jueves, 2 de abril de 2026

OJOS INDIFERENTES, AMOR AUSENTE 1 Juan 3:17

 INTRODUCCION

La historia que les voy a contar no es ficción. En Manrique, un barrio de Medellín, hay una esquina donde, durante años, ocurrió algo silencioso pero poderoso. Todos los días, a las 3 de la mañana, aparecían sándwiches. Envueltos en papel aluminio, colgados de un poste. Nadie sabía quién los dejaba, pero los habitantes de calle sí lo sabían: si llegabas a las 3:15, ya no había nada. Esto pasó todos los días durante seis años, de 2016 a 2022. Ni lluvia, ni Navidad, ni Año Nuevo lo detuvieron. En 2022, los sándwiches dejaron de aparecer. Y empezó a escucharse la pregunta: “¿Dónde está el man de los sándwiches?” Una trabajadora social investigó y descubrió la historia. El hombre se llamaba Hernán. Había perdido a su hijo, Sebastián, quien murió en la calle, desnutrido y solo. Hernán quedó con una idea clavada en el corazón: “Si alguien le hubiera dado comida, tal vez no habría muerto.” Dos semanas después del funeral, Hernán empezó. Cada noche preparaba ocho sándwiches, salía a las 2:45 a.m., y a las 3 en punto los dejaba en la esquina donde murió su hijo. Lo hizo durante seis años. 17,520 sándwiches. Nunca quiso conocer a quienes los comían. Decía: “Así son para quien los necesite.” Cuando la historia se conoció, 43 personas dijeron haber sobrevivido gracias a esos sándwiches.

Hoy, en esa esquina, hay una placa que dice: “Aquí, durante seis años, un padre dejó comida para hijos que no eran suyos.”. Hoy los vecinos se turnan para seguir con la tarea que Hernán inicio.

¿Cuántas vidas pueden sostenerse cuando alguien decide no cerrar el corazón?

Eso es precisamente lo que Juan plantea en este texto.

Aforismo: Ver la necesidad y no amar es el corazón cerrar.

Tres verbos dominan el texto: Tener, Ver y Cerrar. Con tres contrastes marcados. Vamos a hacer un ejercicio con tres contrastes como puntos principales del mensaje.

Tener y no dar, ver y no amar y cerrar y no abrir.

EXEGESIS

I.             Tener y no dar.

Lo primero que hay que mirar es que tener no se refiere precisamente a dinero, la palabra griega apunta a CAPACIDAD o a SER CAPAZ. En otras palabras, tú tienes muchas cosas para dar, tú eres capaz de dar, estas en la capacidad de dar. Es un tema de actitud frente al que necesita de ti. Siempre hay algo que tú puedes dar, aunque creas que no. El mensaje no solo se dirige al que tiene dinero, también se dirige al discípulo de Jesús que está en capacidad de dar cualquier otra cosa que la gente necesite que puede ser diferente al dinero. (Confesión: Siempre había pensado que bienes de este mundo se refería a cosas materiales).

Jesús lo deja claro en Mateo 25:31-46

Tuve hambre y

Tuve sed y

Fui forastero y (Lo que hizo el buen samaritano. El herido no solo necesitaba curación, necesitaba donde quedarse mientras se recuperaba)

Estuve desnudo y, Estuve enfermo y, Estuve en la cárcel y

Cuando Dios permite que veas la necesidad es porque de alguna manera estas en capacidad de hacer algo. Si no haces nada y eres indiferente frente a la situación de tu hermano entonces el amor está ausente.

Recuerda: Ver la necesidad y no amar es el corazón cerrar.

II.            Ver y no amar.

En el pensamiento del apóstol Juan, ver no solo es algo que se hace de manera natural con los ojos. Ver es:

·         Reconocer una realidad.

·         Ser consciente de una necesidad.

·         No poder decir que no hiciste nada porque no sabias.

Juan usa la palabra ver para indicar que conocemos la realidad, que somos conscientes de la necesidad y que no somos ignorantes de la situación por la que está pasando mi hermano. Indica el apóstol que ver ya me hace responsable.

Ver no es una percepción visual, es una consciencia moral. El necesitado no es cualquiera es mi hermano. (Piensa por un momento: ¿Qué significa mi hermano para mí? Ver al hermano en necesidad debería despertar el amor de manera inmediata.

Lo que Juan plantea es: El tema no es que el creyente no ame, sino que no ame después de haber visto.

El apóstol lo plantea de otra manera en 1 de Juan 4:20

Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; porque el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto. No es que sea adecuado, pero tampoco es forzado parafrasear el versículo de esta manera:

Si alguno dice: Yo amo a Dios y soy indiferente a (Mira para otro lado, se hace el tonto) las necesidades de su hermano teniendo la capacidad de ayudarlo, es decir teniendo en sus manos lo que el necesita el tal es mentiroso y el amor de Dios no está en él.

Recuerda: Ver la necesidad y no amar es el corazón cerrar.

III.          Cerrar y no abrir.

Cerrar es una acción voluntaria y consciente según el apóstol. Cerrar es algo voluntario no emocional. Es una acción deliberada y no se trata de falta de sensibilidad momentánea.

Cerrar el corazón es elegir no responder, aun cuando se sabe que se debe hacerlo. Cerrar implica resistencia al amor no ausencia de recursos. En otras palabras “Tienes como ayudar, pero no te da la gana”. En lugar de ayudar te justificas, ni te preocupas por conocer la historia del hermano.

No es que no pueda, no es que no sepa es que no quiero. Es un desafío abierto al amor. Es resistencia a amar.

El apóstol concluye: “El corazón cerrado es como una casa inhabitable para Dios”.

En la Teología de Juan Dios habita donde el corazón se abre, Dios habita donde hay comunión y esta se manifiesta en suplir la necesidad del otro por amor.

Cerrar el corazón al hermano es, cerrar el corazón a Dios. No abrir el corazón al hermano es no abrírselo a Dios.

Cerrar el corazón ante la necesidad del hermano es una decisión consciente que impide que el amor de Dios fluya de manera natural en el corazón de un cristiano.

Un corazón cerrado es un corazón ausente donde el amor de Dios no está presente.

Recuerda: Ver la necesidad y no amar es el corazón cerrar.

RESONANCIA:

·         El pensamiento equivocado de que no tenemos nada que dar.

Lo que a veces causa frustración e impotencia.

Tal vez no tengamos abundancia, pero Dios siempre nos ha dado algo: Un plato de comida, una palabra de ánimo, tiempo para escuchar, fuerzas para servir. Dios no nos pide lo que no tenemos, pero sí nos pide lo que Él ya nos ha confiado. Miremos la historia del personaje de nuestra introducción, ¿Que hizo? a. Pensar en los hijos de otros, b. Sacrificar dinero que el necesitaba, c. No le importo saber a quién ayudaba. ¿Qué dio?, Su interés por aquellos que tenían la misma situación que llevo a la muerte a su hijo, su tiempo de descanso, c. Su constancia en una lucha solitaria, el solo lo hacía. Dice la historia que con solo esas tres cosas que dio 43 personas sobrevivieron gracias a esos sanduches.

Siempre habrá algo que puedas dar.

·         El pensamiento de creer que lo que tengo para dar es insignificante frente a la necesidad.

Lo que yo tengo no ayuda, no sirve, no satisface la necesidad del otro. Le voy a decir lo siguiente:

“Lo que para usted es insignificante para otros es oro”.

Nunca olvidare cuando hace unos años venia de San Antonio de Palmito y llegue al punto donde la carretera se conecta con la vía Toluviejo – Sincelejo. Tres niños que no pasaban de los 10 años estaban echándole tierra a los huecos y pedían colaboración a los carros que pasaban. Pare y baje el vidrio y le di a uno de ellos un billete de dos mil pesos. Cuando ese niño vio ese billete en sus manos salto y soltó una palabra que no puedo repetir. Su alegría era semejante a lo que sintieron los hinchas del Junior cuando quedo campeón. Pasa en la vida. Lo que tú crees que para ti es insignificante, inútil y desechable para otros es oro. Sería bueno revisar en la casa a ver que encontramos.

·         El pensamiento de que “no es mi responsabilidad”

Muchas veces vemos la necesidad, pero la desplazamos con frases como:

·         “Alguien más lo hará”

·         “Eso le corresponde a la iglesia”

·         “Para eso están los profesionales”

·         “Yo no sé qué decir ni qué hacer”

Este pensamiento no nace de la falta de recursos, sino de la falta de involucramiento.

Juan no dice: “el que tiene bienes y sabe cómo resolver todos los problemas”,
dice: “el que tiene bienes y ve a su hermano en necesidad”.

La pregunta no es: ¿Soy el indicado? sino: ¿Soy el que está aquí, viendo esto ahora?

Cuando Dios nos permite ver una necesidad, no siempre es para que la solucionemos por completo, sino para que no cerremos el corazón. A veces Dios no nos llama a salvar, sino a acompañar; no a resolver, sino a responder.

El sacerdote y el levita vieron al herido y siguieron su camino.
El samaritano no tenía todas las respuestas, pero no cerró el corazón.

Ver y decir “no es asunto mío” es una forma elegante de cerrar.

CONCLUSION

Todo lo que hemos hablado hoy encuentra su sentido en una verdad mayor:
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito…” (Jn 3:16).

Dios no amó desde la distancia. Dios no miró la necesidad del mundo y cerró su corazón. Dios dio.

El amor de Dios no fue una emoción, fue una entrega. Cuando Dios vio nuestra condición, no dijo: “alguien más lo hará”, ni pensó que lo que tenía para dar era insignificante. Dio lo más valioso que tenía: su propio Hijo.

Por eso Juan puede confrontarnos con tanta fuerza en su carta:
si Dios dio a su Hijo por amor, ¿cómo puede el amor de Dios morar en nosotros si vemos la necesidad y cerramos el corazón? Juan 3:16 nos muestra cómo ama Dios.1 Juan 3:17 nos pregunta si ese amor vive en nosotros.

Hoy el llamado no es a tener más, sino a abrir el corazón. No a resolverlo todo, sino a no cerrar. Porque el amor que Dios nos dio, es el mismo amor que Él espera que demos.

“El amor que no se da, no se parece al amor de Dios”.

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