucho), que no debió haberla invitado, todo delante de su esposa. El tiempo me dio la razón. Discernir a tiempo lo que se venía permitió que se tomaran las precauciones y medidas necesarias por parte de la esposa, para cuidar a este hombre y no dejar que el diablo ni la carne se salieran con la suya. El aun es pastor. Porque cuento esto? El pastor no se da cuenta, El confía. Así hay muchos ministros hoy, ingenuos, confiados, sin discernimiento. La conclusión es: “Iniciaron un ministerio pastoral sin estar preparados”. El resultado de esto es lamentable, pastores en pecado, mal testimonio, enseñanzas equivocadas, rebeldía, divisiones y otras cosas más. Para terminar la reflexión quiero mencionar lo siguiente, y en esto los judíos de nuevo nos dan ejemplo. Para que un judío pueda estar al frente de una sinagoga, debe estudiar la ley, la mishna y los demás escritos y tradiciones religiosas judías durante 16 años. ¿Cuánto tiempo se prepara alguien para ser pastor?. Jesús estuvo tres años con los apóstoles. Jesús El Maestro, El Rabí en persona. Dios encarnado, utiliza tres años para preparar a los apóstoles (Algunos dirán: No había venido el Espíritu Santo), Pablo, luego del encuentro con el Señor y luego de haber recibido el Espíritu Santo se va a Tarso y se prepara durante 14 años antes de iniciar su primer viaje misionero. Pablo, empleaba dos años o más a discipular a grupos de entre 50 y 100 personas y así consolidaba a las Iglesias (Ahora lo queremos hacer en tres meses). Amados hermanos, todo lo hemos puesto al revés, con el afán de crecer.

Con mucho amor y afecto escribo esta reflexión.

Dios les bendiga

jueves, 17 de febrero de 2011

Ejercítate, Ocúpate, Dedícate 1ª. Tim. 4.7-8 Por: Pastor Joaquín Madera

Introducción: ¿Qué implicaciones o significado tienen estos verbos?

Apuntan a una acción continuada. El concepto japonés “La disciplina vence a la inteligencia”.

No somos disciplinados ni con el  uso del tiempo. Nuestra cultura nos enseña e invita a ser indisciplinados. Ej. Espérame, en un minuto llego. Eso significa que apenas se está bañando, o que está al otro lado de la ciudad.

No somos puntuales en las reuniones, etc.

Analicemos los términos

1. EJERCITATE, DISCIPLINATE 1ª. Tim.4.7

¿A quién tiene que disciplinar? En el texto a Timoteo, hoy a cada uno de nosotros.

¿Para qué debe disciplinarse?, Para la piedad, que no es otra cosa que una vida en devoción a Dios, UNA CONDUCTA SANTA.

Ejercítate, viene  del  Griego gymnazō, gimnasia=ejercicio físico (sugiere entrenamiento para una competencia), 1Ti 4:8

A estos gimnasios iban los atletas que competían en los  juegos  greco romanos.

¿Cuáles eran las características de estos gimnasios?

Eran tipo universidad del momento.

¿Qué tipo de formación se daba allí?

a. Cultivaban o ejercitaban la mente

Quien quería ser un atleta para correr legítimamente tenía que:

Ir a la biblioteca, leer, ser instruido. Se les enseñaban valores. También  se le enseñaba a hablar en público.

b. Ejercitaban el cuerpo, sacaban musculo físico.

Por eso es que el apóstol le aconseja a su joven ministro a que el ejercicio espiritual, cultivar la mente para Dios, es mejor que los ejercicios espirituales, que en la carta no son otra cosa que prohibiciones 1ª. Tim.4.3

En nada se parecen aquellos gimnasios a los de ahora, que les interesa más la estética, que la ética. Es decir un cuerpo atlético, pero vacíos espiritualmente.

Lo que Pablo, le dice a Timoteo es: CULTIVA TU MENTE Y CORAZON EN UN CUERPO SANO.

Timoteo, Para predicar, haz gimnasia espiritual a través de:

Una vida de oración 1ª Tim 2.1-2 y 8

Una buena relación con la palabra 1ª. Tim 4.13

Entonces disciplínate o ejercítate a ti mismo, implica una responsabilidad individual, nadie te vigila. No puedes hacerte trampa.

Tú sabes lo que tienes que hacer y de manera continua, tú eres el que te beneficias.

LOS BENEFICIOS 1ª. Tim 4.12

Por joven que seas nadie te va a menospreciar. No importa que no seas un veterano en la predicación, pero si te ejercitas para la piedad, la gente no te va a menospreciar.

Tendrás una vida ejemplar: Noten que palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza, apuntan a una vida de carácter e integridad.

La gente no nos va a respetar por lo que sepamos o tengamos, sino por una vida de ejemplo.

APLICACION

Hacer gimnasia espiritual te hace crecer para con Dios y tu aprovechamiento será manifiesto a todos.

Te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren. 1ª. Tim 4.15-16

Evitará que te menosprecien. Te ganarás el derecho a ser escuchado.

Tanto más cultives tu mente y corazón con el Señor, a través de un estudio serio de las escrituras y de una vida de oración.

La gente no nos escuchará por cara o por posición, sino por una vida ejemplar que se ha ejercitado en la presencia del Señor.

OCUPATE, viene del Gr. Prosechō=considerar cuidadosamente, con la implicación de estar de acuerdo: entregándose a, dedicarse, consagrarse a.

Es decir ya lograste disciplinarte en la vida piadosa, sigue ocupado en ello. Continúa haciéndolo como parte de tu vida.

En este verso lo invita a ocuparse de la lectura, la exhortación y la enseñanza como consecuencia de una vida disciplinada.

LOS BENEFICIOS

Te mantiene despierto, no descuidado

Desarrollas el don de la predicación

Hay gente que se ejercita y se ocupa en estudiar, solo cuando le toca predicar. Así nunca habrá una buena predicación.

DEDICATE: (meletaō)= seguir pensando en, meditar en, seguir haciendo

Es un término que traspasa los límites de la ocupación y camina en el terrero de la pasión  - del disfrute mientras se hace.

En el concepto está relacionado a la lectura – exhortación y enseñanza

- Los beneficios
se notara tu crecimiento (Aprovechamiento)

Te mantendrá vigilante

Salvaras la propia vida de los oyentes.

CONCLUSION

- Disciplínate, ocúpate, dedícate. Son verbos imperativos que le producen al que lo practica, un beneficio personal y a la iglesia que lo rodea.

- Estos verbos son consecuentes e indican progreso continuo, lo que indica que una vida de avivamiento no se logra milagrosamente, sino a través de procesos de aprendizaje.

Animo que si das el paso, te salvaras a ti mismo y a los que te rodean y tu aprovechamiento se notara de manera evidente.

miércoles, 16 de febrero de 2011

La Solución Divina Para La Amargura

Hace tiempo una mujer de 43 años vino a consultarnos. Hacía 23 años que estaba en tratamiento médico y siquiátrico por su depresión. Era una triste historia que cada vez escuchamos con más frecuencia. El padre de esta mujer se había aprovechado de ella desde los 5 hasta los 14 años de edad. Tiempo después ella recibió al Señor como Salvador de su vida, lo cual trajo alivio al comienzo, pero meses después volvió a caer en un estado depresivo. Vino a verme como un último recurso. "Desempacamos” el problema y descubrimos varios asuntos que solucionar, entre ellos como era lógico, un profundo resentimiento hacia su padre.

¿Cuál fue la ayuda para esta pobre mujer y para los miles que cuentan con experiencias similares?

Si hasta el momento usted no ha tenido que luchar con la amargura, tarde o temprano le acontecerá algo que lo enfrentará cara a cara con la tentación de guardar rencor, de vengarse, de pasar chismes, de formar alianzas, de justificar su actitud porque tiene razón, etc. Como cristianos hemos de estar preparados espiritualmente. ¿Cómo hacerlo?

Establecer la santidad como meta en su vida. Como en todos los casos de pecado, más vale prevenir que tener que tratar con las consecuencias devastadoras que el pecado siempre deja como herencia. El escritor de Hebreos, dentro del contexto de la raíz de amargura, exhorta: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor” (12:14). La mejor manera de prevenir la amargura es seguir o buscar la paz y la santidad; asumir un compromiso con Dios para ser santo (puro) pase lo que pasare. Cuando sobrevienen situaciones que lastiman nuestros sentimientos, producen rencor y demás actitudes que forman el círculo íntimo de la amargura, debemos decir: “He hecho un pacto con Dios a fin de ser santo, como El es Santo. A pesar de que la otra persona tenga la culpa, entregaré la situación en manos de Dios, perdonaré al ofensor y buscaré la paz."

Nótese la diferencia entre la actitud de David y su ejército cuando volvieron de una batalla (1 Samuel 30). Encontraron la ciudad asolada y sus familias llevadas cautivas. En vez buscar el consuelo de Dios y por ende Su sabiduría, el pueblo se amargó y propuso apedrear a David. En contraste, la Biblia explica que "David se fortaleció en Jehová su Dios” (v. 6). En ningún momento es mi intención minimizar el daño causado por una ofensa o por el ultraje que experimentó David y su gente, sino que mi deseo es magnificar la gracia de Dios para consolar y ayudar a perdonar.

Consideremos ahora qué hacer cuando estamos amargados.

1) Ver la amargura como pecado contra Dios. En las próximas páginas explicaremos la importancia de perdonar al ofensor. Sin embargo, si yo estimara la amargura solamente como algo personal contra la persona que me engañó, me lastimó, me perjudicó con chismes o lo que fuere, sería fácil justificar mi rencor alegando que tengo razón pues el otro me hizo daño. Como ya mencionamos,es posible que no hay nada tan difícil de solucionar que la situación de la persona amargada que tiene razón para estarlo.

Cuando tengo amargura en mi corazón, con David tengo que confesar a Dios: “Contra ti, contra ti solo he pecado” (Salmo 51:4). En el momento en que percibo que (a pesar de las circunstancias) la amargura es un pecado contra Dios, debo confesarlo17 y la sangre de Cristo me lavará de todo pecado.18 Pablo instruye: “Quítense de vosotros toda amargura". La Biblia no otorga a nadie el derecho de amargarse.

Volvamos al Antiguo Testamento para entender el contexto de la raíz de amargura en Deuteronomio 29:18, donde el pecado principal es la idolatría. Eso es precisamente lo que pasa en el caso de la amargura. En vez de postrarse ante el Dios de la Biblia, buscando la solución divina, uno se postra ante sus propios recursos y su propia venganza. El ídolo es el propio “yo".

2) Perdonar al ofensor. En el mismo contexto donde Pablo nos exhorta a librarnos de toda amargura, nos explica cómo hacerlo: “…perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31–32).19

En junio de 1972, por vez primera en mi vida tuve que enfrentarme con la amargura. Dos ladrones entraron en la oficina de mi padre y lo mataron a sangre fría, robando menos de 50 dólares. Ni siquiera tuve el consuelo de poder decir, “Bueno, papá está con el Señor", porque a pesar de ser una excelente persona, mi padre no tenía tiempo para Dios. ¿Cuáles eran mi opciones? ¿Hundirme en la amargura? ¿Buscar venganza? ¿Culpar a Dios? No, tenía un compromiso bíblico con Dios de buscar la santidad en todo. La respuesta inmediata era perdonar a los criminales y dejar la situación en manos de Dios y las autoridades civiles.

¿Tristeza? Sí. ¿Lágrimas? Muchas. ¿Dificultades después? En cantidad. ¿Consecuencias? Por supuesto. ¿Fue injusto? Indiscutiblemente. ¿Hubo otras personas amargadas? Toda mi familia. ¿Viví o vivo con raíz de amargura en mi corazón? Por la gracia de Dios, no.

a) El perdón trae beneficios porque quita el resentimiento. Uno de los muchos beneficios de no guardar rencor es poder tomar decisiones con cordura.

b) El perdón no es tolerar a la persona ni al pecado; no es fingir que la maldad no existe ni es intentar pasarla por alto. Tolerar es “consentir, aguantar, no prohibir” y lejos está de ser el perdón bíblico. Permitir es pasivo mientras perdonar es activo. Cuando la Biblia habla de perdón, en el griego original hallamos que esta palabra literalmente significa “mandarlo afuera". Activamente estoy enviando el rencor “afuera", es decir estoy poniendo toda mi ansiedad sobre Dios (1ª Pedro 5:7).

c) El perdón no es simplemente olvidar, ya que eso es prácticamente imposible. El resentimiento tiene una memoria como una grabadora, y aún mejor porque la grabadora repite lo que fue dicho, mientras que el resentimiento hace que con cada vuelta la pista se vuelva más profunda. La única manera de apagar la grabadora es perdonar.

Después de una conferencia, una dama me preguntó: “Si el incidente vuelve a mi mente una y otra vez, ¿quiere decir que no he perdonado?” Mi respuesta tomaba en cuenta tres factores:

(1) Es posible que ella tuviera razón. Recordamos que “engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso…” (Jeremías 17:9). El ser humano haría cualquier cosa para mitigar la vergüenza, y es lógico que permanezcan los fuertes sentimientos negativos asociados con una ofensa. Volvamos al caso de la mujer que durante 23 años había estado en tratamiento siquiátrico a causa del abuso de su padre. Después de aclarar lo que no es el perdón, y luego de hablar sobre los beneficios que el perdón produciría, le expliqué que de acuerdo a Marcos 11:2520 ella tenía que perdonar a su padre. Su respuesta inmediata fue: “Ya lo he hecho.” Pero era obvio que estaba llena de amargura y rencor. Mi siguiente pregunta fue: “¿Cuándo y cómo lo hizo?” Su contestación ilustra otra manera en que el ser humano evita asumir responsabilidad ante el Señor. Me dijo: “Muchas veces he pedido al Señor Jesús que perdonara a mi padre.” Es posible que la mujer aún no entendiera lo que Dios esperaba con respecto al perdón. O tal vez fuera su manera de no cumplir con una tarea difícil. Con paciencia volví a explicarle las cosas, y finalmente ella inclinó la cabeza y empezó a orar. Pronto vi lágrimas en sus ojos, y de corazón perdonó a su padre. Al día siguiente regresó para una consulta y se la veía con esperanza, con alivio y como una nueva persona.

(2) Hay quienes desean que recordemos incidentes dolorosos del pasado. En primer lugar está Satanás, que trabaja día y noche para dividir a los hermanos en Cristo (Apocalipsis 12:10; 1ª Timoteo 5:14). En segundo lugar, la vieja naturaleza saca a relucir el pasado. Los mexicanos emplean la frase “la cruda” al referirse a los efectos de la borrachera al día siguiente.21 En cierto modo es posible tener una “cruda espiritual” que precisa tiempo hasta no molestar más. Me refiero a ciertos hábitos, maneras de pensar que son difíciles de romper. Si uno en verdad ha perdonado, cada vez que el incidente viene a la memoria, en forma inmediata hay que recordar a Satanás y recordarse a sí mismo que la cuestión está en las manos de Dios y es un asunto terminado que sólo forma parte del recuerdo.

(3) Finalmente existe otra persona o grupo que no quiere que usted olvide el incidente: Aquellos que fueron contagiados por su amargura, aquellos a quienes usted mismo infectó y como resultado tomaron sobre sí la ofensa. Por lo general para ellos es más difícil perdonar porque recibieron la ofensa indirectamente. Por lo tanto, no se sorprenda cuando sus amigos a quienes usted contagió de amargura, se enojan con usted cuando, por la gracia de Dios, ha perdonado al ofensor y está libre de dicha amargura.

d) El perdón no absuelve al ofensor de la pena correspondiente a su pecado. El castigo está en las manos de Dios, o quizá de la ley humana. El salmista nos asegura: “El Señor hace justicia, y juicio a favor de todos los oprimidos” (Salmo 103:6 BLA).

Presenté estos principios por primera vez en una iglesia donde no solamente varios de los feligreses estaban resentidos, sino también el mismo pastor. Después del sermón el pastor dividió a su pequeña congregación en grupos de 5 ó 6 personas para dialogar sobre el tema. Me tocó estar en un grupo que incluía a una pareja y su hijo adolescente. En forma inmediata noté la total falta del gozo del Señor en aquella familia. Durante los 20 minutos que tuvimos para compartir me preguntaron cómo era posible quitar la amargura del corazón por un gran mal que alguien había cometido. El hijo mayor había entrado en el mundo de la droga a pesar de que sus padres eran cristianos. Un día no tuvo suficiente dinero para pagar por su dosis regular, y el proveedor lo mató. Desde aquel momento la amargura había estado carcomiendo a toda la familia, y alegaban que era imposible perdonar. Ellos creían que perdonar significaba absolver a los asesinos del crimen que habían perpetrado.

e) El perdón tampoco es un recibo que se da después que el ofensor haya pagado. Si no perdonamos hasta tanto la otra persona lo merezca, estamos guardando rencor.

f) El perdón no necesariamente tiene que ser un hecho conocido al ofensor. En muchos casos el ofensor ha muerto, pero el rencor continúa en el corazón de la persona herida. Recuerdo el caso de una señora que con lágrimas admitió que su esposo había desaparecido con otra mujer de la iglesia. Durante la conversación me confesó: “Lo he perdonado. Hay y habrá muchas lágrimas, dolor y tristeza, pero me rehúso terminantemente a llegar al fin de mi vida como una vieja amargada.” El hombre consiguió el divorcio y se casó legalmente con la otra mujer. Por su parte, esta señora vive con su tres muchachos y sirve a Dios de todo corazón; sus hijos aman al Señor y oran para que su padre un día regrese al camino de Dios. Tener que perdonar un gran mal mientras el ofensor no lo merezca, representa una excelente oportunidad para entender mejor cómo Cristo pudo perdonarnos a nosotros (Romanos 5:8; Efesios 4:32).

g) El perdón debe ser inmediato. Una vez me picó una araña durante la noche. Tuve una reacción alérgica que duró casi medio año. Ahora bien, si hubiera podido sacar el veneno antes de que se extendiera por el cuerpo, hubiera quedado una pequeña cicatriz pero no habría habido una reacción tan aguda. Algo semejante sucede con el perdón. Hay que perdonar inmediatamente antes de que “la picadura empiece a hincharse.”

h) El perdón debe ser continuo. La Biblia indica que debemos perdonar continuamente (Mateo 18:22). Perdonar hasta que se convierta en una norma de vida. Uno de los casos más difíciles es cuando la ofensa es continua como en el caso de esposo/esposa,22 patrón/empleado, padre/hijo, etc. Es entonces cuando el consejo del Señor a Pedro (perdonar 70 veces 7) es aun más aplicable.

i) El perdón debe marcar un punto final. Perdonar significa olvidar. No hablo de amnesia espiritual sino de sanar la herida. Es probable que la persona recuerde el asunto, que alguien le haga recordar o que Satanás venga con sus mañas trayéndolo a la memoria. Pero una vez que se ha perdonado es posible olvidar.

Perdonar es la única manera de arreglar el pasado. No podemos alterar los hechos ni cambiar lo ya ocurrido, pero podemos olvidar porque el verdadero perdón ofrece esa posibilidad. Una vez que hay perdón, olvidar significa:

1) Rehusarse a sacar a relucir el incidente ante las otras partes involucradas.

2) Rehusarse a sacar a relucirlo ante cualquier otra persona.

3) Rehusarse a sacar a relucirlo ante uno mismo.

4) Rehusarse a usar el incidente en contra de la otra persona.

5) Recordar que el olvido es un acto de la voluntad humana movida por el Espíritu Santo.

6) Sustituir con otra cosa el recuerdo del pasado, pues de lo contrario no será posible olvidar. Pablo nos explica una manera de hacerlo: “Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12:20, 21). Jesús amplía el concepto: “Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44).

j) El perdón también significa velar por los demás. Al finalizar su libro y bajo la inspiración del Espíritu Santo, el escritor de Hebreos exhorta a todos los creyentes a que seamos guardianes de nuestros hermanos. El versículo que advierte sobre la raíz de amargura comienza con: “Mirad bien”.23 En el griego original es la palabra episkopeo, de donde procede el término obispo o sobreveedor. Esto implica que en el momento en que uno detecta que se ha sembrado semilla de amargura en el corazón de un hermano en Cristo, la responsabilidad es ir con espíritu de mansedumbre,24 y hacer todo lo posible para desarraigarla antes que germine.

Se requiere un compromiso profundo con Dios a fin de no caer en la trampa de la amargura. Cristo mismo nos dará los recursos para vivir libres del “pecado más contagioso”.

Si tiene alguna pregunta, favor de dirigir su carta a:

Jaime Mirón

Apartado 15

Guatemala c.p. 01901

Guatemala, América Central

17 1ª Juan 1:9; Salmo 32:1–5; 51; Proverbios 28:13.

18 1ª Juan 1:7.

19 Ver también Proverbios 17:9; 19:11; Mateo 18:21–22; Lucas 17:4; Colosenses 3:13; 1ª Pedro 4:8.

20 “Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.”

21 En partes de Centroamérica se llama “la goma”.

22 En mi libro Mi esposo no es cristiano, ¿Qué hago? expongo ideas de cómo actuar, y qué camino seguir en una situación así.

23 “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (12:15).

24 Gálatas 6:1.

Mirón, Jaime: La Amargura, El Pecado Más Contagioso. Miami, Florida, EE. UU. de A. : Editorial Unilit, 1994, S. 22

martes, 15 de febrero de 2011

Maneras No Bíblicas De Tratar Con La Amargura

"Quítense de vosotros toda amargura…"

(Efesios 4:31).

La amargura es uno de los pecados más comunes no solamente en el mundo sino también entre el pueblo cristiano evangélico. Casi todos hemos sido ofendidos, y una u otra vez hemos llegado al punto de la amargura. Muchos no han podido superar una ofensa y han dejado crecer una raíz de amargura en su corazón. Debido a que es difícil (si no imposible) vivir amargado y en paz, el hombre maquina maneras para tratar de resolver su problema de amargura y así menguar el dolor, pero sin embargo la amargura queda intacta. Para poder extirpar de manera bíblica la amargura del corazón, es imperioso comprender y desenmascarar las varias formas mundanas de “solucionar” el problema, para que no quede otra alternativa que la bíblica.

1. Vengarse. La manera no bíblica más común es tomar venganza. Hace poco escuché una entrevista con un escritor de novelas policiales, quien comentó que sólo existen tres motivos para asesinar a una persona: amor, dinero, y venganza. En un país centroamericano asolado por la guerrilla, me comentaron que muchos se aprovechan de tales tiempos para vengarse y echar la culpa a los guerrilleros. Con razón Pablo exhorta: “…no os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor” (Romanos 12:19).

A pesar de las circunstancias, la Biblia sostiene que jamás es voluntad de Dios que nos venguemos nosotros mismos.

Julia y Roberto son hermanos; ambos están casados y tienen 4 y 3 hijos respectivamente. Cuando vivían en la casa paterna sufrían con un padre borracho y perverso. No sólo los trató con violencia y con las palabras más degradantes, sino que también se aprovechó sexualmente de sus hijos. Pasaron los años y Roberto –ya adulto, herido, con muchos malos recuerdos y profundamente amargado– odia a su padre. ¿Quién lo puede culpar por sentirse profundamente herido? Otra vez podemos decir que “tiene razón". No es cuestión de minimizar el pecado de la otra persona ni el daño o la herida, sino es cuestión de qué hacer ahora, y magnificar la gracia de Dios.

Buscando alivio, Roberto, acudió a un psicólogo no cristiano que le ayudó a descubrir la profundidad de su odio y amargura, y sugirió como solución la venganza. Durante los últimos años Roberto ha estado llevando a cabo el dictamen. Principió con llamadas telefónicas insultando a su padre con las mismas palabras degradantes que éste había empleado. Cuando las llamadas dejaron de tener el efecto deseado, empezó a sembrar veneno en su hermana Julia y los demás familiares para que hicieran lo mismo. No es de extrañar que cada reunión familiar termine en un espectáculo como la lucha libre. Hoy día Roberto es un hombre amargado y cada día más infeliz.

Por su parte Julia –adulta y también herida, y con muchos malos recuerdos pero sin amargura– ama a su padre. Es cristiana, esposa de un pastor, y optó por perdonar a su padre e intentar ganarlo para Cristo. Dos personas de la misma familia y que experimentaron las mismas circunstancias, eligieron dos caminos distintos: uno la venganza y la otra el perdón.

Cuando intento vengarme por mi propia cuenta…

a) Me pongo en el lugar de Dios. De acuerdo a la Biblia la venganza pertenece a Dios.12 Entonces, la venganza es el pecado de usurpar un derecho que sólo le pertenece a El. Querer vengarnos por nosotros mismos es asumir una actitud de orgullo, el mismo pecado que causó la caída de Lucero (Isaías 14:13, 14). Por lo tanto, al tratar de vengarnos (aunque tan sólo en nuestra mente), estamos pisando terreno peligroso.

Por otra parte, la ira de Dios siempre es ira santa. Dios no obrará hasta tanto yo deje la situación en sus manos. No puedo esperar de mi parte la solución que solamente el Dios soberano puede llevar a cabo.

b) La venganza siempre complica la situación. Mi propia venganza provoca más problemas, más enojo, envenena a otros y deja mi conciencia contaminada.

c) Sobre todo, tomar venganza por nuestros medios es un pecado contra el Dios santo. Es una gran lección ver como el apóstol Pablo dejó lugar a la ira de Dios cuando dijo: “Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos” (2 Timoteo 4:14).

2. Minimizar el pecado de la amargura. Minimizo un pecado cuando por algún motivo puedo justificarlo. Existen, por lo menos, tres maneras de minimizar el pecado de la amargura:

a) Llamarlo por otro nombre, alegando que es una debilidad, una enfermedad o desequilibrio químico, enojo santo, o sencillamente afirmando que “todo el mundo lo está haciendo". Hay quienes dicen ser muy sensibles y como resultado están resentidos pero no amargados. ¡Cuidado! Existe una relación muy íntima entre los sentimientos heridos y la amargura.13

b) Disculparse por las circunstancias y así justificar la amargura. “En estas circunstancias Dios no me condenaría por guardar rencor en mi corazón.” Básicamente, lo que estamos diciendo es que hay ocasiones cuando los recursos espirituales no sirven, y nos vemos obligados a pecar. Juan dice a tales personas: “Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a El mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1ª Juan 1:10).

c) Culpar al otro. Esta es, sin duda, la manera más frecuente de eludir la responsabilidad bíblica de admitir que la amargura es pecado.14 Cuando de amargura se trata, el ser humano generalmente culpa a la persona que le ofendió. En casos extremos algunos se resienten contra Dios. “No sé porque Dios me hizo así…” “¿Dónde estaba Dios cuando me sucedió esto?"15

3. Desahogarse. Últimamente se ha popularizado la idea de que “desahogarse” sanará la herida. Ahora bien, es cierto que desahogarse tal vez ayuda a que la persona sobrellevar el peso que lleva encima (Gálatas 6:2). Sin embargo, es factible que (a) termine esparciendo la amargura y como resultado contamine a muchos; (b) le lleve a minimizar el pecado de la amargura porque la persona en quien se descarga contesta: “Tú tienes derecho"; (c) no considere la amargura como pecado contra Dios.

4. Una disculpa de parte del ofensor. Muchos piensan que el asunto termina cuando el ofensor pide disculpas a la persona ofendida. De acuerdo a la Biblia efectivamente esto forma parte de la solución porque trae reconciliación entre dos personas (Mateo 5:23–25).16 Sin embargo, falta reconocer que la amargura es un pecado contra Dios. Sólo la sangre de Cristo, no una disculpa, limpia de pecado (1ª Juan 1:7). La solución radica tanto en la relación horizontal (con otro ser humano) como en la vertical (con Dios).

5. Perdonar a Dios. Después de presentar estos principios en una iglesia, de dos fuentes diferentes escuché que la solución para la amargura era “perdonar a Dios". Cuando una persona no está conforme con su apariencia física o con un suceso que dejó cicatrices emocionales o físicas en su vida, se le aconseja que perdone a Dios por haber permitido que sucediera.

En Rut 1:13 Noemí estaba amargada contra Dios y hasta explicó a sus dos nueras que tenía derecho a estar más amargada que ellas porque se habían muerto su esposo y sus dos hijos. Es la clase de situación donde hoy día se aconsejaría perdonar a Dios por haberlo permitido.

Estoy convencido de que hablar de “perdonar a Dios” es blasfemia. Dios es bueno (Salmo 103); Dios es amor (1ª Juan 4:8); Dios está lleno de bondad (Marcos 10:18); Dios es esperanza (Romanos 15:13); Dios es santo (Isaías 6:3); Dios es perfecto (Deuteronomio 32:4; Hebreos 6:18). Jamás habrá necesidad de perdonarlo.

Este concepto de perdonar a Dios es uno de los intentos del ser humano de crear a Dios a imagen del hombre. Demuestra una total ignorancia e incomprensión de que Dios en su amor tiene múltiples propósitos y lleva a cabo tales propósitos por medio de las experiencias que atravesamos. ¡Sí pudiéramos aprender la realidad: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2ª Corintios 12:9)!

12 Romanos 12:19; Deuteronomio 32:35; Hebreos 10:30.

13 Existe la misma relación entre la amargura y el enojo, y una relación similar entre el enojo y el asesinato (Mateo 5:21–22).

14 Es lógico que ocurra porque la primera pareja principió esta práctica de culpar a otro. Eva echó la culpa de su pecado a la serpiente (Génesis 3:13), y Adán culpó a Dios (Génesis 3:12). Proverbios 19:3 afirma: "La insensatez del hombre tuerce su camino y luego contra Jehová se irrita su corazón."

15 Véase punto 5 – Perdonar a Dios.

16 No recomendamos que una persona pida “disculpas” sino que pida “perdón”.

Mirón, Jaime: La Amargura, El Pecado Más Contagioso. Miami, Florida, EE. UU. de A. : Editorial Unilit, 1994, S. 17

lunes, 14 de febrero de 2011

La Amargura: Examinando El Corazón

"El corazón conoce la amargura de su alma"

(Proverbios 14:10).

Antes de exponer el antídoto bíblico para la amargura, tomemos un examen para averiguar si ha brotado raíz de amargura en la vida. Recomiendo que, en oración, el lector medite sobre cada pregunta.

1) ¿Existe una situación en su vida que aparece frecuentemente en la mente o le despierta durante la noche?

2) ¿Está maquinando maneras de vengarse si tan sólo tuviera oportunidad de hacerlo? Varias personas me han dicho que estas maquinaciones son, precisamente, lo que les privan del sueño.

3) ¿Recuerda hasta los más ínfimos detalles de un evento que sucedió hace tiempo? La amargura tiene una memoria de elefante, y recuerda hasta los detalles más oscuros de un incidente. Tiempo atrás dos vecinas nuestras, cristianas, tuvieron una fuerte riña en plena calle. Fue sorprendente que una de las contrincantes, sin sacar apuntes pero con lujo de detalles, nombró cada vez que su vecina le había pedido prestado algo durante los últimos cinco años. Después de haber sembrado resentimiento, éste brotó en amargura cuando se presentó el ambiente apropiado.

¿Por qué recordamos ese tipo de detalles con tanta facilidad? En primer lugar, porque siempre recordamos las heridas y las ofensas. Pero la razón principal es que repasamos y repasamos los detalles.

¡Si pudiéramos recordar los buenos momentos o aun los pasajes de la Biblia tanto como recordamos las ofensas!

4) ¿Se siente ofendido y, debido a que usted estima es víctima, está justificando el resentimiento? Aquí la frase clave es “pero yo tengo razón". No hay situación más difícil de solucionar que cuando la persona ofendida tiene razón.

Carlos, un brillante y joven empresario, ascendió rápidamente en la empresa y a los 36 años llegó a ser vicepresidente con miras a llegar aun más arriba. Aunque el mismo director y fundador de la organización lo había empleado, llegó a sentir que Carlos era una amenaza y buscó motivos para despedirlo. Este, un creyente en Cristo, ignoraba el complot que se gestaba en la oficina a sólo cinco metros de la suya. Finalmente, un viernes por la tarde el director comunicó a Carlos en palabras terminantes que no tenía que volver a trabajar el lunes. Cuando preguntó por qué, el director, presentó una serie de mentiras y medias verdades.

Carlos encontró otro empleo pero sigue amargado. Envenenó de amargura a su esposa (que, por supuesto, tomó sobre sí la ofensa y está más amargada que él) y a sus mejores amigos.

Ahora bien, Carlos tenía toda la razón. Cada vez que escucho la historia yo mismo me enojo, porque era y sigue siendo injusto. Admito que es difícil quitar la amargura de la vida de quien fue ofendido, herido, pisoteado, marginado, pasado por alto, o algo similar. Es difícil porque esa persona es víctima. Sin embargo, la Santa Palabra de Dios interviene con el mandamiento “quítense de vosotros toda amargura…” (Efesios 4:31).

5) ¿Hay explosiones desmedidas en cuanto a incidentes que de otra manera tendrían menor importancia? Sucede a menudo en la vida matrimonial cuando uno de los cónyuges por algún motivo está amargado. Tal amargura se entremete en todas las contiendas con el cónyuge, y es como un volcán esperando el momento de erupción. Súbitamente y sin previo aviso, comienza a salir todo tipo de veneno antes escondido bajo la superficie. El cónyuge se sorprende por la reacción violenta y se pregunta cuál es la razón.

6) ¿Le sucede que al leer la Biblia casi inconscientemente aplica la Escritura a otros en vez de a sí mismo? Muchas personas amargadas hallan en la Biblia enseñanzas que aplican a otros (en forma especial al ofensor).

7) Por lo general ¿usa usted expresiones que incluyen “ellos” o “todo el mundo” para apoyar sus argumentos?. La persona amargada piensa que tiene razón (y probablemente sea cierto), busca a otros, comparte su experiencia, fundamenta su actitud con exageraciones y generalizaciones refiriéndose a “todo el mundo".

8) Cuando se refiere a su iglesia local, ¿habla de “ellos” o de “nosotros"? La persona amargada empieza a distanciarse de la congregación, cuando dice “ellos” al referirse a otros miembros de la iglesia.

La historia de Carlos nos recuerda la de David y Saúl. David empezó a representar una amenaza para su comandante cuando éste escuchó “…Saúl hirió a sus miles y David a sus diez miles… y desde aquel día Saúl no miró con buenos ojos a David” (1 Samuel 18:7, 9). La situación era cada vez peor: “…más Saúl estaba temeroso de David” (v. 12); “…y viendo Saúl que se portaba [David] tan prudentemente, tenía temor de él” (v. 15); “…tuvo más temor de David; y fue Saúl enemigo de David todos los días” (v. 29). La gran diferencia entre David y Carlos es que David no se amargó; incluso siguió honrando a Saúl por ser rey de Israel. La historia de David nos ofrece una verdadera riqueza de ejemplos (la mayoría positivos) para mostrar que basta la gracia de Dios, y que la amargura ni es inevitable ni es una opción para el creyente.

La amargura es común entre esposos. Por tal motivo, tanto en consejos prematrimoniales y matrimoniales como también en seminarios, enseñamos el principio de "resolver hoy los problemas de hoy" (Efesios 4:26), no dejando pendiente nada que podría convertirse en resentimiento y amargura.

Reflexionemos sobre el tema, si hay amargura en nuestro corazón desechémosla, pidamos perdón a Dios y cuidémonos de volver a caer en ella. Ora a tu Padre en los secreto y permítele que obre en tu vida.

Mirón, Jaime: La Amargura, El Pecado Más Contagioso. Miami, Florida, EE. UU. de A. : Editorial Unilit, 1994, S. 13

viernes, 11 de febrero de 2011

Las Consecuencias De La Amargura

Para motivar a una persona a cumplir con el mandamiento bíblico “despréndanse de toda amargura…” (Efesios 4:31 NVI), veamos las múltiples consecuencias (todas negativas) de este pecado.

1) La amargura impide que la persona entienda los verdaderos propósitos de Dios en determinada situación. Job no tenía la menor idea de que, por medio de su sufrimiento, el carácter de Dios estaba siendo vindicado ante Satanás. Somos muy cortos de vista.

2) La amargura contamina a otros. En uno de los pasajes más penetrantes de la Biblia, el autor de Hebreos exhorta: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” (12:15). La amargura nunca se queda sola en casa; siempre busca amigos. Por eso es el pecado más contagioso. Si no la detenemos puede llegar a contaminar a toda una congregación, o a toda una familia.

Durante la celebración de la pascua, los israelitas comían hierbas amargas. Cuando un huerto era invadido por estas hierbas amargas, no se lo podía limpiar simplemente cortando la parte superior de las plantas. Cada pedazo de raíz debía extraerse por completo, ya que de cada pequeña raíz aparecerían nuevos brotes. El hecho de que las raíces no se vean no significa que no existan. Allí bajo tierra germinan, se nutren, crecen, y los brotes salen a la superficie y no en un solo lugar sino en muchos. Algunas raíces silvestres son casi imposibles de controlar si al principio uno no las corta por lo sano. El escritor de Hebreos advierte que la amargura puede quedar bajo la superficie, alimentándose y multiplicándose, pero saldrá a la luz cuando uno menos lo espera.

Aun cuando la persona ofendida y amargada enfrente su pecado de la manera prescrita por Dios, no necesariamente termina el problema de la contaminación. Los compañeros han tomado sobre sí la ofensa y posiblemente se irriten con su amigo cuando ya no esté amargado.

3) La amargura hace que la persona pierda la perspectiva. Nótese la condición del salmista cuando estaba amargado: “… entonces era yo torpe y sin entendimiento; era como una bestia delante de ti” (Salmo 73:21, 22 BLA). La persona amargada toma decisiones filtradas por su profunda amargura. Tales decisiones no provienen de Dios y generalmente son legalistas. Cuando la amargura echa raíces y se convierte en norma de vida, la persona ve, estima, evalúa, juzga y toma decisiones según su espíritu amargo.

Nótese lo que pasó con Job. En su amargura culpó a Dios de favorecer los designios de los impíos (Job 10:3). Hasta lo encontramos a aborreciéndose a sí mismo (Job 9:21; 10:1).

En el afán de buscar alivio o venganza, quien está amargado invoca los nombres de otras personas y exagera o generaliza: “…todo el mundo está de acuerdo…” o bien “nadie quiere al pastor…” Las frases “todo el mundo” y “nadie” pertenecen al léxico de la amargura.

Cuando la amargura llega a ser norma de vida para una persona, ésta por lo general se vuelve paranoica e imagina que todos están en su contra.

4) La amargura se disfraza como sabiduría o discernimiento. Es notable que Santiago emplea la palabra “sabiduría” en 3:14–15 al hablar de algunas de las actitudes más carnales de la Biblia. La amargura bien puede atraer a muchos seguidores. ¡Quién no desea escuchar un chisme candente acerca de otra persona! La causa que presentó Coré pareció justa a los oyentes, tanto que 250 príncipes renombrados de la congregación fueron engañados por sus palabras persuasivas. A pesar de que la Biblia aclara que el corazón de Coré estaba lleno de celos amargos, ni los más preparados lo notaron.

5) La amargura da lugar al diablo (Efesios 4:26). Una persona que se acuesta herida, se levanta enojada; se acuesta enojada, y se levanta resentida; se acuesta resentida, y se levanta amargada. El diablo está buscando a quien devorar (1ª Pedro 5:8). Pablo nos exhorta a perdonar “…para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones” (2 Corintios 2:11). Satanás emplea cualquier circunstancia para dividir el cuerpo de Cristo.

6) La amargura puede causar problemas físicos. La amargura está ligada al resentimiento, término que proviene de dos palabras que significan “decir de nuevo". Cuando uno tiene un profundo resentimiento, no duerme bien o se despierta varias veces durante la noche, y vez tras vez en su mente repite la herida como una grabadora. Es un círculo vicioso de no dormir bien, no sentirse bien al siguiente día, no encontrar solución para la amargura, no dormir bien, ir al médico, tomar pastillas, etc. Algunas personas terminan sufriendo una gran depresión; otros acaban con úlceras u otras enfermedades.

7) La amargura hace que algunos dejen de alcanzar la gracia de Dios (Hebreos 12:15). En el contexto de Hebreos, los lectores estaban a punto de volver al legalismo y a no valerse de la gracia de Dios para su salvación. La persona amargada sigue la misma ruta porque la amargura implica vivir con recursos propios y no con la gracia de Dios. Tan fuerte es el deseo de vengarse que no permite que Dios, por su maravillosa gracia, obre en la situación.

Mirón, Jaime: La Amargura, El Pecado Más Contagioso. Miami, Florida, EE. UU. de A. : Editorial Unilit, 1994, S. 8

jueves, 10 de febrero de 2011

Producción En Serie De Lideres: Algo Nocivo Para La Iglesia

En 1.990, asistí en Bogotá a un congreso cuyo tema central era: “El Reino De Dios”. Dos de las cosas que se expusieron en ese congreso (Hace 21 años), fueron el afán que se había apoderado de la Iglesia cristiana de crecer; los números se convirtieron en la obsesión de denominaciones, pastores y líderes. Se puso de moda la pregunta: ¿Cuántos miembros tiene tu Iglesia? Y si la respuesta era un número pequeño, entonces el que hizo la pregunta sacaba pecho diciendo que tenía el doble, el triple o más. La otra cosa que se expuso, fue el cambio que se había producido en el mensaje, del evangelio de Cristo, se paso al Evangelio de las ofertas. (Hoy el mensaje ha cambiado y ha evolucionado a lo que es la teología de la prosperidad).

Esto que comenzó hace 21 años en América Latina, derivo en muchas formas y estrategia de crecimiento de la Iglesia, con el común denominador de los grupos familiares o células. Lo anterior, tenía un problema: “La escasez de liderazgo”. La respuesta a ese problema, fue la creación de las “Escuelas de Lideres”, estas tienen distintos niveles y la duración hasta el grado como lideres diplomados es de 8 a 12 meses. De ahí que cada año se gradúan 50 o más como lideres dependiendo del tamaño de la Iglesia. Las escuelas de liderazgo entonces suplieron la necesidad de líderes para X número de células.

Estas escuelas tienen una gran deficiencia. “Solo dan información y capacitación teórica para ser lideres”, de ahí que los que se gradúan, salen con información y la capacitación para suplir las necesidades de un sistema de crecimiento eclesial pero sin crecimiento espiritual. Estos líderes capacitados en teoría pero sin experiencia ni vivencia personal e intima con Dios ahora van a ministrar a multitudes. El resultado de este liderazgo son unos discípulos de un sistema (Comienza el ciclo de nuevo), y no discípulos de Cristo, entre otras cosas porque se les forma para continuar una visión y un sistema mas no para ser discípulos de Cristo. Este liderazgo, de escaso conocimiento de Dios se convierte en una especie de loro repitiendo el mismo discurso que aprendió en una escuela de líderes, convirtiendo igualmente a aquellos que están bajo su cargo en parlantes de lo mismo. Lo más grave de todo es que la gran mayoría de estos líderes producidos en serie son neófitos, sin un cambio profundo en su corazón, con una responsabilidad que no deberían asumir pero que se les impone. Lo anterior, da como resultado que muchos de estos líderes muestran mal testimonio, muestran fallas protuberantes en el carácter y de esa manera transmiten un evangelio distorsionado a los grupos que están a su cargo, terminando por producir nuevos líderes con las mismas debilidades.

Un líder no es producto de una escuela. Es irresponsable colocar a un recién convertido en el liderazgo porque completó una serie de estudios, máxime cuando estos no le han formado de manera correcta y adecuada en el evangelio.

Un líder no solo se forma con estudios y transmitiéndole una visión. Un líder se forma atraves de un discipulado responsable, enseñándole a depender de Dios, a orar, a estar en su presencia, a estudiar las Escrituras, guiándole para que aprenda a obedecer a Dios, a escuchar al Señor, a ser sensibles a su voz , para que de esa forma enseñe igualmente a otros.

Una escuela produce un liderazgo en serie para suplir las necesidades de un sistema de iglecrecimiento, pero no forma a un liderazgo de calidad, que responda adecuadamente a la formación de discípulos de Cristo. La gran comisión no es evangelizar, la gran comisión es formar, es instruir, es enseñar a otros a ser discípulos. La conversión es cuando el alumno se matricula en la escuela del discipulado. Luego hay que enseñarle a ser discípulo. Esa es la gran comisión. (mathēteuō), el discípulo tiene que ser un estudiante dedicado, para que de esta manera aprenda a comportarse como su maestro, es decir, el discípulo es el que aprende mediante una enseñanza adecuada a comportarse como su maestro. Cuando formo lideres en una escuela, no estoy formando discípulos. Vuelvo y repito, formo gente para responder a las necesidades de un sistema de iglecrecimiento más no discípulos.

Lo nocivo esta, en que este liderazgo producido en serie, es un liderazgo cojo, mal formado, poco instruido que de igual manera va a producir discípulos iguales a él. Que podemos esperar de una Iglesia que produce líderes en serie, cristianos en serie, cristianos que no van a dar el estándar, que no van a dar el testimonio fiel del evangelio y que van a ser parte de una iglesia deficiente.

Después de este análisis, les pregunto: ¿¨Para que quiero números, para que quiero multitudes sino tengo discípulos”?. El Señor no me mando a que tuviera multitudes sino discípulos. ¿Qué le vamos a decir al Señor cuando estemos en su presencia?, Señor tuve una iglesia de 5.000 miembros, gane 5.000 almas para ti. La respuesta del Señor será: “Te mande a tener una iglesia de multitudes o te mande a hacer discípulos?. Dime una cosa: De los 5.000 que tenias, ¿Cuántos eran discípulos míos?, ¿A cuántos les enseñaste el evangelio verdadero?, ¿A cuántos les enseñaste a seguirme, a obedecerme, a tomar su cruz cada día?, a ninguno. El Señor proseguirá: En vez de hacer discípulos, guiaste a mucha gente al error, a creer que haciendo parte de un sistema y teniendo cierta información bastaba, a creer que mi sacrificio en la cruz lo que persiguió no fue su salvación, ni la vida en santidad, ni que me siguieran y me amaran mas que a todas las cosas, en vez de eso, lo que hiciste fue enseñarles que mi sacrificio en la cruz lo que pretendía era que fueran ricos, millonarios, dueños de mansiones, de carros lujosos, hedonistas, egoístas, ambiciosos y avaros. Les enseñaste a que podían comprar con dinero todo lo que necesitaran como si yo tuviera un supermercado celestial, les enseñaste que a cambio de una suma de dinero yo concedía favores de todo tipo. Los miembros de tu iglesia eran solo números, no personas. Fácilmente podías llamarlos miembro número 1, miembro número 15 y así sucesivamente. Miembros que te daban prestigio por ser numerosos y que se traducían en grandes sumas de dinero que recogías en los servicios. Te pregunto: ¿Eso fue lo que entendiste que era mi evangelio?, o ¿Te desviaste detrás de las riquezas?. Mi veredicto es: “Eres culpable de cambiar mi evangelio por uno falso y eres responsable por todas estas vidas a las que indujiste al error. Muchos se creyeron líderes porque tú les dijiste que lo podían alcanzar asistiendo a una escuela. ¡Que daño hiciste!.

Estoy seguro que conocemos iglesias de este tipo. Al menos yo conozco muchas.

Se imaginan esta conversación. Dios nos guarde, que con temor y temblor respetemos el santo evangelio. Produzcamos discípulos únicos y valiosos no líderes en serie.

Dios les bendiga

La Amargura: Su Definición

En el griego del Nuevo Testamento, “amargura” proviene de una palabra que significa punzar. Su raíz hebrea agrega la idea de algo pesado. Finalmente, el uso en el griego clásico revela el concepto de algo fuerte. La amargura, entonces, es algo fuerte y pesado que punza hasta lo más profundo del corazón.

La amargura no tiene lugar automáticamente cuando alguien me ofende, sino que es una reacción no bíblica (es decir pecaminosa) a la ofensa o a una situación difícil y por lo general injusta. No importa si la ofensa fue intencional o no. Si el ofendido no arregla la situación con Dios, la amargura le inducirá a imaginar más ofensas de la misma persona. La amargura es una manera de responder que a la larga puede convertirse en norma de vida. Sus compañeros son la autocompasión, los sentimientos heridos, el enojo, el resentimiento, el rencor, la venganza, la envidia, la calumnia, los chismes, la paranoia, las maquinaciones vanas y el cinismo.

La amargura es resultado de sentimientos muy profundos, quizá los más profundos de la vida. La razón por la que es tan difícil de desarraigar es triple: En primer lugar, el ofendido considera que la ofensa es culpa de otra persona (y muchas veces es cierto) y razona: “El/ella debe venir a pedirme disculpas y arrepentirse ante Dios. Yo soy la víctima".

El cristiano se siente culpable cuando comete un pecado. Sin embargo, no nos sentimos culpables de pecado por habernos amargado cuando alguien peca contra nosotros, pues la percepción de ser víctima eclipsa cualquier sentimiento de culpa. Por lo tanto este pecado de amargura es muy fácil justificar.

En segundo lugar, casi nadie nos ayuda a quitar la amargura de nuestra vida. Por lo contrario, los amigos más íntimos afirman: “Tú tienes derecho… mira lo que te ha hecho", lo cual nos convence aun más de que estamos actuando correctamente.

Finalmente, si alguien cobra suficiente valor como para decirnos: “Amigo, estás amargado; eso es pecado contra Dios y debes arrepentirte", da la impresión de que al consejero le falta compasión (recuerde, que el ofendido piensa que es víctima). Me pasó recientemente en un diálogo con una mujer que nunca se ha podido recuperar de un gran mal cometido por su padre.1 Ella lleva más de 30 años cultivando una amargura que hoy ha florecido en todo un huerto. Cuando compasivamente (Gálatas 6:1) le mencioné que era hora de perdonar y olvidar lo que queda atrás (Filipenses 3:13), me acusó de no tener compasión. Peor todavía, más tarde descubrí que se quejó a otras personas, diciendo que como consejero carecía de “simpatía” y compasión.

Hasta es posible perder la amistad de la persona amargada por haberle aconsejado que quite la amargura de su vida (Efesios 4:31). El siguiente ejemplo ilustra cómo la amargura puede dividir a amigos y familiares. Florencia, una joven de 21 años, pertenece a una familia que durante años ha sufrido una contienda familiar. Ella es la única que no desea culpar a los demás ni demostrar que tiene razón sino que anhela ver reconciliación. La pelea comenzó poco después del nacimiento de Florencia, sobre lo que al principio fue algo insignificante. Veinte años más tarde, alimentada por imaginaciones vanas, rencor y paranoia, existe una gran brecha entre dos grupos de la familia. A pesar de que casi todos son cristianos, la lucha es más fuerte que nunca. Florencia, tomando en serio lo que dice la palabra de Dios sobre la amargura, con toda el alma quiere que la familia se reconcilie. Se siente impotente, sin embargo, porque está bajo la amenaza de no poder volver a casa de sus padres si pisa la propiedad de su hermana y su cuñado.

Finalmente, el lector notará una característica interesante en casi todos los ejemplos de este libro: por regla general nos amargamos con las personas más cercanas a nosotros.

1 La palabra “recuperar” no es la más adecuada porque da la impresión de que con el tiempo la amargura se soluciona por sí sola. Dejar pasar el tiempo jamás puede solucionar el problema del pecado. Sólo la sangre de Cristo limpia de pecado (1ª Juan 1:7).

Mirón, Jaime: La Amargura, El Pecado Más Contagioso. Miami, Florida, EE. UU. de A. : Editorial Unilit, 1994, S. 6

miércoles, 9 de febrero de 2011

El Espíritu Santo En Apocalipsis Por: Pastor Luis Sánchez Blanco

“Apocalipsis es la Revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos lo que sin demora tiene que suceder. Jesucristo envió a su ángel para dar a conocer la revelación a su siervo Juan.” Así que Apocalipsis es la revelación de Jesucristo en control de todo lo que tiene que suceder.

Y precisamente, en este devenir histórico y profético, Apocalipsis nos presenta a dos Personas que están, andan, trabajan y actúan de la mano, mancomunadamente, en unidad perfecta y comunión única: El Señor Jesucristo y el Espíritu Santo.

Donde el Espíritu Santo está presente, el Señor Jesucristo se manifiesta, es proclamado, exaltado y reconocido como Salvador, Señor y Rey único del Universo. Es el Espíritu Santo quien nos hace capaces de conocer la revelación de Jesucristo, tal como Él quiere mostrarse al hombre. Sin el Espíritu Santo es imposible ser y vivir para Dios en medio de un mundo bajo el gobierno de Satanás.

Por tal motivo, hoy es cuando más tenemos la necesidad de reconocer a la Deidad de la Persona del Espíritu Santo, a quien el Padre y el Hijo han señalado como el Guía Supremo de cada hijo de Dios y de su Iglesia. Él es el único que, por la Palabra de Dios, la oración, nuestra fe, la humildad y la obediencia nos puede guiar a toda la verdad, para hacer la voluntad de Dios.

Esto que acabo de expresar es precisamente lo que vemos en Apocalipsis. Por lo cual, los invito a observar con sumo cuidado lo que a continuación les comparto:

¿De quién procede la revelación de Apocalipsis y para qué?

Apocalipsis 1.1-7, NVI:

Ésta es la revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos lo que sin demora tiene que suceder.

Jesucristo envió a su ángel para dar a conocer la revelación a su siervo Juan, quien por su parte da fe de la verdad, escribiendo todo lo que vio, a saber, la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo.

Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras de este mensaje profético y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque el tiempo de su cumplimiento está cerca.

Yo, Juan, escribo a las siete iglesias que están en la provincia de Asia: Gracia y paz a ustedes de parte de aquel que es y que era y que ha de venir; y de parte de los siete espíritus que están delante de su trono; y de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primogénito de la resurrección, el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos ama y por cuya sangre nos ha librado de nuestros pecados, al que ha hecho de nosotros un reino, sacerdotes al servicio de Dios su Padre, ¡a él sea la gloria y el poder por los siglos de los siglos! Amén.

¡Miren que viene en las nubes! Y todos lo verán con sus propios ojos, incluso quienes lo traspasaron; y por él harán lamentación todos los pueblos de la tierra. ¡Así será! Amén.”

Todo lo anterior es para indicarnos, a Juan y a nosotros, que no tengamos ningún miedo por todo lo que ha de suceder, porque el Señor Jesucristo está con nosotros y el Espíritu Santo es nuestro supremo guiador, quien nos da todo lo bueno que procede del Padre y del Hijo:

Y cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; pues no hablará por sí solo, sino que hablará todo lo que oiga y os hará saber las cosas que han de venir. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por esta razón dije que recibirá de lo mío y os lo hará saber. Juan 16.13-15, RVA.

Volvamos a Apocalipsis 1.4: “y de parte de los siete espíritus que están delante de su trono” - ¿Qué significa esto?

Observemos otras dos citas más:

Apocalipsis 3.1: “…Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios…”

Apocalipsis 5.6: “Entonces vi, en medio de los cuatro seres vivientes y del trono y los ancianos, a un Cordero que estaba de pie y parecía haber sido sacrificado. Tenía siete cuernos y siete ojos, que son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.”

Ahora tenga en cuenta lo que dice Isaías 11.1-2, RV2000:

“Y saldrá una vara del tronco de Isaí y un renuevo retoñará de sus raíces. Y reposará sobre él, el Espíritu del SEÑOR, Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo, y de fortaleza, Espíritu de conocimiento y de temor del SEÑOR”

1. Espíritu del Señor

2. Espíritu de Sabiduría

3. Espíritu de inteligencia

4. Espíritu de consejo

5. Espíritu de fortaleza

6. Espíritu de conocimiento

7. Espíritu de temor del Señor

No hay dudas, los siete espíritus se refieren a la totalidad perfecta del Espíritu Santo de Dios.

Es importante ver cómo en Apocalipsis 5.12, una gran multitud de pueblos, ciudades y naciones, de todo tipo, proclama que el Cordero es digno de recibir, lo que Isaías había profetizado acerca de ÉL: “Cantaban con todas sus fuerzas: ¡Digno es el Cordero, que ha sido sacrificado, de recibir el poder, la riqueza y la sabiduría, la fortaleza y la honra, la gloria y la alabanza!"

Vuelve a contar:

Observemos la lista de lo que el Cordero es digno de recibir:

1. El poder

2. La riqueza

3. La sabiduría

4. La fortaleza

5. La honra

6. La gloria

7. La alabanza

Todo esto lo recibe de Dios el Padre y se refiere al mismo Espíritu Santo.

Igualmente, en Apocalipsis 7.11-12, hallamos lo siguiente: Todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono, de los ancianos y de los cuatro seres vivientes. Se postraron rostro en tierra delante del trono, y adoraron a Dios diciendo: "¡Amén! La alabanza, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, la honra, el poder y la fortaleza son de nuestro Dios por los siglos de los siglos. ¡Amén!"

Otra vez la lista:

1. La alabanza

2. La gloria

3. La sabiduría

4. La acción de gracias

5. La honra

6. El poder

7. La fortaleza

La última parte del verso 12 afirma que todas estas siete cosas son de nuestro Dios por lo siglos de los siglos, haciendo alusión al Espíritu Santo de Dios

Así que, los siete cuernos y siete ojos, son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.” Es decir, la plenitud del Espíritu Santo de Dios, dado al Señor Jesucristo y a nosotros los hijos de Dios.

El Espíritu Santo y la Palabra de Dios

Así como el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo en perfecta unidad y comunión eterna, viven, trabajan y actúan, de la misma manera el Espíritu Santo se manifiesta en absoluta sujeción a la voluntad del Padre, o sea, la Palabra de Dios.

Veamos Apocalipsis 1.10-11: “En el día del Señor vino sobre mí el Espíritu, y oí detrás de mí una voz fuerte, como de trompeta, que decía: "Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete iglesias: a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardis, a Filadelfia y a Laodicea."

Aquí vemos al Espíritu y la voz. El orden es El Espíritu pero con la Palabra. Sólo así somos conducidos a la visión de la revelación de Dios, en su palabra. Por favor, lea los versículos 12 al 16 de Apocalipsis 1. De aquí en adelante todo gira alrededor la revelación de Jesucristo como Señor Soberano en control de todo lo que va a suceder, por parte de Dios, a través del Espíritu Santo, la Palabra de Dios y sus poderosos ángeles:

Apocalipsis 2.7, 2.11, 2.17, 2.26-29; 3.5-6, 3.12-13, 3.21-22. 4.1-3; 14.13; 17.3; 21.9-10; y 22.17-21.

“El Espíritu y la novia dicen: "¡Ven!"; y el que escuche diga: "¡Ven!" El que tenga sed, venga; y el que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida. A todo el que escuche las palabras del mensaje profético de este libro le advierto esto: Si alguno le añade algo, Dios le añadirá a él las plagas descritas en este libro.

Y si alguno quita palabras de este libro de profecía, Dios le quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa, descritos en este libro. El que da testimonio de estas cosas, dice: "Sí, vengo pronto." Amén. ¡Ven, Señor Jesús!

Que la gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén.”

Luis Sanchez Blanco, es pastor de la Iglesia Árbol de Vida en Cartagena de Indias, Colombia, en la cual ha ejercido su ministerio durante mas de 30 años.

martes, 8 de febrero de 2011

Testimonio Con Ocasión De La Muerte De Mi Madre

Antes de compartir con ustedes este testimonio, quiero aclarar que lo hago con cuatro objetivos: El primero exaltar a mi Dios y Señor Como Soberano absoluto, el segundo exaltar a mi Dios y Señor por su Fidelidad, el tercero, compartir con mi familia todo el proceso que Dios hizo durante todo el tiempo que transcurrió desde el accidente hasta el deceso, funeral y post-funeral, el cuarto compartir con la Iglesia para fortalecer nuestra fe. Quisiera comenzar con un recuento de cómo Jesús ha traído la salvación a mi familia, aunque quiero aclarar que en mi mente no tengo fechas exactas sino hechos concretos y creo ordenados tal como sucedieron. El 18 de Enero de 1.987 (Única fecha de la que me acuerdo con exactitud), Jesús llego a mi vida, hace ya casi 21 años. Después de mi conversión vino la de mi hermano Luis Eduardo (Usándome a mí como medio), creo a los 10 años de edad, El hoy es Pastor de una Misión y tiene a su cargo una obra en el Barrio El Prado de Sincelejo, la tercera en recibir a Cristo (Y Creo que esto pocos lo saben), fue mi abuela Pacha (Mama de mi mama), y mi convicción es que esta con el Señor, la cuarta mi Abuela Albertina, aproximadamente a los 84 años, cinco años después de mi conversión, ella se bautizo en Cartagena en la misma Iglesia donde asistía la Tía Isabel (Tuve el gusto de conocerla y que yo sepa fue la primera cristiana de la familia, al menos la que yo conocí y tengo recuerdo, mis primeros meses de convertido los viví en su casa), luego vino mi hermana Aixa (También recibió a Cristo conmigo), estando aun soltera. Seguido Sonia (Tía y hermana de mi Mama), quien conoció al Señor en Montería. Después fue mi Tía Fanny (Gemela de mi mama), aunque durante muchos años ella no fue miembro activo de una Iglesia (asistía esporádicamente), el último mes de su vida lo dedico a la oración, al ayuno y a congregarse, al punto que después del funeral de mi mama, escuche un testimonio de su estado espiritual días antes de morir donde la describían como “Llena de Dios”. Ella murió sentada con la Biblia en las piernas, viendo un canal de televisión cristiana. Dios coloco en mi corazón en esos días que reuniera a la familia (Allí estaba mi mama) y les compartiera el Evangelio, allí les puse a Fanny como ejemplo. Posteriormente vino Shirley (Año 1.994 según me dice ella), Dios uso a José Vergara (Amigo y hermano), para que ella hiciera su decisión de fe. Hasta aquí, ahí un intervalo de 13 años. Nos ubicamos en Noviembre de 2.007, días antes, Dios había puesto en mi corazón, que esto iba a suceder (No se lo dije a nadie por obvias razones), pero ore a mi Señor. El día del accidente, cuando mi madre entro a la Clínica yo tenía le certeza que iba a morir, desde ese mismo momento acepte su muerte como un acto de la soberanía de Dios (Es mas no le achaque su muerte a lo que ella sufrió), me comencé a preparar tanto personalmente como a transmitir a mi familia (A veces sin decirlo), la paz y la tranquilidad que Dios me estaba dando en esos momentos. Doy gracias a Dios porque siempre tuve la compañía, el afecto y la solidaridad de mi hermano, amigo y pastor Joaquín, quien me dijo luego de orar en la Iglesia ese mismo día que estuviera con mi Señor y me desahogara con El. Entre al cuarto de los niños en la casa con el fin de hacerlo, pero no me salió una sola lagrima. Me acosté en el piso y comencé a hablar con Dios, lo que sucedió después no tengo palabras para describirlo, me invadió una paz sobrenatural y en ese momento fui consciente de que lo importante para mí como cristiano era la “Eternidad”, que nuestro futuro eterno este asegurado. En ese momento no tenía claro en mi mente, ni estaba seguro de la salvación de mi madre. Dios trajo a mi mente una escena muy puntual, parte de una conversación que yo había tenido con mi madre tiempo atrás, no preciso la fecha, Dios me recordó el siguiente aparte: Yo le pregunte: ¿Mami tú has sido feliz?, ella me respondió que no. Yo le dije: “Dale una oportunidad a Jesús”, y ore con ella. Después de eso, le dije al Señor que me confirmara la salvación de mi madre, y le pedí algo especifico, le dije: “Señor, que su rostro resplandezca, que sea notorio”. Eso fue a las 2:30 de la tarde del jueves (Día en que ella entro a la Clínica). Llegue a eso de las cuatro allá y me quede en una cafetería al frente y llame a mi esposa y a mi hermano lucho, comenzamos a hablar y dentro de la conversación mi esposa dijo: “Nunca había visto a tu mama como la vi hoy, su piel estaba linda era como de porcelana”, llore por un momento y le conté a mi hermano toda la experiencia que había tenido hasta ese momento, creo que eso le ayudo. Ah pero ella no fue la única que lo noto, mi sobrina, una cuñada y una enfermera, además una de las terapistas de la unidad de cuidados intensivos (Naila, Hija del hermano Héctor Florez), dijo: “Ella no se parece a los pacientes que comúnmente están en cuidados intensivos, se ve diferente”. Minutos después fui a preparar todo lo que respecta al seguro exequial, con el fin de que no quedara nada pendiente. El día viernes en la noche, percibí de una manera muy personal que Dios tenía el control de los más mínimos detalles, mi familia y yo comimos, todos estaban tranquilos con una paz que solo Dios da. El sábado (Día en que falleció), me prepare con la certeza que era el día en que ella iba a fallecer, apenas me dio tiempo, cuando me llamaron, alcance a entrar a la Clínica y estando toda la familia, incluyendo algunos hermanos (Tíos) en la sala de la Unidad de Cuidados Intensivos, contiguo a la habitación donde ella estaba murió, con el impacto normal en estos casos. Ya por la tarde en la funeraria, y estando sentado con Ofe y otra hermana de la Iglesia Palabra De Vida, Ofe expresa algo que me llamo la atención: “Esto no parece un funeral”. La gente que nos acompaño durante ese día debió sentir algo especial, lo único que yo atinaba a hacer era hablar de la eternidad con todos, muchos amigos, clientes y compañeros de trabajo se fueron tocados por Dios, y el remate de la noche, Dios uso de la manera precisa al hermano Carlos Peña (Pastor de Shalom), quien dio una reflexión que se y tengo la certeza dio en el blanco de muchos corazones de personas que yo se necesitan a Dios a gritos y no lo habían reconocido hasta ese momento. Luego el Domingo, el servicio, la palabra que Dios coloco en el corazón de Joaquín dio en el blanco, solo Dios sabe los resultados. Muchos fueron tocados y lo expresaron, vi a algunos llorar, otros se acercaron a comentar de los cantos y otros le dijeron a la hermana Nerys que cuando hubiera un funeral de algún familiar de ellos la iban a invitar. Al final el sepelio en el cementerio, donde antes hubo un servicio religioso donde de una manera muy particular, el poeta Julio Sierra Domínguez, expreso unas palabras de despedida muy bellas y en donde al final dice la palabra “Semilla”. Al final creo que mi madre es eso una semilla que Dios ha sembrado y que ya al momento de escribir este testimonio se están viendo los frutos. No se cuantos serán, no se que vendrá, no alcanzo a medir lo que Dios hizo y va a hacer. Ya estando en la casa, y hablando con mi cuñado y mi hermana, ellos expresaron cosas muy dicientes para mí. Mi cuñado dijo: Ivonne tuvo un cambio, estaba diferente. Mi hermana dijo: Ella estaba feliz. Esto lo dijeron refiriéndose al último puente, es decir Domingo y Lunes festivo de la semana pasada (Antes de su muerte), donde pudieron compartir con ella todo el día y pudieron notar que no había intermitencia en su felicidad sino que esta era constante. Entendí que era Dios dándome más evidencias y muy puntuales. Lo que me dio a entender que ella le dio la oportunidad a Jesús. Al hacer un análisis de todo lo que sucedió, pienso que Dios me respondió mi oración y me confirmo la salvación de mi madre antes de su muerte, pero también pienso que la respuesta de Dios fue doble, porque lo que resplandeció, lo que brillo en su funeral fue la salvación, fue el mismo Jesús obrando en los corazones de aquellos que estuvieron presentes, fue Mi Señor mismo dando testimonio de su gracia. Les cuento que nunca asistí a un funeral como este, no se si fue porque era el de mi mama y lo otro es que si hoy lloro es de gratitud con mi Señor, por ella no, se que es doloroso separarnos de nuestros seres queridos, pero por ella estoy feliz, porque se cual fue su destino, y si en el fondo de mi corazón hay tristeza, esa tristeza es en esperanza. Termino diciendo que al escribir este testimonio omití algunos detalles a fin de no extenderme demasiado. A todos los que lean u oigan este testimonio los invito a darle una oportunidad a Jesús, El jamás los defraudara. Si ya conoces a Jesús, lo que te puedo decir es que aproveches a tus viejos, asegúrate de su destino, ora por ellos, comparte con ellos, ayuna con ellos, adora a Dios con ellos, aprovecha el tiempo que Dios te da con ellos. No dejes que el mucho trabajo y las ocupaciones te impidan estar con ellos, recuerda lo importante es la eternidad. Por ultimo, en todo este proceso que viví junto a mi Señor, recibí dos turbinas ultimo modelo para mi fe, si antes creía y estaba convencido, ahora creo por decir un numero 100 veces mas y estoy convencido 100 veces mas.