miércoles, 2 de mayo de 2012

¿La Salvación Se Pierde?

En estos días, esta pregunta ha salido a flote en muchas partes. Hay tres posturas al respecto (al menos que yo conozca). La primera es que no se pierde, o sea, una vez salvo siempre salvo. Conoces a Cristo, aceptas su salvación y aunque luego hagas lo que hagas y vivas como vivas seguirás siendo salvo. La segunda es que se pierde si algún día te apartas del Señor luego de haberlo conocido y la tercera es que la salvación no se pierde porque los únicos salvos son los que en realidad han nacido de nuevo y estos nunca se van a apartar del Señor y si algún día se apartan, de alguna manera Dios los llevara de nuevo al arrepentimiento. Apartándome de la teología quiero proponerles una reflexión desde un punto de vista sencillo. En cuanto a la primera postura, hacemos las siguientes preguntas: 1. ¿De acuerdo a lo que dicen las Escrituras podemos afirmar que una vez aceptamos al Señor, tenemos la eternidad asegurada sin importar lo que hagamos después?. 2. ¿Después de conocer a Dios y experimentar la salvación seremos capaces de apartarnos de El y vivir como queramos sin tener la conciencia de que estamos mal y de todas maneras creer que hay eternidad para nosotros?. 3. ¿Si esto es así para que vivimos apartados del pecado?. 4. ¿La historia de la Iglesia tiene algún registro de este tipo de cristianos?. En cuanto a la segunda postura formulemos las siguientes preguntas: 1. ¿Apoya la Biblia esta postura?. 2. ¿La historia de la Iglesia da alguna luz para definir si esta es la postura correcta?. En cuanto a la tercera postura, preguntémonos lo siguiente: 1. ¿La Escritura respalda esta postura?. 2. ¿Puede un nacido de nuevo apartarse del Señor?. 3. ¿Dios si se compromete a rescatarme de manera soberana (sin tener en cuenta mi voluntad y aun a costa de ella), antes de que muera en pecado?. En las posturas 1 y 3 se corre el riesgo de pensar: ¿Para que obedezco a Dios y vivo en santidad si tengo oportunidad de ser salvo después?.

Mi reflexión personal es esta: Si bien es cierto que la mayoría de nosotros llegamos a Cristo buscando la salvación, una vez entendido el evangelio y el plan de Dios, esta motivación debe pasar a ser secundaria y nuestra vida de obediencia y santidad debe estar motivada por el amor. Nuestro “Seguir a Cristo”, debe ser una respuesta al amor de Dios expresado en la cruz atraves de su Hijo. De esta manera el peligro de apartarme se disipa y la lucha por permanecer en Cristo se hace más fácil. Si mi cristianismo solo tiene como meta la salvación nos estamos perdiendo la belleza de “Disfrutar el evangelio”, “Disfrutar la vida abundante” que Dios nos ha regalado en Jesús. Si la salvación se pierde o no, para mi no es un problema. Sigo a Jesús porque lo amo en respuesta a su amor, lo sigo porque El satisface mi vida a plenitud, lo obedezco porque hizo méritos para que lo obedeciera. Este tipo de discusiones, como otras tantas, resultan inoficiosas cuando estamos enfocados en ser verdaderos discípulos. Lo amo, lo sigo, le obedezco y le sirvo como respuesta a su amor. Amor se responde con amor. Desde esta cosmovisión, la salvación es el galardón pero la vida es el disfrute de todo lo que Dios me ha dado en Jesús.

Dios les bendiga

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Amén, muy buena apreciación, yo en mi opinión personal, creo que la salvación se descuida, pues depende de nosotros el amar a Dios, así como el manifestó su amor primero por nosotros, debemos manifestarle nuestra más entero deseo de ser esclavos de Cristo y servirle por amor.

caballero del metal dijo...

Amén, muy buena apreciación, yo en mi opinión personal, creo que la salvación se descuida, pues depende de nosotros el amar a Dios, así como el manifestó su amor primero por nosotros, debemos manifestarle nuestra más entero deseo de ser esclavos de Cristo y servirle por amor.

Anónimo dijo...

Amén, muy buena apreciación, yo en mi opinión personal, creo que la salvación se descuida, pues depende de nosotros el amar a Dios, así como el manifestó su amor primero por nosotros, debemos manifestarle nuestra más entero deseo de ser esclavos de Cristo y servirle por amor.